Cambiemos ELE

Ayer fui al encuentro propuesto por @ProfesionELE  para reflexionar sobre la situación y condiciones laborales de los profesionales de nuestro sector que, asumámoslo, en general no son buenas. Gracias a esta iniciativa descubrí algunos artículos (¡¿cómo es posible que no los hubiera leído antes?!) en los que se aborda la mercantilización de la enseñanza del español, y los discursos oficiales sobre el español en el mundo como industria y recurso económico. Muy esclarecedores ambos, porque de repente consigues entender que el hecho de que la creciente precarización y los mensajes grandilocuentes anden de la mano no es nada casual. Por una parte, lo que se ofrece a los estudiantes/clientes es el pack completo: una experiencia global, en la que el aprendizaje del español es la guinda, aunque lo importante siempre es que disfruten, que lo pasen bien, de manera completamente acrítica. Y por otra, especialmente a partir de la crisis, una forma de escapar ante la falta de empleo y oportunidades para miles de jóvenes españoles. De ahí el auge en los últimos años de los programas de formación, muchas veces dirigidos a este perfil de futuros profes de español que diría desconocen en la mayor parte de ocasiones la realidad del mundo ELE, y que no suelen permanecer demasiado en esto. Pero bueno, esa es otra historia…

La intervención de Alberto Bruzos creo que consiguió 1) poner palabras a algo que la mayoría de profes intuimos, pero difícilmente podíamos articular de manera tan clara, y 2) poner nombres y apellidos a algunos de los responsables de la situación actual. Algunos de los datos e informaciones, de hecho, levantaron murmullos en la sala. Como cuando se hizo referencia a las declaraciones de Mari Carmen Timor, presidenta de FEDELE, en el canal de Youtube de TV ProfeDeELE (2015), en las que definía bien a las claras en qué consiste en su opinión nuestra labor profesional. Y aquí copio/pego directamente del artículo de Bruzos y Méndez Marassa del que os he hablado antes, y cuya lectura os recomiendo desde ya.

“El profesor de nuestras escuelas no es un profesor de universidad o de instituto, que viene, que da una clase magistral, y punto. Es otro tipo de trabajo. Deberíamos darle incluso otro nombre, ¿no?, describirlo con más amplitud. Son profesores de español, son profesores de idioma, de cultura, teoría y pragmática, de la lengua en acción, son el nexo del estudiante con la cultura española. (…) Realmente es algo más bien turístico. Es decir, el alumno sale de la clase y quiere seguir encontrándose con el profesor en sus pequeñas experiencias en la calle. Están deseando a ver si el profesor les acompaña a visitar este museo o hacer la cena de rigor, o de tapas. Yo creo que nuestro sector de enseñanza es tan unido al turismo que deberíamos de (sic) calificarlo de otra manera. En ello estamos.”

¿Os ofende esto tanto como a mí? Pero tiene sentido, ¿verdad?. Algunas compañeras compartían experiencias muy reveladoras y comunes, por otra parte: visitas a la Alhambra como parte de las clases, salidas con los estudiantes a tomar tapas (pero ellas se pagaban sus propias tapas) o bailar flamenco, etc. Convendréis conmigo en que si se pretende que este sea nuestro único desempeño, hay una clara disonancia con la formación que se nos pide. No conozco a nadie en otros sectores que se forme tanto como nosotras, en ocasiones por encima de nuestras posibilidades y de las expectativas que se tienen sobre lo que hacemos. Y por ahí no paso, NO quiero pasar. Todos y cada uno de los cursos, másteres, etc., que he llevado a cabo me han costado muchísimo esfuerzo económico y personal. Con la sensación en los últimos años, además, de que es un viaje a ninguna parte, especialmente si lo que se espera de mí es que sea el nexo del estudiante con la cultura española. Y aquí prefiero no seguir, porque la lectura de estas palabras y el recordatorio durante la presentación de Alberto realmente me hicieron hervir la sangre, y creo que lo mismo sintieron las ochenta personas presentes el día de ayer.

También mencionó la posición hegemónica del Instituto Cervantes: deciden qué se enseña (currículo), tienen el monopolio de la certificación (examen de nacionalidad, DELE, SIELE), y ahora además ofrecen la preparación del SIELE. Y esto, compis profes, da que pensar. ¿Llegará un momento en el que competiremos con el Cervantes? Imaginad que combate más desigual, no lo quiero ni pensar.

Bueno, se presentaron también algunas alternativas. La que a mí me parece más interesante es la presentación de la Asociación Ele-UK, una asociación de profes de español en universidades y centros de formación en Reino Unido, con el objetivo de constituirse como una plataforma en la que se compartan experiencias profesionales y de investigación. Ah, la investigación, esa gran olvidada en ELE. Si tienes, como algunas compañeras comentaban ayer, jornadas que oscilan entre las 30 y las 60 horas (en serio, ¿alguien piensa que dando 35, 40, 50 o 60 horas a la semana de clases puede salir algo bueno?), ¿tienes tiempo de investigar, plantearte nuevos retos que enriquezcan las investigaciones que ya existen, y que te permitan avanzar? Pues yo diría que no…

No sé, creo que este tipo de encuentros propician siempre cosas positivas. Como poco, ha generado una discusión en Twitter, en algunos medios, y en persona ayer, sirviendo (al menos en mi caso) para sentirte menos sola. Algo hay que hacer, esto no puede quedarse aquí. No nos podemos resignar al futuro de trabajadores turísticos que pretenden imponernos. Ni a jornadas maratonianas, trabajando festivos y fines de semana. Ni a sueldos no acordes con nuestra cualificación y desempeño. Así que os dejo por aquí el documento colaborativo en el que se ha estado trabajando, para que lo podáis leer y aportéis ideas.

En fin, muchas gracias a las organizadoras por todo (la web, la organización de la jornada, la difusión…) el trabajo llevado a cabo. Es una excelente oportunidad para que trabajemos pensando en un futuro mejor, y creo que no podemos desaprovecharla.

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Lengua, poder… e identidad

El miércoles pasado, presenté junto a una compañera de la UCM una ponencia sobre la diversidad en la identidad y cultura en las redes sociales en las IV Jornadas ELE Complutense: Tendiendo nuevos puentes entre lenguas y culturas. Aoife trabajó en la primera parte el contexto comunicativo, la construcción de la identidad a partir de la pertenencia o no a determinados y qué componentes de la identidad(es) intervienen en las interacciones en línea.

En mi parte, me centré en la exposición de los casos de tres estudiantes (Corina, Somin y Sam) con los que trabajé durante la elaboración de mi tesis para mostrar cómo, a partir de 1) los papeles de Goffman de autor/a, portavoz, animador/a (no menciono en la presentación cómo codifiqué cada una de las posibilidades asociada a los diferentes papeles); 2) el concepto de modelo(s) cultutural(es) de Gee como marco de análisis, junto a los papeles, de algunas de las interacciones en línea de los estudiantes que participaron en la investigación; 3) los conceptos (también de Gee) de estudiantes colonizados (colonized), resistentes (outsiders) e iniciados (insiders). Por cierto, las traducciones son mías… En concreto quería reflexionar un poco sobre determinadas experiencias no tan agradables a las que algunos de estudiantes se enfrentan en su día a día en España (¿recordáis el final de mi entrada anterior?). Dejo por aquí la presentación que, por cierto, hice utilizando Genial.ly por primera vez y me encantó. Al principio estuve dando muchas vueltas para ver cómo podía utilizarla, qué posibilidades me ofrecía, si merecía la pena darse de alta en la cuenta para educadores (lo hice, sí), etc. Y sí la recomiendo, sobre todo porque te permite insertar todo tipo de contenido sobre la misma diapositiva, por lo que cuando estás presentando algo con varias imágenes, mensajes, etc., no necesitas utilizar tres o cuatro diapositivas diferentes, sino permanecer en la misma. Bueno, que la dejo por aquí, porque estoy súper contenta con el resultado.

 

Lengua y poder

Hace una semana y un poquito más estuve en el congreso Aesla, cuyo lema en esta edición ha sido “Lingüística aplicada y transferencia del conocimiento: empleabilidad, internalización y retos sociales”. Una de las conferencias que me pareció más interesante, y que creo que nos hizo pensar a todos los que estábamos allí, fue la de Martha Pennington sobre la pronunciación y la empleabilidad internacional (“Pronunciation and international employability”). Me llamaron mucho la atención los ejemplos que utilizó para mostrar cómo determinados acentos están asociados en la mente de los hablantes nativos con estereotipos muy concretos, o cómo en ocasiones pueden impedir o interferir con la comunicación. Precisamente, uno que conozco muy bien, el de los hongkoneses cuando hablan en inglés. Puso como ejemplo a un antiguo estudiante de Derecho de la Universidad de Hong Kong, con un máster en Derecho Internacional. A pesar de su formación, tenía dificultades para encontrar trabajo en entornos laborales con, al parecer, poca tolerancia a la diversidad de acentos, como el Reino Unido (¿en serio?!). En la actualidad parece que trabaja para un bufete internacional en Hong Kong, y viaja a menudo a Beijing sin ningún problema, con el mismo acento que le hacía ser “inempleable” en Londres. O el ejemplo de profesores de origen filipino con un nivel alto de inglés y altamente cualificados, pero cuyo acento les impedía trabajar como profesores en Hawai.

La verdad es que se habla poco de este tema en el mundo de la enseñanza de lenguas en general, y en ELE en particular. A veces salen polémicas curiosas. No sé si seguís la serie La pesteYo la he visto poquito, pero me pareció que tenía un planteamiento interesante y que merecía la pena verla. Pues bien, no todo el mundo, a pesar de las críticas positivas y el buen recibimiento estaba de acuerdo. Por lo visto no se entiende a los actores porque tienen acento andaluz, en una serie ambientada en Andalucía… El fin de semana en el que se publicó el artículo de Álex Grijelmo sobre el tema en El País, algunos compañeros colgaron la noticia en algún foro de profes en Facebook, y cuál no sería mi sorpresa cuando bastantes compañeros abogaban por realizar productos culturales (pelis, series, etc.) con un “acento neutro”. Me pregunto en qué consistirá el acento neutro al que hacían referencia, aunque entiendo que para los españoles se trata del estándar al que estamos más o menos acostumbrados en las televisiones españolas, donde los actores o presentadores (aunque esto está cambiando) enmascaran sus acentos de procedencia, y parece que todos hablan igual. No hay dejes manchegos (ej que), ni seseo, ni aspiraciones de la h…

A pesar de ser un tema tan importante y de una trascendencia enorme (trabajar o no trabajar), creo que no se le suele dar la importancia que debería tener. Es verdad que hay que promover la tolerancia y diversidad lingüística, pero tampoco estaría mal hacer partícipes a nuestros estudiantes de cómo el acento y la pronunciación puede ser una fuente de conflicto. Durante la charla, se hizo de hecho referencia cómo entre el inglés y el español hay una diferencia de frecuencia. En inglés predominan los tonos más agudos, mientras que en el español de España, son los más graves. Y esta diferencia en el tono es importante, porque los angloparlantes perciben como más educados o corteses los tonos más altos. Es decir, que no solo bastaría con aprender el vocabulario, la gramática, el acento de una lengua, sino que trabajar el tono es fundamental para parecer más natural, cortés, etc., en la lengua que estás aprendiendo.

¿Y por qué lo de “lengua y poder”? Siempre he pensado que el dominio de la lengua te hace poderoso. Desde que defendí mi tesis y abordé cómo se percibían o querían ser percibido los estudiantes de español en los textos que escribían en algunas redes sociales (Facebook e Instagram), me hice todavía más consciente de las dificultades a las que muchos de nuestros estudiantes se enfrentan. A veces no es tan sencillo. Algunos han vivido experiencias de rechazo o discriminación que pocas veces abordamos en las clases de español: por su origen, por su acento, en definitiva, por los prejuicios de la gente. Puede parecer políticamente incorrecto abordar cómo estos juicios de valor asociados al acento, la pronunciación, etc.,  existen, pero lo cierto es que tienen un impacto fuerte en el desarrollo de su vida o desempeño académico o profesional. ¿Qué pensáis vosotros?

¿Eres un robot?

Si alguien te hiciera una pregunta así, ¿qué responderías? ¿Cómo estás seguro/a de que eres una persona y no un replicante (seres que imitan a los humanos en su aspecto y comportamiento) como los de la película Blade Runner? ¿Qué características te distinguen de una máquina? Estas y otras preguntas se plantean en un juego bastante especial llamado “Yo, persona”, que se presenta como “filosofía visual para niños”. Hace meses lo vi en la librería La Central y pensé que podía ser interesante con alguno de mis grupos de niveles más altos, para trabajar la fluidez y el uso de estructuras condicionales.

La verdad es que no me rompí demasiado la cabeza y lo llevé al aula como un juego de mesa. Una de las alumnas barajó las cartas, y eligió una de las tarjetas. Las cartas tienen en una de las caras una imagen con una descripción de la situación que se presenta. Puede ser una buena manera de introducir el juego. ¿Qué es lo que ves? ¿Qué relación hay entre el texto y la imagen? Y, en el caso concreto de esta imagen,  las preguntas que surge pueden dar lugar a un debate interesante: 1) ¿qué son los autómatas?; 2) ¿es posible que un autómata adopte a un ser humano?; 3) ¿cómo interpretas las imágenes de las personas o figuras que aparecen?; 4) ¿hay algún elemento del escenario que se presenta que le llama más la atención? ¿por qué?…

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En el otro lado de la carta, hay una serie de preguntas relacionadas con el tema.

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Cada una de las alumnas, por turnos, eligió una de las tarjetas e hizo dos preguntas a dos personas diferentes de la clase, de manera que todas tuvieran la oportunidad de participar preguntando o respondiendo varias veces.

Como era la primera vez que lo usaba y a veces el grupo no habla mucho, me limité a utilizarlas para animar sus intervenciones. Pero en próximas sesiones introduciré otras de las posibilidades de las tarjetas. Bueno, la verdad es que son tan bonitas y hay tan pocas que pienso fotocopiarlas o hacerlos yo misma. Un lado de la tarjeta, como veis, está en blanco, de manera que son ellos los que tienen que crear la escena y la descripción que la acompaña. El reverso es el lugar donde escribir las preguntas.

No es un juego fácil y no lo recomendaría para niveles bajitos, pero como os digo para niveles a partir de un B1+ o un B2 funciona bien, y hace pensar bastante.

Defensa de mi tesis: Construcción de la identidad social de los estudiantes de español en espacios digitales

Ha sido un verano tan intenso de trabajo que hasta ahora no he podido escribir aquí sobre el punto final de mi tesis, la defensa. Fue un poco como la esperaba: un acto académico muy formal en el que tuve la ocasión de mostrar mi trabajo a cinco miembros de un tribunal bastante diverso. Por una parte, profesores de Filología y, por otra, expertos en análisis del discurso y antropología.

Antes de la defensa leí mucho (muchísimo) sobre qué es lo que se espera del doctorando. Esta entrada me ayudó mucho a saber exactamente los pasos que se siguen durante la exposición, porque de la parte de papeleo en mi caso apenas me ocupé yo.

Para la parte de la exposición leí en muchas entradas de blogs y artículos que fui encontrando que convenía no repetir demasiado lo que habías escrito en la tesis, pero sí respeté bastante su estructura. Es decir, 1) empezar explicando cuál era el marco teórico; 2) mostrar los objetivos; 3) explicar la metodología que había seguido; 4) mostrar de manera breve los resultados (al ser un estudio de casos de once estudiantes de español diferentes, me limité a mostrar los datos de cada apartado de una de las estudiantes que participaron); 5) terminar con las conclusiones relacionándolas con los resultados, y con investigaciones que resultarán a partir de esta tesis en el futuro.

Para el trabajo suelo utilizar en las presentaciones Power Point normal, pero si son cosas más bonitas, suelo usar Keynote, porque me gustan más las plantillas y los efectos para las estadísticas son realmente espectaculares (se van moviendo a medida que muestras datos diferentes). Y realmente es a lo que más tiempo dediqué. Hay gente que recomienda que no tengas un guión muy pautado, o que tengas claro lo que vas a decir, pero que seas capaz de improvisar o sonar más natural cuando hablas. Claro, es verdad que cuando escribes es difícil hacerlo de manera que al hablar pueda resultar académico y natural, pero… en mi caso NECESITO escribir antes de cualquier presentación. Y tenía mi guión, que no seguí completamente, pero que me sirvió para no perderme y tener clara la estructura de mi exposición.

Y ahora que soy doctora mi plan es, ahora que estoy un poco más centrada con las clases (grupos más fijos), poder sacar adelante trabajo a partir de la tesis: artículos y congresos. Creo que el tema, construcción de la identidad social en espacios digitales, y la metodología, pueden ser una novedad en el mundo de la enseñanza de las lenguas, especialmente en español como lengua extranjera.

Subo la presentación en PDF, aunque de esta manera no se pueden apreciar algunos de los datos relacionados con los diferentes papeles (identidad) de los estudiantes en Facebook e Instagram.

 

Cuando no sabes nada de los alumnos…

Me hace gracias muchas veces cuando veo en grupos de Facebook de profes o en hilos en otras redes sociales preguntas sobre qué hacer cuando no sabes nada de los alumnos que vas a tener la semana o días siguientes: edad, nacionalidad, nivel, etc. Y digo que me hace gracia, porque esa es mi experiencia general. Tienes el nombre, la edad, pero jamás conoces el nivel con exactitud. Una vez me tocó un grupo de adolescentes irlandesas a las que la coordinadora dividió en dos grupos: suficiente (las que finalmente tuve yo), y notable. No sé por qué intuí que a pesar de que habían estudiado español durante dos años su nivel era un A1 y que debíamos empezar por gustos o acciones habituales, de manera que si el nivel era más alto, podría meter contenidos un poco más complejos, y si era más bajito, pues cruzar los dedos para que al menos pudiéramos trabajar con las acciones que hacían habitualmente o lo que les gustaba hacer. Y llevar mucho material diferente (tarjetas para memory, dados para los verbos, dados de Rory, etc.) para poder “improvisar”…

En otras ocasiones las respuestas son menos frustrantes (a ver, ¿para qué existe el Marco y los descriptores si hay profes que clasifican a sus alumnas de semejante manera?), pero insuficientes. Por ejemplo, les vas a tener tres, cuatro, cinco días a lo sumo, y te piden que hablen, que hablen mucho, y que han visto hasta el Pretérito Indefinido. Sin más indicación. Casi siempre, la realidad es otra.

Así que me he dado cuenta de que, como es bastante complicado conseguir ese tipo de información antes de que comience el mini curso, lo más inteligente es plantear una primera clase ni muy fácil ni muy difícil y preguntar, de maneras diferentes, a los alumnos que conocen muy bien, así así, o quieren o creen necesitar aprender. Ya hablé en otra entrada de la actividad de pre-evaluación del semáforo (adaptada de Encina Alonso) y hasta el momento me ha funcionado muy bien.

 

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Entregas al principio de la clase a cada uno de ellos varias tarjetitas de colores, como las que tienen los semáforos, y les explicas que tienen que levantar una tarjeta de un determinado color en función de cómo se sienten ellos en relación a determinado contenido. Otra opción es entregarles postit de colores diferentes (pueden ser esos mismos colores), y pedirles que escriban y cuelguen en diferentes partes de la clase (en tres paredes diferentes, por ejemplo) 1) tres cosas que piensan que saben hacer muy bien en español; 2) tres cosas que tienen que revisar o mejorar; 3) tres cosas que quieren hacer o repasar durante los días de clase que tengamos. De esta manera, se hace evidente para ti y el resto de la clase los puntos en los que coinciden.

¿Qué hacéis vosotros en situaciones de este tipo? ¿Os ponéis tan nerviosos como yo?

Charla sobre CCSE + DELE A2

El pasado viernes participé en unas jornadas organizadas por la UCM, en concreto el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura (Español, Francés e Inglés) y Red Acoge. En mi caso, hablé de algunas de las claves relacionadas con el examen de nacionalidad (el CCSE) y el DELE A2, que en la actualidad es un requisito indispensable para todos aquellos no hispanohablantes que quieran obtener la nacionalidad española. Aunque durante la charla sí mencioné la “desconexión” que existe entre el diseño de esta prueba y el público final al que se dirige (población inmigrante, en muchos casos poco familiarizados con una situación formal de examen y una prueba tan COMPLEJA como es el DELE), en la presentación que cuelgo a continuación me limité a mostrar los aspectos técnicos: qué es, cuál es el formato, qué características tienen las tareas que lo conforman, tipo de textos, etc.

¡Tesis TERMINADA!

Pues parecía que no, pero sí, hace una semana conseguí entregar mi tesis. Aunque como todavía me queda defenderla, no siento que haya terminado del todo con esto.

A lo largo de este proceso, largo, unos cuatro años y medio, lo más difícil ha sido precisamente que no veía nunca el final. Y el hecho de vivirlo como un trabajo que tenía que hacer cuando terminaba con mis otros trabajos, que en ocasiones han sido varios al mismo tiempo. Pero sobre todo, más que la falta de tiempo, o de energía, ha sido la soledad. Es un poco difícil de explicar, porque en realidad lo único que tienes que hacer es centrarte, leer mucho al principio, acotar la investigación y ponerte a escribir. Para una persona indecisa como yo pues no ha sido tan sencillo. En cualquier caso, la presión de saber que tenía que terminar ha sido fundamental: no tenía tiempo de pensar si lo que escribía o hacía estaba bien o mal; tocaba tomar una decisión y pasar al siguiente punto, capítulo, etc. Si te encuentras ahora en el mismo momento, sintiéndote un poco fraude o fuera de lugar mi consejo es ese: toma las riendas de tu investigación, acepta que vas a sentirte triste o débil o cansado o poco motivado o lo que sea y tira para delante. TODOS, tarde o temprano, consiguen terminar, sobre todo ahora cuando no existe la posibilidad de alargar esto hasta el infinito (afortunadamente).

Si empezara de nuevo, seguramente lo primero que cambiaría sería la (poca) seguridad con la que en ocasiones he defendido mi trabajo. Me ha costado entender que no se trata más que de un trabajo (importante, vale), con el que tienes que demostrar tu capacidad investigadora. Ni más ni menos. Y cualquiera puede hacerlo en condiciones, si dedicas un mínimo de tiempo y esfuerzo. En fin, como decía solo me queda defenderla y ¡lo más importante!, darla a conocer.

¿Cómo saber lo que saben los estudiantes?

Si me habéis leído un poco sabréis que… estoy obsesionada con la evaluación. Vale, tanto como obsesionada no, pero sí me interesa mucho. Como el semestre pasado, en el curso de formación que di en la UCM puede trabajar varias sesiones sobre la importancia de la evaluación, las fases, ejercicios que podemos llevar a cabo, etc., he aprovechado algunas de las cosas que preparé con mis alumnos de español de los cursos de este verano.

Estas tres primeras las he sacado del libro de Encina Alonso, Soy profesor/a. Aprender a enseñar. Las dos primeras están  clasificadas como ejercicios de preevaluación, mientras que la segunda sería un ejercicio de intraevaluación, pero lo cierto es que creo que todas bien pueden ser utilizadas como preevaluación e intraevaluación.

  1. Semáforo. Lo que hago en este caso es mostrarlos en una diapositiva de PP lo que significa cada color, y repartirles tres tipos de pequeñas tarjetas de cartulina de color rojo, verde y amarillo. Y voy mostrando las preguntas, también en una diapositiva. Captura de pantalla 2016-08-26 a las 16.00.13.png

2. El hexágono, aunque en mi caso siempre lo he hecho como pentágono. Claro, con mis alumnos de español preparé en el PP una serie de preguntas relacionados con los contenidos que vimos durante la semana, de manera que pudiera tener una idea de las cosas que ellos consideraban hacían mejor o tenían que mejorar.

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3. ¡Pulgares arriba!

Captura de pantalla 2016-08-26 a las 16.09.30.png4. La carrera del español. Sé que la he adaptado de algún libro, pero soy incapaz de recordar ahora cuál. Suelo utilizar actividades con un poco de movimiento también para revisar el contenido y, de nuevo, tener un poco claro qué cosas son fáciles para ellos o en lo que necesito insistir más. Organizo la clase de manera que podamos tener espacio para dos sillas: en una de ellas cuelgo un cartel con la palabra verdadero” y en la otra “falso”. Les organizo en dos equipos y les digo que vamos a participar en una competición en la que tenemos que demostrar nuestros conocimientos. Les explico que voy a leer una serie de frases con explicaciones de reglas gramaticales, definiciones de palabras, vocabulario, etc., y que ellos tienen que pensar si son verdaderas o falsas. Preparo un número de frases acorde con el número de alumnos de la clase. Si son 20 por ejemplo, 10 frases para que puedan responder cada miembro del equipo. Si son menos, a lo mejor pueden responder más… Doy a cada persona de los diferentes equipos un número, de manera que salen los números uno a decidir si la frase que escuchan es, en su opinión, como digo, verdadera o falsa. La primera persona que consigue sentarse en la silla gana el punto, pero solo si sabe explicar por qué piensa que es correcta su opción. Normalmente, es el tipo de ejercicio que aprovecho para dar como premio a los vencedores algún dulce o caramelo.

5. Nos podemos sentar si… Es otro de estos ejercicios de movimiento que seguro que utilizáis también. Yo normalmente lo hago antes de comenzar una lección, para averiguar si han trabajado antes el contenido que veremos.

  • Nos podemos sentar si conocemos las formas del Pretérito Indefinido. 
  • Nos podemos sentar si conocemos cómo utilizar las formas del Pretérito Indefinido e Imperfecto en un relato.

6. Ovillo de lana. La primera vez que experimenté una actividad con un ovillo de lana fue en un encuentro de profes en un taller sobre la evaluación. Luego, con el tiempo, descubrí que es un ejercicio que se suele dar con frecuencia en el trabajo cooperativo, encaminado a promover la interacción en el aula y la expresión oral. Podemos lanzar una o varias preguntas relacionadas con el contenido que hemos visto recientemente. El alumno que empieza la conversación sostiene todo el tiempo el hilo de un ovillo de lana. Cuando cede la palabra a un compañero/a, le da también el ovillo, y así sucesivamente. La persona que habla debe aguantar siempre el ovillo, de esta manera, el hilo de lana sigue todas las intervenciones y, cuando acaba la conversación, podemos analizar cómo se ha desarrollado, quién ha intervenido más, y quién lo ha hecho menos veces, a quién se ha dirigido, etc. Me ha servido también con grupos especialmente parlanchines, poco propensos a ceder generosamente los turnos de palabras. El ovillo parecía que les dabas seguridad a los estudiantes más tímidos, y los que hablaban más si querían participar tenían que pedir la palabra y esperar a que terminara la intervención del compañero/a anterior.

7. Me gustan mucho también los de hacerles dibujar caritas ;(, sus emoticonos, elegir entre distintas pegatinas, para expresar cómo se sienten respecto a su aprendizaje y las cosas que conocen. Empecé a hacer cosas de estas cuando vi el material que sobre la evaluación proponían en Gente Joven (manuales dirigidos a adolescentes), y desde entonces los he incorporado a mi práctica.

8. Kahoot!/Quizlet. He de confesar que estoy cansada de Kahoot, y solo lo he utilizado cuatro veces. Me da la impresión de que pasado el efecto sorpresa, que pueden usar el teléfono para concursar con sus compañeros en la clase, no hay mucho más, no es una herramienta a la que se le pueda sacar mucho más provecho. Tal vez la haya cogido manía porque es de esas cosas que de repente las hace todo el mundo y parece que te va a salvar la clase. En fin, estaba pensando en eso esta semana cuando me llegó un mail de Quizlet Live, con enlaces de profes que lo usaban en la clase, y pensé que podría servir como alternativa a Kahoot. Aquí una profe de español en EE.UU. explica cómo lo usa y las posibilidades que tiene para observar el progreso de los estudiantes, aunque sí, las opciones más avanzadas son de pago.

9. Delicioso/Estoy digiriéndolo/Demasiado picante. En un curso de formación de formadores del Cervantes que hice ya hace algunos años el día final del curso nos propusieron un ejercicio de evaluación del curso que me gustó mucho. En este caso relacionaron la evaluación con la comida, y dibujaron distintas ollas en A3 colocados en distintos espacios del aula: la primera era la olla deliciosa, que teníamos que completar con las cosas que más nos habían gustado del curso; la segunda las cosas que estábamos digiriendo; y la última, la que en nuestra opinión estaba demasiado picante. Como metáfora de lo que es una clase de lenguas me encantó y la utilizo de vez en cuando en mis cursos. A veces unos días antes del final, como hicieron los tutores de mi curso, para tener una idea general de cómo se han sentido los estudiantes durante el mismo; otras, en distintos momentos, incidiendo en aquellos aspectos que les están costando más y que probablemente necesiten ser retomados en el futuro.

Sobre la evaluación…

Una vez con el curso ya sí completamente terminado (todo corregido con su correspondiente feedback enviado, notas subidas de manera provisional a la plataforma de la universidad, estudiantes avisados de los plazos de revisión) he estado pensando, de nuevo, en la importancia de la evaluación. Por lo que he visto en el departamento en el que he estado trabajando, los exámenes siguen siendo algo común. La verdad es que no estoy en contra de los exámenes, y prácticamente desde que empecé a trabajar como profesora de español he trabajado en centros en los que eran obligatorios. Sí que creo que los exámenes tienen que reflejar nuestra manera de enseñar, y si nuestras clases son comunicativas, las pruebas dirigidas a nuestros estudiantes deben serlo también. Tampoco pienso que sean la única o la mejor manera de evaluar a los estudiantes y, de hecho, en Madrid, trabajando con Erasmus, lo que he solido hacer hasta el momento ha sido evaluarles de manera continua a lo largo del trimestre a través de tareas diferentes (trabajar en un vídeo en grupos, grabar poemas, escribir ensayos…) y dejar el examen para el final, con un porcentaje similar al resto de tareas. Por una parte, es una manera de trabajar de manera continua a lo largo de estos cursos tan cortos y tan concentrados; por otra, los estudiantes tienen la posibilidad de trabajar de maneras diferentes, sin tener la presión de que al final del curso (de tres meses, recuerdo, que no es nada) tienen un examen con el que se la juegan todo. Vaya, no insisto mucho en esto, porque estoy segura de que los que trabajáis en este tipo de cursos donde los alumnos reciben una certificación lo hacéis de la misma forma.

Este semestre, sin embargo, trabajando con estudiantes nativos, tenía muchas dudas sobre cómo tenía que organizar las posibles tareas, exámenes y demás. Decidí que intentaría en ese sentido seguir más o menos lo que hacen la mayoría de profesores, así que sí, al final de curso había un examen final, que suponía el 60% de la nota final. Como los estudiantes son muy listos, en cada una de las clases, plantearon SUS dudas sobre la conveniencia de un examen teniendo en cuenta cómo se había desarrollado el curso (empezamos las clases un mes más tarde). Y sí, en ninguna de las dos hicimos un examen convencional: en la asignatura más difícil para mí, subí el porcentaje de la unidad didáctica, y el resto lo repartí entre lecturas y asistencia y participación; y en la que he podido estar más tranquila (Didáctica de la lengua no materna), el porcentaje del examen se mantuvo como al principio (50%), pero en lugar de ser yo la que diseñara el examen, fueron ellos los encargados de diseñar el examen con el que ellos querrían evaluar a sus compañeros. Nada nuevo bajo el sol, tengo a compañeras que lo hacen de manera habitual en ELE.

Como estuvimos trabajando la evaluación y su importancia como motor del aprendizaje, me parecía también buena idea que tuvieran la oportunidad de ponerse a pensar cómo querían ser evaluados, o cuál es su idea de un buen examen. También quería que reflexionaran sobre la importancia de la evaluación: el impacto que tiene sobre los estudiantes; la importancia que los profesores tenemos que dar a este aspecto. Cuelgo a continuación la descripción que tenían que hacer de su prueba, y los criterios con los que pensaba corregirlo.

Me han sorprendido varias cosas:

  1. La buena disposición de los estudiantes, que pensaban que podían aprender mucho más de esta manera que memorizando contenido. Insisto en cualquier caso, que sé que los exámenes no solo tienen que servir para que el alumno memorice contenidos, o que hay profes de todos los niveles que hacen exámenes diferentes, donde los estudiantes pueden movilizar todos sus conocimientos y creatividad. Pero me da que no es lo habitual en la universidad española.
  2. Cómo una parte de estudiantes a pesar de lo que dicen (los exámenes no deberían servir para memorizar) han planteado exámenes que sirven precisamente para eso. Creo que es normal. Si no tienes mucha experiencia tiras de lo que ya conoces, y si tu experiencia general es que te evalúen a través de exámenes en los que lo que se espera es que el estudiante fundamentalmente memorice, esa es tu idea de lo cómo será evaluar a tus estudiantes. Por otra parte, me resultaba curioso que pese a diseñar exámenes así, justificaban que uno de los criterios de evaluación para las preguntas de respuesta abierta era la originalidad, la creatividad, y algunos hasta que no copiaran palabra por palabra las palabras de la profesora (los apuntes, vaya, aunque no hayan tomado ni un solo apunte, que está todo en los Power Points). Claro, es un poco difícil atenerte a la teoría y ser creativo al mismo tiempo cuando te preguntan por el constructivismo, o sobre la diferencia entre Piaget y Vigotksy. Pero bueno, pensaba, por ahí se empieza, por esta reflexión sobre los criterios de evaluación, y la intención de querer valorar la capacidad de argumentación y justificación de sus potenciales estudiantes.
  3. Otra parte de los estudiantes, sin embargo, han querido ser mucho más creativos, a veces de manera un poco ambiciosa (actividades muy difíciles, poco contextualizadas, pidiendo a los compañeros en los que pensaban cosas que difícilmente podrían resolver…), y han salido actividades que con un poquito más de trabajo tienen mucho potencial.
  4. Me ha llamado mucho la atención también cómo algunos de ellos defendían que preferían hacer una prueba fácil, para asegurarse no solo de que todos pudieran aprobar, sino para no estresarles. Aquí sí que me he asustado un poco. Creo que la mayoría de nosotros, profes de ELE, hacemos malabares para conseguir que nuestros estudiantes disfruten en nuestras clases, que no se estresen, que participen a pesar de sus miedos a cometer errores… y para ello hacemos uso de actividades, técnicas, estrategias de enseñanza encaminadas a ello. En Madrid, aunque  los estudiantes Erasmus con los que suelo trabajar reciben créditos y una certificación de la universidad, no dejo de ser rigurosa con la evaluación, pero siento que tengo mucha más manga ancha de la que tenía en Hong Kong, por ejemplo, donde el sistema de evaluación de la curva establece de manera muy precisa el número de A+, A, B+, B, etc. Pero, en cualquier caso, creo que los estudiantes tienen que trabajar para aprender una lengua. Y los futuros maestros tienen que estudiar mucho, muchísimo, para poder enseñar a los niños lengua, matemáticas, español… No hay otra manera: aprendemos cuando trabajamos en algo, nos enfrentamos a las cosas. Y en su caso su tarea será de tal responsabilidad que pensar que no es necesario estudiar tanto me parece muy ingenuo. Claro, tendremos que pensar qué es lo que les pedimos hacer, qué tenemos en cuenta a la hora de evaluarles, cómo podemos conseguir que demuestren todo lo que saben y lo que han aprendido, pero trabajar es su responsabilidad también. En fin, en el futuro incidiré un poco más en este punto. Podemos plantearnos clases participativas, en las que los estudiantes cooperan con sus compañeros… haciéndoles conscientes de que para conseguir determinados objetivos el trabajo es importante, y ahí estamos nosotros para acompañarlos.

En fin, creo que el resultado ha sido bueno. Han trabajado más de lo que esperaba, y he podido observar que han ido incorporando muchos de los elementos que hemos visto en estos dos meses escasos. Además, he tenido la oportunidad de leer cómo justificaban sus opiniones y puntos de vista sobre el aprendizaje de una lengua, la evaluación, el papel de los exámenes, etc., algo que de otra manera me hubiera llevado más tiempo.