Trolls y Twitter

Hace unos días empecé a leer lo que le estaba pasando a Caroline Criado-Pérez, una escritora feminista británica, en Twitter. Por lo visto, solicitar al Banco de Inglaterra que mantegan en sus billetes la imagen de mujeres ilustres fue motivo suficiente como para iniciar una campaña de odio y amenazas sin control a través de Twitter. Días más tarde fueron otras dos mujeres, Stella Creasy e Yvette Cooper, las que tuvieron la mala suerte de ser el objetivo de grupos de energúmenos que, como en la anterior ocasión, inundaron su timeline con amenazas de muerte y violación. Lo más llamativo de todo esto sea probablemente la respuesta inicial de Twitter, por lo tibia e insuficiente. Afortunadamente, parece que la presión “popular” a través de las peticiones en línea para mejorar su seguridad han surtido efecto, y van a incluir un botón que sirva para denunciar directamente (en lugar de tener que rellenar un formulario) los mensajes con insultos o amenazas.

Lo cierto es que yo nunca he tenido ningún problema de este tipo en Twitter, porque el uso que hago de mi cuenta es bastante “light”. He decidido que me interesa utilizarlo como otra herramienta de mi trabajo más: para mantenerme informada de lo que hacen otros profesores, instituciones… y difundir aquellas cosas que me parecen interesantes. Vaya, nada del otro mundo. No he vivido ninguna polémica, ni recibido insultos, ni nada por el estilo. Sí he vivido de cerca el caso de una persona a la que frieron a insultos y calumnias (y hablo de mentiras graves) durante un par de semanas a través de distintas cuentas (algunas de ellas claramente FALSAS) en Twitter. Entiendo la impotencia y la frustración que supone verte atacado por defender ideas distintas a las de las personas que hacen un uso perverso de la tecnología. Por eso, no dejan de sorprenderme los comentarios jocosos o ligeros de los lectores en la noticia que sobre el caso publicó hace dos días el periódico El País, teniendo en cuenta que a cualquiera de nosotros podría sucedernos lo mismo y que, por lo tanto, cualquier medida encaminada a defender nuestra seguridad es no solo necesaria sino positiva.

Diez posibles actividades de escritura en Twitter… con estudiantes de español

Antes de nada, creo que merece la pena dedicar un tiempo a pensar cómo podemos organizar a los estudiantes y sus respectivos grupos. La opción que mencioné en la entrada anterior de GroupTweet es la más conveniente. Me pasé parte de la noche intentando ver cómo funcionaba, de manera que creé una cuenta y me añadí a mí misma y varios amigos en Twitter como miembros. Para que ellos puedan publicar y salga directamente en esa cuenta, primero tienen que seguirla y después, lo único que tienen que hacer es escribir via @nombredelacuenta + su nombre (para que sepáis quién lo envía) + su mensaje. No he probado todavía a crear grupos privados, pero también da la posibilidad de hacerlo. Lo bueno, en cualquier caso, es que abiertos o privados, podamos tener accesibles en una sola cuenta los mensajes de los estudiantes. Una vez que ya sabemos qué herramienta utilizaremos y las prestaciones que ofrece, podemos pensar en adaptar actividades de escritura para llevarlas a cabo a través de Twitter. Empecemos, pues…

1) Escribir frases a partir de una imagen. Lluvia de ideas en la que pedimos a los estudiantes que den entre 10 y quince palabras que les sugiere. Escriben frases utilizando siete de las palabras que han surgido durante la lluvia de ideas. Otra idea puede ser, tal vez para un nivel más alto, que en lugar de escribir frases con las palabras de la lluvia de ideas, lo hagan con sus sinónimos, o incluso con sus antónimos. (Adaptada de Christine Frank y Mario Rinvolucri).

2) Lluvia de ideas para repasar el vocabulario que hemos visto en la última clase, o antes de terminar, relacionadas con uno o varios campos semánticos. Se les pide que escriban una definición para alguna de las palabras que han ido saliendo. El resto tiene que adivinar de qué se trata.

3) Repaso de los tiempos verbales. Escribimos vivo, viví, vivía, he vivido, había vivido, viviré, viviría, me gustaría vivir, habría vivido… Bueno, dependerá del nivel de los estudiantes. Se les pide que continúen las frases. Esta parte está tomada tal cual de Christine Frank y Rinvolucri. Ellos después proponen intercambiar sus frases con los compañeros, que señalarán aquellas que han despertado más su interés. Claro, hay que pensar algo diferente, porque ¿cómo se las pueden intercambiar aquí? Tal vez pueda funcionar la parte del principio como actividad de precalentamiento en un grupo nuevo, que no se conoce mucho. Se les puede organizar por parejas después para que se hagan preguntas en función de la información proporcionada por las frases. Incluso pueden usar esa información para presentarlos después.

4) Cinco frases y una falsa. Esta es la típica actividad que a menudo hago para que los estudiantes conozcan un poquito más de mí. Escribo cinco frases, una de las cuáles no es verdadera. Las leen y tienen que adivinar cuál de ellas es mentira. Se les pide hacer lo mismo: escriben cinco frases en la que incluyen una con información falsa y el resto tiene que adivinar de cuál se trata.

5) Construir historias colaborativas. Esta está tomada, de nuevo, de Christine Frank y Mario Rinvolucri. Ellos la llaman “Sandwich Story Technique”. Escribimos la primera parte de la historia:

Los tres vivían juntos en el pueblo: la madre, el padre y el hijo de tres años. No eran los más pobres del pueblo. La madre no era una mujer feliz.

Se les pide que escriban tres frases negativas sobre la familia y el pueblo. Cuando han terminado, escribimos una nueva parte de la historia:

Y entonces un día, se declaró la guerra y el padre tuvo que alistarse en el ejército. ¿Qué significaba la guerra? ¿Qué le pasaría al padre?

Se les pide que escriban tres preguntas más. Cuando han terminado, dictamos la siguiente parte de la historia:

El hijo preguntaba muchas veces a su madre: ¿Dónde se ha ido papá? Pero el niño preguntaba muchas más cosas.

Se les pide que escriban dos preguntas más del niño a la madre. Continuar con la historia una vez han terminado de escribir:

Era de noche y el niño preguntó de nuevo por su padre. La madre, que estaba cerca de su cama, encendió una vela y señalando a la sombra que esta hacía, dijo: “Mira, ahí viene tu padre”.

Se les pide que escriban cinco frases en las expliquen cómo es la vida de la madre y del niño sin el padre en el pueblo. Continuar con la última parte de la historia:

El padre-soldado fue herido en la guerra. Volvió a casa, llegó hasta la ventana y vio a su hijo jugando dentro. Entró y le cogió en brazos. El niño le preguntó quién era. “Soy papá”. “Tú no eres mi papá. El siempre viene por las noches.”

Se les pide que escriban un pare de frases más, para conseguir terminar la historia. Podemos pedirles que elijan cuál creen que es el mejor final, con una encuesta por ejemplo, a través de Twtpoll. La primera parte puede desarrollarse de manera síncrona, mientras que la parte en la que deciden y votan por el mejor final, podemos dejarlo para tarea asíncrona.

6) Los lectores, los fans, los estudiantes, los seguidores… preguntan. Una de las actividades que proponía Jane Bozarth era precisamente la de organizar charlas con expertos. Esa podría ser una opción. Se me ocurre que también se podría plantear como un role-play, en el que repartimos los papeles entre los estudiantes, y se les da instrucciones para que tanto sus preguntas como sus respuestas se ajusten al personaje que se les haya asignado.

7) Aforismos, chistes, moralejas, refranes, cuentos breves-breves…

8) Speed writing. Como actividad de precalentamiento, antes de una clase, antes de un examen escrito, por ejemplo. Planteamos un tema, y decimos a los estudiantes que tienen 90 segundos para escribir lo que quieran, aunque se les pide que escriban frases completas, y no listas de palabras. Terminados los 90 segundos paramos y les pedimos que cuenten el número total de palabras que han escrito. De nuevo, planteamos un tema para que los estudiantes escriban, en este caso durante 120 segundos.

9) El libro en un tuit. Joanne Collie y Stephen Slater plantean una actividad en la que los estudiantes deben expresar su opinión sobre una obra literaria en solo 50 palabras. ¿Y por qué no en un tuit?

10) Expandiendo textos. Escribimos un verbo e invitamos a los estudiantes a escribir una, dos o tres palabras como máximo por turno. No pueden borrar nada de lo que hayan escrito los compañeros, aunque sí modificar la puntiación. Variación: se les puede permirtir que cambien el orden de las palabras escritas por los compañeros. (Adaptada de Penny Ur y Andrew Wright).


Bueno, tengo que darle una vuelta a todo esto y, claro, probarlo con mis propios estudiantes para ver si funciona y sobre todo cómo hacerlo y en qué momento plantear estas he escrito como ejemplo u otras similares.

Y cosas que se pueden hacer en Twitter con los estudiantes

Aquí sigo con mi investigación particular sobre Twitter. Ya lo he dicho, ¿verdad? Que uso mucho más Facebook y que me manejo mejor en ella, fundamentalmente porque me he pasado mucho tiempo frente al ordenador probando aplicaciones, viendo lo que funciona o no, abriendo páginas y grupos… En fin, hace un par de meses compré Social Media for Trainers: Techniques for Enhancing and Extending Learning (Essential Tools Resource). Entre unas cosas y otras, abandoné la lectura justo cuando llegué a la parte en la que explicaba algunos de los creativos usos que podemos hacer de Twitter. La verdad es que a mí me ha servido mucho para tener más claro, gracias a los ejemplos y muestras concretas, lo que yo podría hacer con mis estudiantes en las clases de español y en las sesiones de formación.

Antes de nada, yo abriría una cuenta para el grupo o curso. He estado mirando cómo funciona GroupTweet (aparece citado en el libro) y parece bastante útil, por lo que he estado probando. Permite que los miembros del grupo que organices escriban desde la misma cuenta, ver fácilmente todas las aportaciones de los compañeros y que las conversaciones estén más centralizadas (nuestro, al menos mío sí, principal temor en Twitter), facilitar la moderación, entre otras cosas. Seguro que hay más como este, claro… Una vez creada la cuenta y grupo, cito algunos ejemplos vistos en Jane Bozarth que, como os digo, han sido esclarecedores para mí:

1) Organizar sesiones de chat que tengan lugar a una hora fija, y bajo el mismo hashtag o etiqueta.

2) En lugar de hacerles presentarse en un foro, por ejemplo, pedirles que lo hagan a través de Twitter. Cuando lo he visto, he pensado inmediatamente en el tipo de actividades rompehielos que Gilly Salmon describe en E-actividades, y pienso que la mayoría de ellas podrían adaptarse para Twitter. Por ejemplo: mandar un enlace con una imagen, un vídeo, una web… que les represente y explicar brevemente por qué; ofrecer consejos sobre cómo sobrevivir a un curso en línea, de español, etc.; pedirles que se mensajeen a a través de Twitter con uno de sus compañeros, para que luego en los foros, en la clase, en una sesión grupal de chat, informen al resto sobre lo que han averiguado; ayudar a crear gracias a las contribuciones de todos los miembros las normas del grupo…

3) Organizar charlas con expertos.

4) Organizar debates. Esta me ha encantado, y creo que a mí sola no se me hubiera ocurrido. Se me ocurre que se les podría asignar papeles (unos moderan, otros toman acta de lo más importante y relevante, para ponerlo posteriormente en común) y posturas (los moderados, los que están a favor, los que están en contra).

5) Role plays.

6) Y de lo ejemplos que ella ofrece (hay más, pero he elegido los que más me gustan), termino con la famosa lluvia de ideas. Ella propone hacer un pequeña encuesta para sondear las opiniones de los estudiantes sobre algún tipo.

¿Se os ocurren más usos? Ahora mismo estoy rodeada de libros sobre escritura, dinámicas de clase, actividades para el aula… pensando cómo podría adaptarlas pensando en Twitter, así que ya tengo trabajo para los próximos días.

 

Sobre #Twittergrafía

Reconozco que lo primero que hago nada más abrir el ordenador en conectarme a FB, y que uso Twitter bastantes menos veces de lo que escribo, leo, hablo, cuelgo enlaces… a través de FB. Así que cuando llegué a la entrevista digital con Mario Tascón en El País en la que hablaba del libro que acababa de publicar, Twittergrafia. El arte de la nueva escritura, pues enseguida me lo pedí a través de Amazon. Lo cierto es que la parte dedicada a la escritura es breve y, en mi opinión, poco exhaustiva. Sí que vale como lectura para todos aquellos que quieran introducirse en Twitter, o saber todas las cosas que se pueden hacer con un tuit. En cualquier caso, merece la pena destacar algunas de las cosas que se dicen en él:

1) Twitter como creador de conversaciones (por escrito) en las que hay una gran carga de oralidad.

2) El ahorro de caracteres (solo se pueden escribir 140) como propiciador de nuevas formas de escritura: economía de letras (suelen obviarse las vocales, frente a las consonantes); uso abundantes de siglas y acrónimos; abreviaturas; símbolos que se emplean como metáforas, etc.

3) Los caracteres y construcciones específicas en Twitter: los hiperenlaces; los usos de la @; el uso de la # (almohadilla) para crear etiquetas, más conocidas como hashtags.

4) El renacimiento y desarrollo de géneros hiperbreves, como chistes, refranes, greguerías, haikus, epigramas, etc.