Reinventarse o morir

Hacía mucho que no escribía y la verdad es que tengo una razón… importante. Bueno, al menos de peso para mí. Desde hace unos meses estoy llevando a cabo un curso sobre cómo crear una empresa en EOI. Lo cierto es que jamás se me había pasado por la cabeza que yo algún día pudiera ser empresaria, ya que tampoco di nunca el paso ni siquiera de hacerme autónoma, pero las circunstancias parece que me llevaron a ello. Hace ya algo más de año y medio que volví a Madrid y si bien sabía perfectamente lo que es trabajar como profesor de español en nuestro país, me ha sorprendido la negatividad en el ambiente y las pocas perspectivas profesionales que sentimos todos ante el futuro. Es un poco raro. Antes, de mi grupo de amigos, yo era la única que sufría en silencio el peligro de precarizarme; ahora lo sufrimos todos. En fin, como en cualquier caso más que el dinero, lo que me ha preocupado siempre es poder disfrutar con el trabajo que lleve a cabo, pensé que era el momento de visualizarme haciendo esas cosas que me dan tanto miedo: 1) intentar establecerme por mi cuenta y montar el negocio, el trabajo que quiero hacer. Los últimos años he centrado mis intereses en elas nuevas tecnologías: por un lado, el uso de las redes sociales en educación, la manera en que nos relacionamos en ella, cómo están cambiando nuestros hábitos de escritura y de lectura, y por otro, la enseñanza en línea y en entornos virtuales. Creo que ese el futuro, e instituciones importantes de este país lo han entendido así también. Pienso en la UNED, la UOC, la Universidad de Granada (estoy asombrada de la cantidad de cosas que están haciendo desde el Centro de Enseñanzas Virtuales), entre otros y mi proyecto (y futura empresa) sigue esa misma línea de enseñanza y formación en línea. En estos momentos, estoy nerviosa y un poco asustada, pensando en cosas como el dinero necesario para hacerlo, con quién trabajar y colaborar, y todas esas cosas de las que nos han hablado en el curso tan difíciles de retener en la cabeza (planes financieros, plan estratégico, de implementación, comercial…), pero creo que el esfuerzo va a merecer la pena. Primero, porque esto es lo que quiero hacer, y segundo, porque llega en el momento justo para llevarlo a cabo. En fin, meses de trabajo duro por delante.

Mesa redonda en Eoi sobre lengua digital e industria

 

Ayer fui a una mesa redonda en EOI donde se hablaba precisamente de eso, de la lengua digital y, en principio, las inmensas posibilidades de negocio, de conocimiento, que un momento como este propicia. No es por nada, no suelen abundar las conferencias en las que, aunque sea de manera tímida, se nos diga a filólogos y lingüsitas que sí, que claro que se puede y debe hacer negocio con nuestros conocimientos, que los informáticos son muy buenos comunicándose con las máquinas pero que somos nosotros los que tenemos que encargarnos de estudiar, describir… la lengua. En fin, me reafirma en mi pensamiento de que tal como están las cosas si no tenemos el trabajo que queremos (porque no existe, porque no parece interesar, etc.), tendremos que crearlo nosotros.

Bueno, durante la primera parte de la charla, se abordó el paso del papel al mundo digital, ese que da tanto miedo a algunos. El ponente, José Manuel Lucía Megías, recordaba el gran salto de la oralidad a la escritura, el miedo del momento a la pérdida de interacción que se producía con el texto escrito, y cómo gracias al texto digital encontramos de nuevo elementos perdidos durante muchos siglos. En concreto, la posibilidad de rescatar la oralidad e interacción con aquellos que nos leen. Por otro lado, también se habló de las voces críticas contra la tecnología que a partir del siglo XV permitió el crecimiento y desarrollo de la industria del libro, una industria que en lo fundamental no presenta muchas diferencias con la actual. Es decir, para ambas su centro de atención es la producción de objetos, los libros, y parece que ese es el motivo por el que en general lo que se enfrenta es el mundo de los libros en papel y los dispositivos, en lugar de centrar el debate en el cambio que se está produciendo en los medios de difusión, que son muchos y muy variados. El segundo ponente, Luis González Martín, se centró más en el papel de los lectores como sujetos que realizan un ejercicio de curiosidad. Está claro que este papel no cambia, independientemente del medio que utilicemos, pero la lectura digital implica un carácter más socializador. La lectura no es tan solitaria, se comparte. El libro ya no es un objeto cerrado y casi sagrado. Los lectores no solo leen textos, sino que también deben interpretar imágenes. También hubo espacio para los profes de español. Daniel Escandell nos habló de redes sociales dedicadas a la enseñanza de lenguas (bueno, ya sabéis, Babbel, Livemocha, Babelyou…), de la integración de las nuevas tecnologías en el aula, la asencia de material en ELE que tenga en cuenta de manera consecuente los cambios que se están produciendo… Me pareció un poco difusa la intervención, pero reconozco que si te dedicas a dar clases de español, te interesan las nuevas tecnologías e investigas sobre eso, pues claro, cualquier cosa te sabrá a poco. La parte del final, sobre computación, muy interesante, aunque eran tantas las ideas que dejé de apuntar y me quedé con algo que me llamó mucho la atención y en lo que nunca había pensado: ¡la rigidez de la Wikipedia!, en el sentido de que son entradas en principio dirigidas a un mismo tipo de usuario, y en las que no se tiene en cuenta el nivel de dificultad o conocimientos del que las lee. ¿Imagináis una Wikipedia para niños?

No lo he dicho antes, pero me gustaría mencionarlo. Las personas organizadores del evento son del Molino de ideas, gente a la que creo merece seguir la pista, porque están haciendo cosas interesantes.