Charla sobre CCSE + DELE A2

El pasado viernes participé en unas jornadas organizadas por la UCM, en concreto el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura (Español, Francés e Inglés) y Red Acoge. En mi caso, hablé de algunas de las claves relacionadas con el examen de nacionalidad (el CCSE) y el DELE A2, que en la actualidad es un requisito indispensable para todos aquellos no hispanohablantes que quieran obtener la nacionalidad española. Aunque durante la charla sí mencioné la “desconexión” que existe entre el diseño de esta prueba y el público final al que se dirige (población inmigrante, en muchos casos poco familiarizados con una situación formal de examen y una prueba tan COMPLEJA como es el DELE), en la presentación que cuelgo a continuación me limité a mostrar los aspectos técnicos: qué es, cuál es el formato, qué características tienen las tareas que lo conforman, tipo de textos, etc.

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Enseñar a enseñar: mi experiencia como formadora

¡Terminé el semestre y mi sustitución (aunque me queda corregir)! Después de una contractura en el cuello, dos constipados fuertes y bastantes noches de insomnio en el espacio de dos meses, he conseguido terminar razonablemente bien, o de forma digna. Con una de las asignaturas (Didáctica de la Lengua) ha sido un trabajo tan intenso, que siento que la mayor parte del tiempo he estado sobrepasada por lo que sentía como una responsabilidad ante la que… A ver, ¿es posible preparar un curso de esas características, con lo que implica para los futuros/as maestros/as en dos semanas, e ir a matacaballo intentando terminar como sea el programa previsto? Ha servido en cualquier caso para hacerme pensar, mucho, en nuestro sistema de enseñanza, en la organización de la universidad, en los retos a los que se enfrentan los estudiantes de Magisterio, e intentar sacar el curso adelante como fuera, siendo consciente de que no, no se pueden hacer las cosas así. (Soy una débil, lo sé, pero sufro mucho trabajando así.)

Con la otra asignatura, sin embargo, aunque me he visto en la misma situación (dos semanas para preparar las clases, poco tiempo para reflexionar sobre lo que quería o podía hacer) el viaje ha sido completamente diferente. ¡Mi especialidad! Español como lengua extranjera. Creo que el programa está muy bien pensado (es obra de los profes del departamento), me recuerda bastante a las diferentes asignaturas que tuve en su momento, años ha, en el máster de la Nebrija. Hay un primer bloque en el que se analiza el marco institucional (las escuelas desde el punto de vista lingüístico, las aulas multiculturales y plurilingües) y conceptos básicos como L1, L2, LE, etc. Yo me incorporé en la última parte del bloque, en el que trabajamos con los documentos básicos relacionados con ELE (Marco, PCIC) y las instituciones (IC). A partir de ahí, un repaso rápido (una sesión) al concepto de competencia lingüística; las distintas teorías de aprendizaje y su relación con los enfoques y métodos de enseñanza; la unidad didáctica y la evaluación; y el tiempo que nos ha quedado entre fiesta y fiesta (en mayo ha habido unas cuantas), las actividades de la lengua. Pensé que lo mejor sería intentar que nuestras sesiones se parecieran, en algunos de sus puntos, a como solemos preparar nuestras clases con alumnos extranjeros. Así que había sesiones un poco más densas (con el tema de la competencia comunicativa, por ejemplo), pero siempre teniendo en cuenta que el objetivo final era conseguir una clase en la que hubiera más interacción en un grupo de estudiantes que no se conocían de nada, más participación, y que en la medida de lo posible pudiéramos llevar a cabo distintas actividades en el aula, en las que pudieran analizar material, reflexionar sobre algo que habíamos leído, interaccionar no solo entre ellos sino con el contenido que estábamos trabajando, etc.

Creo que ha sido una buena idea. Por una parte, porque no quiero diseñar clases que sean solo magistrales, no me hacen sentir a gusto, aunque a veces sean necesarias y no abomino de ellas. Pero además es que me parece un contrasentido hablar de conceptos con los que los profes de lenguas estamos más que familiarizados (trabajo cooperativo, clases interactivas y participativas, clases pensadas para cubrir los intereses y necesidades de nuestros estudiantes, por poner algunos ejemplos) y que la realidad del aula no lo refleje. Así que en general siempre empezaba con un precalentamiento con alguna actividad un poco competitiva, o un pequeño repaso que les ayudara a situarse en el contexto de la clase que íbamos a comenzar, y que pudieran ver el sentido de lo que estábamos haciendo. Las clases son tan largas, que hacia la mitad intentaba que hubiera algo un poco más liviano, que exigiera también más participación por su parte, o incluso algo de movimiento, y menos protagonismo por la mía. Y en la parte del final una actividad que cerrara lo que habíamos hecho durante la sesión. Es decir, como las clases que suelo hacer de español, aunque el contenido no tiene mucho que ver, claro.

Por otra parte, pienso que ha sido muy útil el plantear analogías con sus propias experiencias de aprendizaje de lenguas (y de otras materias), con su experiencia, escasa en la mayoría de los casos, como profes. En mi caso, siempre he pensado que hacer este tipo de reflexiones me ha ayudado a crecer como profesora. Cuando empecé a dar clases era una profesora normalita, y no ayudaba mucho el que los estudiantes me vieran mucho más joven que ellos. Pero me lo tomé muy en serio e hice un trabajo de introspección importante sobre la planificación de mis clases, lo que salía bien, lo que salía mal, lo que debía tener en cuenta para las próximas sesiones, lo que quería cambiar. Bueno, lo que sueles escribir en los diarios docentes. Al principio era muy crítica y me fustigaba demasiado, pero poco a poco aprendí a ser más objetiva, y me di cuenta de que escribir sobre mis clases me aclaraba mucho las ideas. También me ayudaba mucho analizar cómo abordaba nuevas situaciones de aprendizaje, el tipo de estudiante que era, qué hábitos o actitudes tenía. En ese momento conseguí definir cuál es el proceso que sigo cuando empiezo como estudiante cursos exigentes, o sobre los que no tengo muchos conocimientos. 1) Empiezo muy contenta porque me encanta hacer cursos, de lo que sea. 2) Me comparo con los demás. 3) Me bloqueo si veo/pienso que los demás saben mucho más que yo. 4) Etapa autocompasiva en la que pido consejo/opinión a personas en las que confío porque pienso que soy lo peor. 5) Supero el bloqueo y consigo sacar algo productivo o decente. 6) Sigo trabajando por mi cuenta, si me interesa, en ello. Y descubrí que en mis clases no todos los estudiantes se enfrentaban a aprender una nueva lengua de la misma manera: están los que se lanzan siempre, los que confían plenamente en ti y hacen todo lo que les pides, pero también los que tienen muchas dudas y miedos, los que se bloquean y son reacios a llevar a cabo según qué cosas en el aula,  etc. Así que de esta manera pude, por fin, conectar todo lo que había estudiado con mi práctica en el aula como profesora con mi visión sobre el aprendizaje y, lo que creo que es más importante, con los sentimientos de mis propios estudiantes.

¿Cosas que me hubiera gustado que salieran mejor? El uso de Moodle. Es la primera vez que lo usaba como profesora y me hubiera gustado emplear muchas de sus herramientas, y no solo como repositorio de los Power Points y lecturas del curso, por ejemplo. Más tareas pequeñitas que les pudieran ayudar a ver de manera más clara el sentido de la asignatura. Más tiempo para pensar, claro. Para pensar yo y para ellos. Pero bueno, estoy contenta con cómo ha salido el curso y con lo que hemos sacado adelante en solo dos meses. Y ahora, tesis de nuevo…

Nueva aventura profesional

El último mes (¡un mes ya!) he estado trabajando en la Facultad de Educación de la UCM, en concreto en el Departamento de Didáctica de la Lengua. Todavía estoy un poco abrumada (más de un poco, pero bueno, dejémoslo ahí) por la cantidad de trabajo que ha supuesto para mí, porque me encargo de impartir dos asignaturas que nunca había preparado antes. En concreto, Didáctica de la Lengua en Primaria, y Didáctica de la Lengua no Materna (lenguas extranjeras). La verdad es que llevo los últimos dos años con cursos un poco exigentes, bien por el nivel de los estudiantes (C1, C2) o porque me ha tocado preparar cursos específicos (historia y literatura) que no había desarrollado antes… pero casi siempre había trabajado con extranjeros, menos en las ocasiones en las que he hecho formación relacionada con redes sociales y web 2.0 (suena antiguo ahora, ¿eh?) en mi centro de trabajo. En fin, que me está tocando cambiar el chip y adaptarme a dar clases a un público completamente diferente, y adoptar un papel distinto al que suelo adoptar en las clases de español.

El problema para mí es que como esto ha sido tan imprevisto muchas veces no tengo tiempo de pensar exactamente cómo me gustaría trabajar con ellos, porque si me concentro en el contenido (y debo hacerlo), no me da tiempo material a reflexionar y tener en cuenta otros aspectos: gestión del aula, de los grupos, de las actividades que pueden hacer fuera de las sesiones, de cómo me gustaría utilizar Moodle… Sigo, al mismo tiempo, como profesora de español, así que no he dejado de pensar en este mes en lo mucho que solemos trabajar y a veces el poco rendimiento que sacamos de nuestro trabajo. En mi caso, porque muchas veces se trata de cursos que yo no he continuado o que duran poco tiempo. Llevo mal tener poco tiempo para poder reflexionar y pensar en mis clases, en ese sentido soy muy lenta y suelo darle muchas vueltas a las cosas. Y llevo peor aún sentir que los cursos podrían salir mucho mejor si las circunstancias ayudaran un poquito. Pero creo que la mayoría de los profesores nos sentimos así, y no se me ocurre nada para cambiar que a veces más que profes seamos picapedreros, que sacamos adelante cosas que ni nos hubiéramos imaginado.

En cualquier caso, aunque cansada, estoy contenta de poder hacer algo diferente y enfrentarme a un reto así, y tengo que asumir con honestidad lo que puedo o no dar de mí. Todavía estoy pensando y tengo que valorar si este es el camino que quiero seguir en el futuro, trabajar en la universidad. Por el momento me queda terminar este año mi tesis, que estará abandonada estos dos meses, porque no me queda espacio en la cabeza, y esto es literal, para pensar en ella.

Enseñar lo que preconizamos… o no

Los dos últimos meses me he tocado leer o releer algunos de los libros más relevantes en relación a la metodología y enfoques de los últimos cien años. En concreto, Approaches and Methods in Language Teaching de Richards y Rogers, La enseñanza de idiomas en los últimos cien años de Aquilino Sánchez y From Method to Postmethod de Kumaravadivelu. La verdad es que me han hecho pensar bastante en el papel que  se reserva en cada uno de los métodos y enfoques descritos a los profesores. ¿Cuántas veces habéis escuchado lo de que nos tenemos que creer lo que preconizamos? Es decir, que si defendemos los preceptos de determinado método, lo mínimo es que nos lo creamos y sigamos los principios  en los que se basa. La realidad, sin embargo, es que la mayoría de métodos y enfoques de enseñanza de lenguas parten de una serie de supuestos sobre la teoría de la lengua y del aprendizaje, así como de escuelas y enfoques psicológicos, propuestos por teóricos e investigadores de la lengua, sin contar en la mayoría de los casos con la realidad del aula, con la aportación de los profesores. Así que en ocasiones nuestro papel se limita a consumir el conocimiento que otros producen.

En este sentido la lectura de la obra de Kumaravadivelu ha sido reveladora para mí (ya, un poco tarde, era una lectura que tenía pendiente desde hacía años). Por una parte, argumenta que hemos pasado de método en método, esperando con cada uno de ellos la resolución de todos los problemas o dificultades relacionados con el proceso de enseñanza de lenguas. De manera que en lugar de proponer mejoras o quedarnos con lo que sí funciona, siempre parece que estemos buscando el nuevo grial. Por otra, argumenta que hay una serie de mitos en el ámbito de la enseñanza de lenguas que en ocasiones se han seguido de manera en ocasiones poco crítica por parte de investigadores y docentes. Lo que más me ha llamado la atención es el que diga que se ha pretendido universalizar un modelo sin tener en cuenta las diferencias locales, o los conocimientos sobre enseñanza de lenguas de comunidades educativas periféricas. ¿Os suena a los que trabajáis en contextos alejados del estándar occidental?

Lo que considero más interesante de Kumaravadivelu y Sánchez es que, a pesar de señalar  las carencias o limitaciones de los métodos, ofrezcan modelos alternativos lo suficientemente abiertos como para que los profesores, que somos en definitiva los que nos enfrentamos y lidiamos a diario con las necesidades de nuestros alumnos, sintamos la libertad para poder intervenir.

En fin, creo que estoy en un momento en el que empiezo a replantearme cómo he afrontado yo misma a lo largo de los últimos años esta dicotomía entre lo que se supone que debería hacer y lo que en realidad hago en el aula, entre lo que se supone que debo pensar y cómo me siento realmente. Así que probablemente la próxima vez que escuche lo de si enseño lo que preconizo, tendré en cuenta que no es una tarea sencilla, y que tal vez resulte imposible seguir a pies juntillas lo que determinado método o enfoque predica.

Ocho aplicaciones para crear y editar vídeos en línea

Escribo esta entrada como remate de este mes en el que he estado probando distintas aplicaciones y herramientas en gran parte por el curso que he estado haciendo con el Cervantes, y que ya termina: Diseño de material en línea para aprender españolLo que comparten todas estas herramientas son dos características básicas y diría que fundamentales: son gratuitas y disponibles para todos en la red. Hace un año o así hablaba con una futura compañera (estaba formándose para ser profe) y me comentaba que no veía la ventaja de usar cualquiera de estas aplicaciones respecto a Windows Movie Maker (que era la que ella solía usar), o iMovie, por ejemplo. Para mí lo fundamental es que como profes contemos con una batería de herramientas para usar en función de lo que queramos trabajar con los estudiantes, en línea, y que no les cueste dinero, y si encima lo pueden hacer desde su teléfono o tableta (que es lo que más usan), ¡perfecto! Claro, yo también me manejo muy bien con el iMovie, que me parece genial, pero entiendo que no todos los estudiantes lo tendrán instalado… No voy a incluir aquí aplicaciones para crear y editar vídeos con el teléfono o tableta, porque no es lo que más uso, aunque me lo apunto como asignatura pendiente para los próximos meses. Tengo amigos (profes y no profes) que trabajan habitualmente con aplicaciones como iMovie en el teléfono (sí, tienen un iPhone) o Flipagram, y los resultados son bastantes buenos.

1. Wevideo. ¿He hablado de ella antes? Pues sí, bastantes veces, porque me encanta. Es gratuita, pero como a veces pasa con estas cosas, para algunas funcionalidades necesitas hacerte una suscripción. Yo he sido suscriptora durante un par de meses (no recuerdo bien, unos 4€ al mes), fundamentalmente porque una vez creado y colgado el vídeo en su plataforma, solo podía compartirlo directamente desde ahí a Facebook o Twitter. Me di cuenta de que de esta manera el vídeo tardaba un poco en verse de manera completa, así que si quería descargarlo en mi ordenador y luego a Youtube era imprescindible. Insisto, no es necesario, pero ya sabéis, si lo queréis ver fuera de su plataforma, tendréis que pagar un poco. En cualquier caso, creo que estamos de suerte, porque ahora ofrecen que podamos probarla gratis y ver cómo funciona durante 30 días.

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Nunca la he usado nunca ni con compañeros ni con estudiantes, así que bueno, tal vez sea el momento de pensar en hacerlo aprovechando que la opción de pago en prueba nos permite incluir a otros usuarios para trabajar de manera colaborativa.

Captura de pantalla 2014-11-17 a la(s) 18.57.11Vale, ya hemos visto que la desventaja es tener que ver tus creaciones a través de su plataforma. Las ventajas, sin embargo, creo son bastantes: las plantillas son muy atractivas, y ponerte a tocar y crear tus propios vídeos es un proceso relativamente sencillo.

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Por el momento, esta es la que más me gusta y con diferencia.

2) Animoto. De las fáciles. Necesitas cuenta y, de nuevo, si quieres un vídeo de más de 30 segundos, tienes que pagar una suscripción. Solo necesitas subir fotos de tu ordenador o de algunas de tus redes, Dropbox, etc., y empezar a crear. En fin, no tiene más misterio, sobre todo si elegimos la opción gratuita, pero bien podemos usarla para crear la entradilla a una lección, sesión, una presentación visual breve sobre nosotros, etc.

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3) Magisto. Facilísima también y muy similar a la anterior. Podemos subir vídeos e imágenes, elegir entre las opciones de plantillas y, por último, la música.

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A partir de aquí, esperamos unos a que nos envíen el enlace de nuestro vídeo y, como casi siempre con estas aplicaciones, si queremos descargarlo necesitaremos una opción premium. 

4) Loopster. Esta la descubrí entre la lista de distintas aplicaciones y herramientas que probamos en el curso del Instituto Cervantes que comentaba antes. Al principio pensaba que era un poco sosa, pero lo cierto es que da lo que promete, y aunque no disponga de plantillas vistosas, permite hacer vídeos más que decentes: podemos añadir textos, audios y transiciones.

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La ventaja respecto a otras aplicaciones es que podemos publicarlo bien en Facebook o Youtube directamente, o descargarlo en nuestro ordenador, sin tener que visionarlo desde su propia plataforma. Eso sí, si queremos que su marca de agua desaparezca, hay que pagar dinero.

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5) PowToon. El formato es un híbrido entre el vídeo y una presentación un poco más tradicional. Es bastante simpática y sí, la he usado para hacer la típica presentación del curso que quieres que quede un poco diferente de las habituales. Cuenta con bastantes plantillas, de manera que la creación, edición, etc., nos resulte mucho menos pesado.

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La opción gratuita es completísima pero, eso sí, si queremos modificar el título o quitar la marca de agua no podremos hacerlo si no tenemos una suscripción. Podemos compartirla directamente en Youtube, Wistia, como una presentación o en mp4 con suscripción.

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6) Stupeflix. Bastante similar a Animoto o Magisto, aunque con algunas pocas más opciones de edición, como por ejemplo añadir transiciones entre diapositivas o textos en cada una de ellas.

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7) Wideo. Está más enfocada al mundo de los negocios, así que puede ser una buena idea usarla con nuestros estudiantes para trabajar precisamente ese tema: presentaciones comerciales, un vídeo currículum, una presentación sobre cómo funciona un producto, etc.

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Como suele ser habitual con estas aplicaciones, podemos compartirla directamente a Youtube, Facebook y Twitter, mandar el enlace o hacer embed en nuestro blog. Ahora, si queremos eliminar la línea de agua o descargarlo en mp4 necesitamos una suscripción.

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8) Moovly. Como otras de las que he hablado, podemos trabajar a partir de sus plantillas o crear nuestro vídeo de cero.

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Me recuerda a PowToon, por la cantidad de recursos con los que cuenta. Podemos subir vídeos o imágenes con los que editar y crear un nuevo recurso audiovisual, añadir música o nuestra voz, añadir transiciones, añadir y modificar textos, etc.

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A la hora de compartirlo, de nuevo, podemos hacerlo directamente en Youtube, Facebook o su propia plataforma. Y ¡hurra!, nos lo podemos descargar, como vídeo o como flash de manera gratuita.

Y lo dejo aquí por el momento. ¿Usáis alguna que pensáis debería estar en la lista y que os funciona muy bien?

Udemy vs. Schoology #cfp373-14

Puesto de esta manera, parece un estudio de la OCU, pero me gusta cuando analizo dos herramientas al mismo tiempo. Me ayuda a ver de manera más clara qué puedo hacer exactamente con cada una de ellas comparando lo que tienen unas y otras, o lo que les falta, o lo que más se adapta a lo que yo necesito. Me hubiera gustado probar otra de las herramientas que nos han comentado en el curso, Coursesites, pero no he podido crear el curso, se queda continuamente colgado y no pasa de “guardando”.Captura de pantalla 2014-11-08 a la(s) 10.02.54He probado en Chrome y Safari, así que como sí me interesa poder probarla, consultaré con el servicio técnico, pero el momento me quedo con estas dos.

Sigamos entonces. Creo que la diferencia fundamental entre Udemy y Schoology es la posibilidad de promocionar y ganar dinero con nuestro curso que ofrece la primera. Entiendo que es por ese motivo por el que la organización del curso dentro de la plataforma es diferente: en Udemy lo primero que tenemos que hacer es señalar de manera precisa los objetivos, currículo, características, etc., del curso que estamos creando. De esta manera, no somos nosotros los que terminamos por publicar el curso, sino que desde Udemy lo revisan, dan el visto bueno y nos ayudan a promocionarlo.

BLOG UDEMY

Creo que puede ser una buena opción para los que estéis/estemos pensando en dar nuestros cursos en línea, fundamentalmente porque contamos con la ayuda de una plataforma con una base amplia de usuarios a los que podemos interesar. Según la información que aparece en la plataforma podemos quedarnos con el “100% de los ingresos (menos las tasas de pago) cuando traes nuevos estudiantes a Udemy. Por cada estudiante de Udemy que compre tu curso, te quedas con 50% de los ingresos. Udemy se encarga del servicio al cliente, procesar los pagos y los cargos de hosting. Te damos acceso a nuestras herramientas de creación de cursos y la posibilidad de automáticamente tener la versión móvil de todos tus cursos sin coste añadido”. Para mí lo interesante es poder despreocuparnos de los problemas técnicos relacionados con la gestión de la plataforma, por ejemplo, aunque claro, parte de nuestros beneficios se van precisamente en eso.

Schoology creo que se parece bastante más a las plataformas con las que estamos más habituados a trabajar. Un poquito de Edmodo, otro de Moodle, algo de Blackboard… La configuración de los elementos del curso es muy sencilla. Como todas, o casi todas, estas herramientas podemos: abrir carpetas para organizar el material que vamos subiendo; crear exámenes y evaluarlos y dar las notas dentro de la plataforma (esto me gusta); añadir material extra (vídeos, pdf, documentos de word, enlaces, etc.); generar discusiones, como los foros de Moodle; entre otras cosas.

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A diferencia de Udemy, pero esto es mi opinión, creo que sería perfecta para gestionar nuestro trabajo con grupos presenciales y semipresenciales, tal vez por la pestaña de “asistencia”, aunque tampoco veo el inconveniente en usarla solo para cursos en línea.

Captura de pantalla 2014-11-11 a la(s) 13.46.37Por último, me parece una postura inteligente contar con la posibilidad de integración con otras aplicaciones externas muy populares y bastante utilizadas por los estudiantes, como Dropbox, Khan Academy, Google Drive o Evernote.

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En fin, me gusta bastante más que Edmodo, y el hecho de tener a nuestra disposición una herramienta tan versátil y gratuita es fantástico.

Ya contaréis cuál es la que os ha gustado más.

ELE para sinohablantes en #EncuentrosTodoEle

El pasado viernes participé en la mesa redonda organizada por TodoEle, en esta ocasión para charlar con otros compañeros (Ana Martínez Lara, moderadora; Arancha Pastor, Soledad Couto, Liria Chen y José Miguel Blanco) sobre cómo es eso de dar clases a estudiantes chinos, en China continental, Taiwán, Macao y Hong Kong, pero también en contextos de inmersión. Nunca había participado antes y me pareció una experiencia y un formato interesante. En fin, había pasado toda la semana “encerrada” en un hotel trabajando en un curso de inmersión con ingenieros y economistas de Ferrovial, y me pude conectar casi 15 minutos antes de empezar, y me quedé con la sensación de que podía haber dicho muchas más cosas. Y aquí voy a ser como Umbral con su libro, pero voy a enlazar uno de mis primeros blogs, al que tengo mucho cariño precisamente por eso, pero también porque estaba dedicado a hablar de lo que llevaba a cabo con los estudiantes de Hong Kong (en Hong Kong U, y también en Chinese University). Lo hago porque algunas de las ideas que van a aparecer en esta entrada están en él…

Entiendo que lo primero es hacer referencia a que China es un país enorme, con más de 1000 millones de personas, decenas de dialectos, diferentes realidades económicas y sociales, etc. Y que Taiwán, Macao y Hong Kong tienen además particularidades propias. Lo que conozco más es la realidad de Hong Kong, porque nunca he dado clases en el continente, y lo único que sé es por compañeros con los que he coincidido en cursos, congresos, etc.

Empezamos. Nunca me han parecido estudiantes diferentes de los que he tenido y con los que trabajo ahora en Madrid. Ahora, es verdad que en España es más difícil encontrarse con estudiantes que no conozcan absolutamente nada de España o del español, y allí es más normal. Su contexto cultural es diferente, y sus referentes también: Japón, Korea y, en general, los países de su entorno. Normal, ¿verdad? Por otra parte, sí creo que necesitas un poco más de tiempo, sobre todo al principio, con los niveles iniciales. La ventaja de HK es que son muy buenos aprendientes de lenguas, porque hablan como mínimo tres (cantonés, su lengua materna; mandarín e inglés. Las tres son lenguas oficiales), y a veces más. El inglés se utiliza muchas veces como lengua vehicular, y son los mismos estudiantes los que te lo van a pedir. Este verano volví para dar un curso intensivo de español en Chinese University y me volví a sorprender de nuevo. Grupo de iniciales nivel A cero, menos una chica que probablemente había estudiado algo antes (les hacen firmar un documento en el que tienen que decir si lo han hecho antes o no; algunos se meten en estos cursos de niveles más bajitos para conseguir notas muy altas y no está permitido…). En seis semanas muy intensas fueron capaces de enfrentarse a exámenes y tareas semanalmente, y a un examen oral que para mí no lo hubiera querido después de solo seis semanas de clase. En general, les costaba comunicarse de manera oral, pero de nuevo, era un triunfo pensar que pudieran hacer lo que hicieron en un tiempo récord. Eso sí, como buenos estudiantes de lenguas que son, todos venían con las respuestas más que estudiadas y preparadas, no dejaron nada a la improvisación, e intentaban meter lo que habían estudiado con calzador en todas las preguntas que se les hacían. ¿Repiten? Pues claro que sí, y en los niveles iniciales mucho. Una compañera que vino por primera vez este verano comentaba que en la presentación del curso repetían todo lo que ella decía. Es mi experiencia también en las clases de chino. ¿No he contado antes que en mis primeros seis meses, a pesar de haber estudiado chino en Madrid, mi profesora lo único que hizo fue ponerme a repetir tonos y tonos sin parar? Pues sí, se repite, y mucho, a veces hay menos espontaneidad, porque no dejan nada a la improvisación, porque quieren (y necesitan además) hacerlo bien. Ahora, jamás he conocido estudiantes tan trabajadores y comprometidos con su aprendizaje como ellos. Que haya repetición no quiere decir que no sean creativos y originales. Lo son y mucho. Con la ventaja de que son además perfeccionistas y quieren las mejores notas. Y aquí entro de lleno en algo que me preocupaba mucho cuando daba clases de manera regular allí: el sistema de evaluación. Si os pasáis por el blog que escribía en Hong Kong os daréis cuenta de que la mitad de las entradas trataban sobre eso, pero cómo no hacerlo cuando ves la influencia que tiene sobre tus estudiantes. Las notas IMPORTAN, y mucho. Estudiar allí (diría que en todo el sudeste asiático) es una competición continua que jamás termina, porque el objetivo es conseguir el mejor trabajo, el mejor sueldo. Es habitual que los estudiantes comenten cómo fue su entrevista para entrar en el equivalente a educación infantil. Sí, entrevistas a niños de tres y cuatro años. Al principio no podía entender cómo podían estar descontentos por haber sacado el equivalente a un 8 (entre B y B+, depende de los criterios de la universidad y departamentos), pero los entiendes perfectamente cuando te ves limitada por un sistema que te dice cuántas personas pueden tener una A+, una A, una B + o B (con esto no suele haber problema) o C (nadie las suele tener). Y sorprendentemente de esto no se habla cuando se aborda el aprendizaje en el sudeste de Asia.

En cuanto a la adaptación de materiales, a mí no me han parecido nada del otro mundo los que he podido ver (Anaya, Edinumen…), y  siempre que he trabajado allí lo he hecho con materiales que usaba en Europa. Este verano con Nos Vemos, de Difusión, que bueno, es verdad que al principio va un poco más lento (las tres primeras lecciones) y que además hace mucho hincapié en la pronunciación. Desconfío de las adaptaciones que consisten simplemente en la traducción de las instrucciones de las actividades. Me pregunto también si son conscientes de que en la China continental utilizan los caracteres simplificados, pero no en Hong Kong y Macao. Y que los estudiantes de Hong Kong casi que agradecerían que en el caso de estar traducidos, lo estuvieran al inglés… No sé, ¿en realidad se necesitan esas adaptaciones? ¿No se trata de exigencias o deseos editoriales (más de mil millones de potenciales compradores)? ¿O estoy muy cerril con esto?

Lo mismo pienso sobre la formación específica para los profesores que trabajan allí. ¿Son tan tan diferentes que los profesores que trabajan allí necesitan cursos y másteres antes de hacerlo? No discuto que conocer más sobre la tradición y cultura educativa es fundamental, pero también lo sería en el caso de los estudiantes de Singapur, Japón, Tailandia, etc., que con sus diferencias, tienen más cosas en común con ellos que los italianos, por ejemplo. ¿Por qué solo de chinos?

¿Qué pensáis vosotros de esto?

Probando con eXeLearning #cfp373-14

¿Qué es eXeLearning? Pues aquí, si os parece, copio y pego directamente de la página, porque está muy bien explicado. Es una herramienta de autor de código abierto para ayudar a los docentes en la creación y publicación de contenidos web. Los recursos elaborados con eXe pueden exportarse en diferentes formatos: IMS, SCORM 1.2… También como páginas web navegables.

¿Es difícil? No es nada complicada. Eso sí, antes de poneros a tocar como locos, que es lo que yo suelo hacer también, conviene echar un vistazo a la página y a los distintos tutoriales que ofrece. En cualquier caso, es más intuitiva de lo que parece.

¿Me resultará útil? Yo creo que sí, si lo que queremos es crear material diseñado para ser utilizado en línea. Me falta ver cómo quedaría integrado en una página web o LMS, pero no sé todavía como hacerlo…

¿Algún inconveniente? Necesitaría ver cómo queda, estéticamente hablando, en la página web o plataforma de destino. Para mí es una opción importante y creo que en ese sentido es tal vez un poco limitada. Por otro lado, las opciones de actividades tampoco son muy extensas, aunque bien pensadas y diseñadas creo que son capaces de dar mucho juego.

Dejo de nuevo una mini grabación a través de Jing (estoy empezando a cogerle el gusto).

EXELEARNING

Cómo hacer vídeoturiales_#cfp373-14

¡Mi primer trabajo haciendo vídeo tutoriales! Los dos ejemplos forman parte de una actividad que se nos pedía en el curso de Diseño de material en línea para aprender españolEn concreto, teníamos que crear un video tutorial sencillo utilizando imágenes, sonidos y capturas de pantalla. En mi caso, he usado dos un poco diferentes para ver cómo funcionaban y utilizarlas en el futuro. Movenote, una herramienta de Google para crear vídeos, presentaciones en línea, o tutoriales como mi ejemplo. Y Jing, para grabar el escritorio.

Son bastante diferentes y no tiene sentido compararlas, pero he de decir que Movenote me gusta mucho más. La razón por la que no la he utilizado antes con mis propios estudiantes es un poco por el pudor que me da tener que grabarme a mí misma en vídeo. En cualquier caso, es sencíllisima. Nos ofrece la posibilidad, una vez terminada la grabación de: 1) ponerla directamente en nuestra web o blog (algo que no he sabido hacer con este blog, porque WordPress es súper complicado para eso. Si alguien sabe html y me quiere ayudar se lo agradecería); 2) mandar directamente el enlace; 3) bajarla en vídeo, que es finalmente lo que yo he hecho para subirlo directamente a Youtube.

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Lo de grabar el escritorio me ha parecido mil veces más complicado. No por el hecho de hacerlo, que no tiene mucha complicación, sino por el problema con la conversión de formatos, el hecho de no poder instalar Java en mi ordenador y ponerlo en funcionamiento (tengo un Mac), etc. He visto en el foro que una compañera decía que iba a usar screencast-o-matic y, a pesar de ya tener terminado este ejemplo, pensé, lo intento de nuevo con esa herramienta. Imposible. Solo permite hacerlo con OS X 10.6 y mi versión es 10.9.5. Ah, el problema de Java va por ahí también.

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Probé desinstalando Google Chrome, pero no había manera. Además, si no usaba Google Chrome no podía usar Movenote y… Es fin de semana y creo que no debería pasarlo instalando y desinstalando programas. Vale, la conversión de formato es otra historia. En el curso nos han dado una lista amplia de programas para convertir el formato y pasarlo a mp4, por ejemplo. Imposible de nuevo. Creo que el problema es que el formato es SFW y la extensión de mi vídeo no era “.fla” (¿por qué, por qué?), así que esta tarde lo intentaremos (he tenido que involucrar a alguien en esto, visto que soy incapaz de hacerlo). Por el momento lo que sí me deja hacer es colgarlo en screencast (me he tenido que crear una cuenta), y poder copiar al final de la entrada el enlace desde dónde se puede ver.

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Ah, el final es un poco abrupto. Tienes cinco minutos para grabar, y a partir del cuatro ya empieza a ponerse el reloj en rojo. Entiendo que la versión de pago no es así. La verdad es que me planteo, una vez que tenga claro cómo cambiar el formato, sin estos quebraderos de cabeza, comprar la versión para educación (pensando en otras cosas, no solo en los video tutoriales).

 VIDEO TUTORIAL SOBRE WE VIDEO

#FlippedClassroom en #Asele 2014

El pasado jueves, participé junto con una compañera, Ana Martínez Lara, en uno de los talleres de Asele 2014, en concreto el que trataba sobre Flipped Classroom (o darle la vuelta al aula). He intentado pasar la presentación, que se hizo en Keynote a Power Point para poder colgarla en Slideshare, pero me ha dado tantos problemas con el cambio de letras, colores, posiciones… que he preferido colgarla sin más en Scribd en PDF. Al igual que el pequeño documento donde teníamos algunas de las actividades que hicimos durante el taller, con una mínima bibliografía sobre el tema (trabajo colaborativo + flipped classroom).

 

En este congreso se presentaron ¡dos comunicaciones!, aparte de nuestro taller, sobre Flipped Classroom: “El modelo Flip aplicado a la enseñanza de lenguas”, de Paloma Lapuerta, y “El papel de protagonista en el aula debe pasar del profesorado al alumnado”, de Juan Pablo Mora. El caso es que llevo desde hace bastantes meses viendo como los facebooks y twitters de otros profesores se llenan de referencias al modelo de flipped classroom, y no me sorprendió tanto ver el interés que despertaba. En nuestro caso, decidimos centrarnos por una parte en cómo la tecnología nos ayuda en este proceso (algunas de las herramientas), y por otra, cambios en la visión que se tiene tanto de los papeles de profesor y alumno, como en el uso y gestión del tiempo, recursos, dinámicas, contenidos, actividades, etc., para facilitar ese trabajo de los contenidos más “teóricos” fuera del aula, y en línea.

Herramientas colaborativas

 

Creo que para nosotros, los profes de lenguas, es una idea común: el aula es un espacio de trabajo, de experimentación, un laboratorio. Y el profesor debe facilitar el aprendizaje autónomo y en libertad de los alumnos. El pasito más allá al que debemos enfrentarnos ahora es el de derribar las paredes del aula, expandir las fronteras de las escuelas e instituciones donde impartimos nuestras clases. Yo a veces cuando leo y escucho y repito cosas así, no puedo evitar pensar que en realidad se predica a gente convencida de lo mismo que nosotros. Imagino que el problema es poder hacerlo de verdad, que se den todas las circunstancias que nos permitan llevar hasta el final y con todas las consecuencias esta metodología, que no sea un simple experimento con vídeos que envía el profesor y trabajo a través de Google Docs u otras herramientas. Es decir, que los alumnos estén convencidos y confiados en que este es uno de los posibles caminos. Y sí, que tengamos, los profesores la estabilidad y el apoyo necesario para llevar todo este trabajo adelante, que no es poco.