Mi transición: de clases presenciales a clases online

Imagino que la mayor parte de nosotros estamos en estos días igual: debido a la emergencia sanitaria causada por la propagación del coronavirus, desde el 11 de marzo se cancelaron las clases presenciales en la Comunidad de Madrid en todas las etapas educativas. Y a partir de ahí, he perdido la cuenta en estas dos semanas de todo lo que ha pasado en tan poco tiempo. Como tengo amigas en China y Hong Kong, que llevaban dando clases en línea desde finales del Año Nuevo Lunar, imaginaba que lo más probable es que al menos en Madrid esas medidas preliminares respecto a los centros educativos (cancelación durante 15 días) se iban a alargar más tiempo.

La primera semana fue un poco caótica: muchos comunicados, muchos correos… y desde el primer momento recomendando que se intentara seguir con la actividad académica de manera no presencial. Afortunadamente, hacía poco tiempo se integró en Moodle (la LSM que utilizamos) Blackboard Collaborate, y aunque en principio no tiene las mismas prestaciones que en Blackboard, funciona bastante bien. Bueno, la suerte es que en las universidades se cuenta con más recursos de este tipo y ha sido más sencillo contar con espacios para plantear la docencia online. No me quiero imaginar cómo ha podido ser para los profes de otra etapas, que tienen un porcentaje alto de alumnos sin ordenador (solo tienen teléfono) y sin wifi en casa.

En cualquier caso, creo que lo más abrumador ha sido intentar gestionar o incorporar toda la información acerca de cómo mover las clases a un entorno tan diferente. La semana pasada iba apuntando en una nota en el ordenador o el teléfono enlaces interesantes de todo lo que iban compartiendo los compañeros. Para organizar las tareas. Para investigar herramientas alternativas. Para mantener la atención de los estudiantes. Para enseñar online. Con sugerencias y recursos. En fin, os hacéis una idea porque seguro que habéis hecho lo mismo. Hasta que dije basta y me relajé. Coincido con otras compañeras en que menos es más, en general para todo, pero con esta situación, dudo que beneficie mucho a los estudiantes que les saturemos con tareas y herramientas. Tal vez en la primeros días se nos ha ido de la mano un poco todo a todos, y conviene recordar que lo prioritario en una situación así es el apoyo y los cuidados, y eso nos incluye a nosotros, los profesores. (Qué difícil, por otra parte, cuando tenemos asumido eso: que nuestra vida como profes es pasarnos festivos, fines de semana, etc., trabajando y corrigiendo).

Así que me he centrado en intentar sacar todo el partido a lo que ya tenemos disponible y en intentar hacer las sesiones a través de videoconferencia lo más interactivas posible, que no sea yo la única que se pasa 60 minutos hablando. El mismo objetivo que me planteo en las sesiones presenciales, la verdad. Después de las primeras dos clases, les mandé un cuestionario online (claro) para saber un poco más sobre ellos y organizar mejor las siguientes sesiones. Puse, teniendo en cuenta también sus observaciones, algunas reglas para seguir de manera más adecuada las siguientes sesiones: 1. quitar el micro al conectarnos, porque se acopla y produce mucha distorsión; 2. posibilidad de participar a través del chat, usando cámara y audio o solo audio (en ese caso, decir el nombre, porque con más de 50 cuesta adivinar quién está hablando); 3. indicar a través del chat las preguntas que se puedan tener y, sobre todo, cuando les mando a salas privadas para hacer alguna tarea, señalar si necesitan o no más tiempo a través de ese medio también (yo les voy poniendo mientras tanto: volvemos a la sala principal en 5m para que se vayan orientando).

Por el momento creo que han funcionado bien, porque cuento con estudiantes que PUEDEN y se quieren conectar y PARTICIPAN. Están muy preocupados por el desarrollo del curso y algo angustiados por la evaluación (¿habrá examen? ¿volveremos a clase? ¿cómo vamos a terminar el curso? y cosas así). Con la clase de Adquisición del Lenguaje hemos continuado con los cuentos en el aula de Infantil (después de trabajar una posible clasificación, y analizar cómo es la mejor manera de llevar a cabo una narración oral para niños/as de esa etapa). Pudimos, uno de los días, organizarnos en grupos a través de Collaborate y llevar a cabo un “taller de cuentos” (bueno, lo que se pudo hacer; en el Genially podéis leer un poco más): improvisando un microcuento a partir de la primera palabra que encontraron en un libro o revista; improvisando un argumento a partir de dos palabras sin relación aparente (el concepto de binomio fantástico de Rodari); improvisando un final alternativo para un cuento clásico (Cenicienta, Caperucita, Hansel y Gretel, etc.); buscando canciones para esos mismos cuentos (infantiles o no; me encantó la asociación que uno de los grupos hizo entre el cuento de Los tres cerditos y la canción “Blow” de Kesha), etc.

Con la clase de Didáctica de la Lengua en Primaria vimos una clasificación del tipo de actividades y ejercicios para trabajar la expresión e interacción oral en el aula (a partir de la que aparece en Enseñar Lengua, de Cassany, Luna y Sanz). Y como nos centramos en los juegos lingüísticos, pudimos dedicar algo de tiempo a ver cómo funcionan las Black Stories (muchas no son apropiadas para niños/as de Primaria, pero hay juegos de enigmas similares para esas edades y en todo caso siempre los pueden crear ellos) y tratar entre todos de resolver la historia.

Y los Story Cubes, que muchos no conocían: les mandé las imágenes de mis dados por la plataforma (tengo cuatro juegos de dados), les organicé en diferentes grupos y unos tenían que escribir una historia; otros tenían que dibujarla a partir de lo que habían entendido de las imágenes de sus dados; y otros explicar su historia en menos de dos minutos. Y hacer la puesta en común entre todos pasado un tiempo. Bueno, no muy diferente a lo que solemos hacer en clase, solo que comunicándonos a través de videoconferencia. Con esta misma clase, la semana antes de Semana Santa no tendré sesiones online, así que he planteado pequeñas actividades a través de Flipgrid (están configurados como privados, solo tienen acceso ellos a través de una contraseña) y un foro en el campus virtual que les permitan estos días sin clase ir trabajando por su cuenta y con otros compañeros 1. la planificación de la expresión oral, 2. la manera de evaluar y dar feedback y de corregir errores, 3. así como el análisis de manuales para poder valorar el tipo de actividades de expresión oral que se suele promover en ellos.

Lo cierto es que preferiría, por muchas razones, que volviéramos a la facultad y reanudar la actividad normal, pero me temo que el final de curso lo viviremos de esta manera. Así que mis tareas son por una parte no estresarme ni estresarles por la cantidad de trabajo, aunque es obvio que se genera mucha actividad. Es decir, no matarme a mí ni a ellos a tareas que no nos llevan a ningún sitio, más que a producir y producir sin sentido alguno. Y por otra, intentar promover más interacción y participación.

Portfolios digitales

En los dos últimos cuatrimestres he estado trabajando en la universidad, con los estudiantes de Didáctica de la Lengua en Primaria y de Adquisición y Desarrollo del Lenguaje, con portfolios digitales. Es la primera vez, curiosamente, que hago este tipo de trabajo con estudiantes nativos, porque hasta el momento solo lo había llevado a cabo con estudiantes de origen extranjero en mis clases de ELE.

En el pasado, con los estudiantes, solía usar Blogger, pero este año los estudiantes propusieron hacerlo a través de Google Sites (estaban probando la herramienta con otra asignatura) y Wix. El primer cuatrimestre la verdad es que me he limitado a ofrecerles 1. las instrucciones, 2. la rúbrica y checklist con la que ir comprobando que iban incorporando lo que se les pedía y 3. feedback por mi parte antes de la evaluación final.

En este cuatrimestre pretendo hacerlo de manera más pautada. Primero lo han creado; luego les puse como tarea presentarse (me ha llamado la atención que en este curso la mayoría ha decidido hacerlo sin imagen personal); y después les he pedido escribir los objetivos personales que persiguen con este trabajo (además de aprobar y sacar buena nota en la asignatura). Lo siguiente que haré será proporcionarles feedback usando la lista de verificación, y antes de que lo entreguen les pediré que lo hagan ellos mismos, y que esa información la incluyan en una entrada. Proporcionar feedback es lo que más trabajo me lleva, y me gustaría que pudieran ir auto-evaluándose ellos mismos a medida que estén más cómodos con la herramienta y el formato.

No he pasado ningún cuestionario (este cuatrimestre sí lo haré) para averiguar su nivel de satisfacción con el trabajo, aunque por lo que observo por sus conclusiones (tenían que completar una entrada incluyéndolas) es que en general han dedicado a esta tarea bastante tiempo y esfuerzo. Os pongo por aquí las que han escrito cinco alumnas, elegidas de los 65 estudiantes de manera aleatoria, para que os podáis hacer una idea de sus impresiones.

Reflexiones de final de curso

Creo que ya lo he contado antes, pero bueno, para contextualizar la entrada. Este año escolar he empezado a trabajar como profe en la Facultad de Educación de la UCM (como siempre, compatabilizándolo con otras actividades docentes). Durante el primer cuatrimestre impartí Didáctica de la Lengua en el Grado de Pedagogía, y este Adquisición y Desarrollo del Lenguaje, que al impartirse en el segundo cuatrimestre se plantea de manera práctica (cómo se trabaja la lengua en la Educación Infantil). La verdad es que me gustaría poder impartir de nuevo esta asignatura de Adquisición para poder profundizar un poco más en algunas de las cosas que he propuesto.

  1. Uso de algunas herramientas. Cada año suelo plantearme trabajar con alguna determinada de manera más o menos extensiva. Este año han sido tres. Por un lado, Genially, que parece que se empezó a poner de moda hace algún tiempo, ya había usado para una charla, y quería explotarla en estos meses para ver toda su potencialidad (pongo como ejemplo un repaso que hice el primer día de la asignatura, planteada como un Busca a alguien en la clase que pueda contar algo de cada uno de los elementos que aparece en la diapositiva). Por otro Padlet, en este caso para poder crear un archivo digital de manifestaciones de la literatura popular (seguíamos la clasificación de Ana Pelegrín: cuentos de fórmula, cuentos de animales y cuentos maravillosos). Es una de las actividades más productivas en los cursos de formación de futuros profes, pero… teniendo en cuenta lo corto de este cuatrimestre (empezamos tarde porque antes tenían prácticas) y la cantidad tan enorme de estudiantes en este curso, no la planteé como obligatoria sino como parte de los deberes que haríamos a lo largo del curso. Seguramente ahora, viendo cómo trabajan, el tipo de cosas que les gusta hacer y la dedicación que sí tienen a todo aquello que tenga un peso importante en su nota, el año que viene sí la replantearía. El uso de vídeos creados por ellos contando un cuento. Obviamente, como herramienta no ha supuesto ninguna novedad, pero me ha sucedido lo mismo que en el caso anterior. Les pedí, como actividad no obligatoria preparar y realizar la narración oral de una historia a partir de las siguientes instrucciones (adaptadas de una de las actividades de este manual): memorizar la historia; secuenciarla para poder recordarla mejor; trabajar los personajes(voz, expresión, etc.); memorizar las fórmulas de inicio y final, las frases mágicas; sonorizar la historia (onomatopeyas, voces, ritmo…); escenografía; grabar la actuación; compartirla con los demás y detectar los aspectos a mejorar. Y esta la hicieron tan bien que creo, de nuevo, que podría plantearla como actividad obligatoria relacionada con el desarrollo de las habilidades orales en los niños, y el uso de la literatura popular. Esta parte (las habilidades orales y la literatura popular) realmente la he disfrutado muchísimo.
  2. Las lecturas. ¿He dicho que hemos tenido apenas tres meses para trabajar la expresión y la interacción oral, y la lectura y escritura en Infantil? Había planteado dos lecturas obligatorias (sin calificación), pero por falta de tiempo y una planificación deficiente en ese sentido (se me ha echado el tiempo encima de manera literal), solo pude llevar una a cabo, planteada a modo de pecera. Posteriormente, de las preguntas con las que trabajamos, hice una selección de seis, con una como ejemplo, para que entre todos completaran las respuestas a través Google Drive (una de las mismas formará parte del examen que tenemos a finales de este mes). Estoy de acuerdo con lo que me han comentado algunas de mis compañeras este año: como futuros profes están en la obligación de leer, de estar al tanto de nuevos estudios e investigaciones. También es verdad que los cuatrimestres son tan cortos, y dan tan poco de sí, que le he dado muchas vueltas a la cantidad de trabajo que podrían asumir. En fin, deberes para el año que viene: independientemente de la cantidad de horas que tengamos, el año que viene fijaré de antemano fecha de varias lecturas obligatorias, cuyo contenido se evaluará de formas diferentes.
  3. La recogida de datos de los estudiantes. El cuatrimestre pasado preparé un cuestionario inicial; a mitad del semestre, sobre todo para que pudiera contrastar mis impresiones del curso con las suyas propias (pocos lo contestaron, la verdad); y, por último, otro como parte de la tarea asociada a una de las lecturas obligatorias (y que sí calificaba). Este cuatrimestre pensé, bueno, con el primero es suficiente, pero con 70 estudiantes en el aula, con una asistencia variable y con un grupo tan heterogéneo, me hubiera venido bien saber un poquito más de ellos.

Además de esto, he tenido que encargarme de supervisar TFG, un TFM, Prácticums de distintos años y visitas a alumnas a distintos centros. A veces ha sido un poco abrumador, son muchos estudiantes, que escriben con dudas (normal, eso lo entiendo) a menudo, y es complicado llevarlo todo al día. Por otra parte, no sé si en todas las facultades, en todas las universidades es igual, pero en esta en concreto los trabajos de TFG y prácticum están muy pautados, de manera que los estudiantes tienen la ventaja de contar con una guía en la que se enumeran paso a paso todos los elementos que tienen que incluir. La desventaja, desde mi punto de vista, es que puede limitar su autonomía o la capacidad de tomar decisiones sobre qué quieren ellos incluir. Por ejemplo, en uno de los Prácticum se les pide elaborar su propio portafolio, que yo siempre he entendido como un documento eminentemente personal; en este caso, como digo, muchas de las preguntas que recibía por parte de los estudiantes estaban relacionadas con el tipo de información que podían incluir y dónde colocarla. En cualquier caso, este año también he descubierto que en general esperan muchas instrucciones y que se pueden sentir perdidos si no las tienen…

Y ahora realmente quiero terminar, poder corregir todo a tiempo para la firma de actas, y descansar un poco de la dinámica de clases. Afortunadamente, este es el primer verano desde hace unos cuantos que tengo vacaciones de profe, mes y medio más o menos. Con la obligación de hacer otras cosas, pero al menos sin clases.

#AprendeMooc_primeras actividades

Viva el multitasking

Estas semanas voy a participar en el Mooc Aprender a aprender, organizado por Intef. Como parte de las primeras tareas tenemos que crear un avatar, y he decidido utilizar la imagen que una de mis amigas, también profe, Celia Carracedo hizo de mí hace un tiempo. Creo que todos los profes tenemos la necesidad constante de hacer cosas (cursos, talleres, etc.) y de aprender. La razón para hacer este curso en concreto es que me encuentro en un momento de cambio profesional (imparto asignaturas nuevas, un poco diferente a lo que he hecho hasta el momento, y con alumnos diferentes también), a veces con muchas dudas sobre lo que hago. Me gustaría poder parar un poco, como he hecho en otras ocasiones, y reflexionar sobre mis necesidades formativas y la manera en la que puedo abordar esta nueva etapa profesional.

¿cómo quiero aprender?

Comparte en esta primera entrada relacionada con el curso una infografía muy simple creada con Canva en la que dejo constancia de algunas de las preguntas iniciales sobre las que nos han pedido que reflexionemos esta semana. En concreto:

  • ¿cómo quiero aprender?
  • ¿con quién quiero aprender?
  • ¿cuándo quiero aprender?
  • ¿cuánto tiempo voy a dedicar a aprender?

Por cierto, he decidido utilizar el blog que hace años abrí para reflexionar sobre mi práctica docente porque este tipo de actividades son las que suelo hacer en él desde que lo abrí. Y también porque me siento más cómoda escribiendo aquí, que haciéndolo en un nuevo espacio que seguramente no volveré a utilizar más.

Nueva etapa como profe

El año 2018 fue una época de cambio. Para empezar, dejé mi trabajo de ELE de los últimos años y empecé a trabajar como profe asociada en la Facultad de Educación de la UCM, impartiendo las asignaturas de Didáctica de la Lengua (para estudiantes de Pedagogía) y en este cuatrimestre Adquisición y Desarrollo del Lenguaje (para estudiantes del Grado de Infantil). Como profesora siempre tengo muchas dudas sobre lo que hago. Dedico mucho tiempo a pensar las clases, las tareas, lo que vamos a hacer… Creo que son actividades necesarias, pero extenuantes, especialmente cuando te encuentras estudiantes tan distintos a los que estás acostumbrada, con necesidades y exigencias diferentes. En cualquier caso, creo que la experiencia ha sido razonablemente positiva.

Hay dos libros que conservo como biblias y que me han ayudado bastante a la hora de tener ideas. El primero es Técnicas de aprendizaje colaborativoen el que se dan ejemplos y sugerencias sobre la formación de grupos, maneras de evaluar y calificar la participación y el trabajo de los estudiantes, etc. El segundo The Strategic Teacher. Selecting the Right Research-Based Strategy for Every LessonEste es un poco más diferente, porque está organizado en torno a cuatro modelos o maneras de organización del aprendizaje: mastery (desarrollo de la memoria); understanding (desarrollo de la capacidad de razonar y explicar); self-expressive style (estimulación de la imaginación y creatividad); Interpersonal style (desarrollo del sentido del espíritu de equipo y de unidad).

Me preocupaba mucho, además del contenido (que por supuesto es lo más importante), pensar en clases magistrales en las que pudiera 1) conectar lo que ya sabían con lo que aprendíamos; 2) diseñar actividades que captaran el interés y la motivación de los estudiantes respecto al contenido; 3) ayudar a los estudiantes a procesar e integrar todo el caudal de nueva información; 4) reflexionar sobre su aprendizaje. El segundo punto diría que ha sido el más complicado, sobre todo si tengo en cuenta que los estudiantes a los iba dirigida la asignatura (Didáctica de la Lengua para alumnos de Pedagogía), tenían más o menos claro que jamás iban a pisar un aula para dar clases de lengua…

Este cuatrimestre que empieza tendré un curso con algo más de 70 alumnos, la primera vez en mi vida que tengo un grupo tan numeroso, por lo que con lo que menciono en el párrafo anterior, tendré que darle muchas vueltas a la cabeza acerca de cómo organizarles en el aula. Afortunadamente, uno de los días puedo dividirles, e impartir la misma clase pero en horas diferentes (lo llaman desdoble). Y en esas estoy por el momento, preparando nuevas clases, y supervisando varios TFG, y un TFM, y prácticums… esas cosillas que haces además de preparar las clases.

Cómo hacer un buen TFM en enseñanza del español como lengua extranjera

Esta semana, después de algunos meses de espera, se ha publicado el libro en el que Isabel Santos Gargallo y yo estuvimos trabajando durante el año pasado. En concreto, una publicación destinada a los estudiantes inmersos en la planificación de su TFM en Lingüística Aplicada.

La verdad es que fueron meses bastante intensos que, con la entrega y defensa de mi tesis todavía muy reciente, me hicieron reflexionar sobre algunos de los aspectos previos a la redacción misma del trabajo de investigación que facilitan mucho la tarea: la elección del tema de investigación y la posterior revisión bibliográfica; la formulación de los objetivos; el uso de gestores bibliográficos para el manejo de las citas y referencias (¡fundamentales en trabajos de estas características!); etc.  Así que espero que facilite el trabajo a los estudiantes y profes que estén pensando en cómo empezar su TFM o dirigir el de sus alumnos.

Como es mi primera publicación, ha sido una suerte contar con la experiencia de Isabel en todo este proceso: realmente sin ella esto no hubiera sido posible. Captura de pantalla 2018-11-24 a las 9.57.16

Lengua y poder

Hace una semana y un poquito más estuve en el congreso Aesla, cuyo lema en esta edición ha sido “Lingüística aplicada y transferencia del conocimiento: empleabilidad, internalización y retos sociales”. Una de las conferencias que me pareció más interesante, y que creo que nos hizo pensar a todos los que estábamos allí, fue la de Martha Pennington sobre la pronunciación y la empleabilidad internacional (“Pronunciation and international employability”). Me llamaron mucho la atención los ejemplos que utilizó para mostrar cómo determinados acentos están asociados en la mente de los hablantes nativos con estereotipos muy concretos, o cómo en ocasiones pueden impedir o interferir con la comunicación. Precisamente, uno que conozco muy bien, el de los hongkoneses cuando hablan en inglés. Puso como ejemplo a un antiguo estudiante de Derecho de la Universidad de Hong Kong, con un máster en Derecho Internacional. A pesar de su formación, tenía dificultades para encontrar trabajo en entornos laborales con, al parecer, poca tolerancia a la diversidad de acentos, como el Reino Unido (¿en serio?!). En la actualidad parece que trabaja para un bufete internacional en Hong Kong, y viaja a menudo a Beijing sin ningún problema, con el mismo acento que le hacía ser “inempleable” en Londres. O el ejemplo de profesores de origen filipino con un nivel alto de inglés y altamente cualificados, pero cuyo acento les impedía trabajar como profesores en Hawai.

La verdad es que se habla poco de este tema en el mundo de la enseñanza de lenguas en general, y en ELE en particular. A veces salen polémicas curiosas. No sé si seguís la serie La pesteYo la he visto poquito, pero me pareció que tenía un planteamiento interesante y que merecía la pena verla. Pues bien, no todo el mundo, a pesar de las críticas positivas y el buen recibimiento estaba de acuerdo. Por lo visto no se entiende a los actores porque tienen acento andaluz, en una serie ambientada en Andalucía… El fin de semana en el que se publicó el artículo de Álex Grijelmo sobre el tema en El País, algunos compañeros colgaron la noticia en algún foro de profes en Facebook, y cuál no sería mi sorpresa cuando bastantes compañeros abogaban por realizar productos culturales (pelis, series, etc.) con un “acento neutro”. Me pregunto en qué consistirá el acento neutro al que hacían referencia, aunque entiendo que para los españoles se trata del estándar al que estamos más o menos acostumbrados en las televisiones españolas, donde los actores o presentadores (aunque esto está cambiando) enmascaran sus acentos de procedencia, y parece que todos hablan igual. No hay dejes manchegos (ej que), ni seseo, ni aspiraciones de la h…

A pesar de ser un tema tan importante y de una trascendencia enorme (trabajar o no trabajar), creo que no se le suele dar la importancia que debería tener. Es verdad que hay que promover la tolerancia y diversidad lingüística, pero tampoco estaría mal hacer partícipes a nuestros estudiantes de cómo el acento y la pronunciación puede ser una fuente de conflicto. Durante la charla, se hizo de hecho referencia cómo entre el inglés y el español hay una diferencia de frecuencia. En inglés predominan los tonos más agudos, mientras que en el español de España, son los más graves. Y esta diferencia en el tono es importante, porque los angloparlantes perciben como más educados o corteses los tonos más altos. Es decir, que no solo bastaría con aprender el vocabulario, la gramática, el acento de una lengua, sino que trabajar el tono es fundamental para parecer más natural, cortés, etc., en la lengua que estás aprendiendo.

¿Y por qué lo de “lengua y poder”? Siempre he pensado que el dominio de la lengua te hace poderoso. Desde que defendí mi tesis y abordé cómo se percibían o querían ser percibido los estudiantes de español en los textos que escribían en algunas redes sociales (Facebook e Instagram), me hice todavía más consciente de las dificultades a las que muchos de nuestros estudiantes se enfrentan. A veces no es tan sencillo. Algunos han vivido experiencias de rechazo o discriminación que pocas veces abordamos en las clases de español: por su origen, por su acento, en definitiva, por los prejuicios de la gente. Puede parecer políticamente incorrecto abordar cómo estos juicios de valor asociados al acento, la pronunciación, etc.,  existen, pero lo cierto es que tienen un impacto fuerte en el desarrollo de su vida o desempeño académico o profesional. ¿Qué pensáis vosotros?

Charla sobre CCSE + DELE A2

El pasado viernes participé en unas jornadas organizadas por la UCM, en concreto el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura (Español, Francés e Inglés) y Red Acoge. En mi caso, hablé de algunas de las claves relacionadas con el examen de nacionalidad (el CCSE) y el DELE A2, que en la actualidad es un requisito indispensable para todos aquellos no hispanohablantes que quieran obtener la nacionalidad española. Aunque durante la charla sí mencioné la “desconexión” que existe entre el diseño de esta prueba y el público final al que se dirige (población inmigrante, en muchos casos poco familiarizados con una situación formal de examen y una prueba tan COMPLEJA como es el DELE), en la presentación que cuelgo a continuación me limité a mostrar los aspectos técnicos: qué es, cuál es el formato, qué características tienen las tareas que lo conforman, tipo de textos, etc.

Enseñar a enseñar: mi experiencia como formadora

¡Terminé el semestre y mi sustitución (aunque me queda corregir)! Después de una contractura en el cuello, dos constipados fuertes y bastantes noches de insomnio en el espacio de dos meses, he conseguido terminar razonablemente bien, o de forma digna. Con una de las asignaturas (Didáctica de la Lengua) ha sido un trabajo tan intenso, que siento que la mayor parte del tiempo he estado sobrepasada por lo que sentía como una responsabilidad ante la que… A ver, ¿es posible preparar un curso de esas características, con lo que implica para los futuros/as maestros/as en dos semanas, e ir a matacaballo intentando terminar como sea el programa previsto? Ha servido en cualquier caso para hacerme pensar, mucho, en nuestro sistema de enseñanza, en la organización de la universidad, en los retos a los que se enfrentan los estudiantes de Magisterio, e intentar sacar el curso adelante como fuera, siendo consciente de que no, no se pueden hacer las cosas así. (Soy una débil, lo sé, pero sufro mucho trabajando así.)

Con la otra asignatura, sin embargo, aunque me he visto en la misma situación (dos semanas para preparar las clases, poco tiempo para reflexionar sobre lo que quería o podía hacer) el viaje ha sido completamente diferente. ¡Mi especialidad! Español como lengua extranjera. Creo que el programa está muy bien pensado (es obra de los profes del departamento), me recuerda bastante a las diferentes asignaturas que tuve en su momento, años ha, en el máster de la Nebrija. Hay un primer bloque en el que se analiza el marco institucional (las escuelas desde el punto de vista lingüístico, las aulas multiculturales y plurilingües) y conceptos básicos como L1, L2, LE, etc. Yo me incorporé en la última parte del bloque, en el que trabajamos con los documentos básicos relacionados con ELE (Marco, PCIC) y las instituciones (IC). A partir de ahí, un repaso rápido (una sesión) al concepto de competencia lingüística; las distintas teorías de aprendizaje y su relación con los enfoques y métodos de enseñanza; la unidad didáctica y la evaluación; y el tiempo que nos ha quedado entre fiesta y fiesta (en mayo ha habido unas cuantas), las actividades de la lengua. Pensé que lo mejor sería intentar que nuestras sesiones se parecieran, en algunos de sus puntos, a como solemos preparar nuestras clases con alumnos extranjeros. Así que había sesiones un poco más densas (con el tema de la competencia comunicativa, por ejemplo), pero siempre teniendo en cuenta que el objetivo final era conseguir una clase en la que hubiera más interacción en un grupo de estudiantes que no se conocían de nada, más participación, y que en la medida de lo posible pudiéramos llevar a cabo distintas actividades en el aula, en las que pudieran analizar material, reflexionar sobre algo que habíamos leído, interaccionar no solo entre ellos sino con el contenido que estábamos trabajando, etc.

Creo que ha sido una buena idea. Por una parte, porque no quiero diseñar clases que sean solo magistrales, no me hacen sentir a gusto, aunque a veces sean necesarias y no abomino de ellas. Pero además es que me parece un contrasentido hablar de conceptos con los que los profes de lenguas estamos más que familiarizados (trabajo cooperativo, clases interactivas y participativas, clases pensadas para cubrir los intereses y necesidades de nuestros estudiantes, por poner algunos ejemplos) y que la realidad del aula no lo refleje. Así que en general siempre empezaba con un precalentamiento con alguna actividad un poco competitiva, o un pequeño repaso que les ayudara a situarse en el contexto de la clase que íbamos a comenzar, y que pudieran ver el sentido de lo que estábamos haciendo. Las clases son tan largas, que hacia la mitad intentaba que hubiera algo un poco más liviano, que exigiera también más participación por su parte, o incluso algo de movimiento, y menos protagonismo por la mía. Y en la parte del final una actividad que cerrara lo que habíamos hecho durante la sesión. Es decir, como las clases que suelo hacer de español, aunque el contenido no tiene mucho que ver, claro.

Por otra parte, pienso que ha sido muy útil el plantear analogías con sus propias experiencias de aprendizaje de lenguas (y de otras materias), con su experiencia, escasa en la mayoría de los casos, como profes. En mi caso, siempre he pensado que hacer este tipo de reflexiones me ha ayudado a crecer como profesora. Cuando empecé a dar clases era una profesora normalita, y no ayudaba mucho el que los estudiantes me vieran mucho más joven que ellos. Pero me lo tomé muy en serio e hice un trabajo de introspección importante sobre la planificación de mis clases, lo que salía bien, lo que salía mal, lo que debía tener en cuenta para las próximas sesiones, lo que quería cambiar. Bueno, lo que sueles escribir en los diarios docentes. Al principio era muy crítica y me fustigaba demasiado, pero poco a poco aprendí a ser más objetiva, y me di cuenta de que escribir sobre mis clases me aclaraba mucho las ideas. También me ayudaba mucho analizar cómo abordaba nuevas situaciones de aprendizaje, el tipo de estudiante que era, qué hábitos o actitudes tenía. En ese momento conseguí definir cuál es el proceso que sigo cuando empiezo como estudiante cursos exigentes, o sobre los que no tengo muchos conocimientos. 1) Empiezo muy contenta porque me encanta hacer cursos, de lo que sea. 2) Me comparo con los demás. 3) Me bloqueo si veo/pienso que los demás saben mucho más que yo. 4) Etapa autocompasiva en la que pido consejo/opinión a personas en las que confío porque pienso que soy lo peor. 5) Supero el bloqueo y consigo sacar algo productivo o decente. 6) Sigo trabajando por mi cuenta, si me interesa, en ello. Y descubrí que en mis clases no todos los estudiantes se enfrentaban a aprender una nueva lengua de la misma manera: están los que se lanzan siempre, los que confían plenamente en ti y hacen todo lo que les pides, pero también los que tienen muchas dudas y miedos, los que se bloquean y son reacios a llevar a cabo según qué cosas en el aula,  etc. Así que de esta manera pude, por fin, conectar todo lo que había estudiado con mi práctica en el aula como profesora con mi visión sobre el aprendizaje y, lo que creo que es más importante, con los sentimientos de mis propios estudiantes.

¿Cosas que me hubiera gustado que salieran mejor? El uso de Moodle. Es la primera vez que lo usaba como profesora y me hubiera gustado emplear muchas de sus herramientas, y no solo como repositorio de los Power Points y lecturas del curso, por ejemplo. Más tareas pequeñitas que les pudieran ayudar a ver de manera más clara el sentido de la asignatura. Más tiempo para pensar, claro. Para pensar yo y para ellos. Pero bueno, estoy contenta con cómo ha salido el curso y con lo que hemos sacado adelante en solo dos meses. Y ahora, tesis de nuevo…

Nueva aventura profesional

El último mes (¡un mes ya!) he estado trabajando en la Facultad de Educación de la UCM, en concreto en el Departamento de Didáctica de la Lengua. Todavía estoy un poco abrumada (más de un poco, pero bueno, dejémoslo ahí) por la cantidad de trabajo que ha supuesto para mí, porque me encargo de impartir dos asignaturas que nunca había preparado antes. En concreto, Didáctica de la Lengua en Primaria, y Didáctica de la Lengua no Materna (lenguas extranjeras). La verdad es que llevo los últimos dos años con cursos un poco exigentes, bien por el nivel de los estudiantes (C1, C2) o porque me ha tocado preparar cursos específicos (historia y literatura) que no había desarrollado antes… pero casi siempre había trabajado con extranjeros, menos en las ocasiones en las que he hecho formación relacionada con redes sociales y web 2.0 (suena antiguo ahora, ¿eh?) en mi centro de trabajo. En fin, que me está tocando cambiar el chip y adaptarme a dar clases a un público completamente diferente, y adoptar un papel distinto al que suelo adoptar en las clases de español.

El problema para mí es que como esto ha sido tan imprevisto muchas veces no tengo tiempo de pensar exactamente cómo me gustaría trabajar con ellos, porque si me concentro en el contenido (y debo hacerlo), no me da tiempo material a reflexionar y tener en cuenta otros aspectos: gestión del aula, de los grupos, de las actividades que pueden hacer fuera de las sesiones, de cómo me gustaría utilizar Moodle… Sigo, al mismo tiempo, como profesora de español, así que no he dejado de pensar en este mes en lo mucho que solemos trabajar y a veces el poco rendimiento que sacamos de nuestro trabajo. En mi caso, porque muchas veces se trata de cursos que yo no he continuado o que duran poco tiempo. Llevo mal tener poco tiempo para poder reflexionar y pensar en mis clases, en ese sentido soy muy lenta y suelo darle muchas vueltas a las cosas. Y llevo peor aún sentir que los cursos podrían salir mucho mejor si las circunstancias ayudaran un poquito. Pero creo que la mayoría de los profesores nos sentimos así, y no se me ocurre nada para cambiar que a veces más que profes seamos picapedreros, que sacamos adelante cosas que ni nos hubiéramos imaginado.

En cualquier caso, aunque cansada, estoy contenta de poder hacer algo diferente y enfrentarme a un reto así, y tengo que asumir con honestidad lo que puedo o no dar de mí. Todavía estoy pensando y tengo que valorar si este es el camino que quiero seguir en el futuro, trabajar en la universidad. Por el momento me queda terminar este año mi tesis, que estará abandonada estos dos meses, porque no me queda espacio en la cabeza, y esto es literal, para pensar en ella.