¡Viva la Escuela moderna!

La escuela moderna a la que me refiero es la inaugurada por Francisco Ferrer i Guàrdia en el año 1901. Hace un par de años vi el documental que incluyo a continuación y decidí comprarme el libro, escrito por él mismo en prisión, sobre los postulados de la escuela moderna y su propuesta pedagógica, científica y racional, laicista, igualitaria y libertaria. Siempre me ha llamado la atención lo mucho que nos empeñamos en envidiar a otros países en el mundo (Finlandia, sí), y lo poco que se suele de hablar de maestros y maestras en nuestro país empeñados en cambiar las cosas. Vale, sí, hay un hombre que, como en esa canción de Astrud, lo hace todo y bien: César Bona.  Sin embargo, no hay más que ponerse a leer los comentarios de los periódicos sobre cualquier artículo relacionado con la educación en nuestro país para conocer de primera mano la idea que tienen muchos sobre la capacidad de los docentes, su formación, la carga lectiva, etc. Imagino que en este sentido las cosas han cambiado poquito: ahora se critica y desvaloriza el papel de los maestros; antes, como le sucedió al mismo Francisco Ferrer, se les condenaba a morir acusados de anticlericales y agitadores.

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Enseñando literatura

Este semestre he tenido un curso un poco diferente. He trabajado durante estos meses con un grupo de estudiantes chinos de Filología (aunque en España están estudiando asignaturas diferentes), a los que he tenido que dar clases de literatura e historia de España. Afortunadamente tienen un nivel muy alto y hemos podido llevar a cabo actividades muy diferentes. Lo que he intentado, aunque no siempre lo he conseguido, era trabajar con los textos de una manera similar a lo que hacemos en las clases de español. Es decir, no centrándome solo en el contenido teórico (que para eso están las clases de historia de literatura), sino hacerlo de manera dinámica y comunicativa. Hay material enfocado a Ele muy interesante, como este de SGEL, de Edelsa, o el que creo que es el que se ajusta más a mi manera de trabajar, de Difusión, aunque este último se centra en literatura del siglo XX, y nosotros empezamos la parte de literatura desde la Edad Media. En cualquier caso, he empleado material muy diverso, desde el que he mencionado más arriba, a vídeos de RTVE y Canal de Historia o series de la tele, manuales de literatura de secundaria y bachillerato, etc. Y Power Points, muchos PP, más de los que me gustaría, porque es una herramienta que me parece sobreutilizada, aunque facilita las cosas. De esta manera, intentaba que en general los PP no superaran las 15 o 20 diapositivas, y que sirvieran para introducir el tema y plantear hipótesis sobre lo que veríamos después, fijar y machacar determinado contenido, resumir los temas y contenido más importantes de cada sesión, pero que no se convirtieran en el centro de la clase.

Lo que no quería, como decía antes, es que la organización de las sesiones fueran PP + vídeos + actividades de lectura y ejercicios o comentario de textos. De hecho, por lo que he visto, creo que es la manera en la que se plantean los manuales de secundaria o bachillerato, o los manuales más tradicionales de literatura de Ele. Curiosamente, buscando material en la Biblioteca de Educación del Ministerio, he visto manuales de historia para profesores de inglés que sí se parecen a los nuestros de español: muchísimo material extra para enriquecer las clases, y un enfoque claro de trabajo colaborativo. Así que para poder dinamizar el curso un poco, he recurrido a mi biblia desde hace unos años, Creative Writingde Christine Frank y Rinvolucri, además de La poesía como instrumento didáctico en el aula de españolde María Naranjo, y este que no conocía y que me ha parecido genial, Hacer literatura con la literaturade Amparo Medina-Bocos.

En cuanto a las tareas, creo que una de las más bonitas ha sido la que hemos llevado a cabo con el Cantar de mio Cid, en la que tenían que hacer en grupos una versión contemporánea (un vídeo), con la que además evaluarían los conocimientos sobre el tema a sus compañeros. Es la tercera vez que hago una tarea similar, cambiando el tema y contenido, empleando Edpuzzle como herramienta, pero me ha funcionado tan bien en el pasado, que creo que merece la pena rentabilizarla. En este caso el objetivo era centrarse en algún fragmento o aspecto que les resultara interesante del poema, y versionarlo o bien transformarlo en un reportaje, entrevista a alguno de los personajes, etc. De esta manera, la tarea requería por una parte escribir el texto que sirviera de base para el guión de su vídeo; realizar la grabación; y por último, incluir las preguntas que querían que respondieran sus compañeros en Edpuzzle. Lo que me interesaba era tanto el producto final, como la puesta en marcha de la tarea, la organización de los miembros de cada grupo; es decir, el trabajo previo y el desarrollo de la tarea, y no solamente el guión y vídeo. A pesar de que en la evaluación indicaba precisamente eso, y que organicé a los grupos en distintos documentos de Google Drive, ninguno trabajó de esa manera, y lo único a lo que he tenido acceso ha sido precisamente a la tarea ya terminada. Obviamente, algo ha fallado con mi instrucción…

Os muestro pues los dos primeros ejemplos. El primero es una dramatización muy divertida de la afrenta de Corpes, en la que se mantiene la figura del narrador-juglar, que aparece al principio de cada “acto” situando la escena, y dando la información necesaria para poder entenderla.

 

Ejemplo de las preguntas incluidas en Edpuzzle

En el segundo, aparecen entrevistadas las hijas del Cid, que muestran su visión sobre la figura de su padre, o el papel de las mujeres en su época.

En el futuro, sí me gustaría poder darle un par de vueltas más a esto, y plantear un acercamiento diferente. Tal vez como me recomendó una amiga profesora de secundaria, hacerlo a través de los personajes. O de las figuras del héroe y antihéore, y poder comparar de esa manera la trayectoria vital y repercusión social e incluso histórica del Cid y Lázaro de Tormes (que es donde nos hemos quedado), por ejemplo. 

Cultura mainstream, cultura popular

Las últimas semanas he estado leyendo Cultura Mainstream. Cómo nacen los fenómenos de masasdel francés Frédéric Martel. No voy a hacer una reseña del libro (si os interesa esta es bastante completa) sino señalar aquellas cosas que me han llamado la atención. Imagino que nadie duda que la cultura más potente y omnipresente, la que llega a todas las partes del planeta, es la estadounidense. De hecho, estoy muy de acuerdo con algo que menciona el autor: parece que todos tenemos nuestra propia cultura, que puede ser muy rica y profunda, aunque tal vez menos exportable, o menos conocida; y una segunda, la estadounidense, la única cultura, por el momento, auténticamente global. Y en este sentido es interesante recordar que mientras en Europa la creación artística ha estado tradicionalmente relacionada con las élites, en Estados Unidos su desarrollo ha estado fuertemente vinculado al dinero, a la industria, al mercado. La verdad es que no sé muy bien si cultura mainstream equivale exactamente a cultura popular, o si es más o menos democrática, porque responde a las necesidades e intereses reales de la gente normal, los que no vamos a la ópera todas las semanas, ni vamos de vacaciones a San Sebastián a hoteles de cinco estrellas… En mi caso, que crecí memorizando las entrevistas, canciones, intervenciones, de los héroes y heroínas del rock/pop/hip hop “alternativo” (otra etiqueta más), es un concepto que no podía más que asociar con lo vulgar (ay, adolescencia), pero con el tiempo me he dado cuenta de que gran parte de lo que me gusta lo es. Porque a (casi) todos nos gustan Nirvana, las series de HBO y Tarantino, por poner tres ejemplos lo suficientemente representativos.

En fin, estaba en estas cosas y empecé a pensar qué cultura enseñamos normalmente en la clase de español. Es decir, qué decidimos mostrar como más representativo, de lo que nos sentimos más orgullosos, lo que pensamos que puede marcar la diferencia, y que además lo entiendan sin necesidad de demasiada “traducción” cultural. Y recordé cómo hace muchos años, cuando empecé en esto, haciendo un máster, prácticamente todos los que estábamos en el curso nos pasábamos la vida haciendo actividades, tareas, unidades didácticas que de una manera u otra remitían a la “alta cultura”, o cultura de élite: Cortázar, Borges, Belli, etc. Pero la realidad es que la mayoría de nuestros alumnos, a menos que sean estudiantes de literatura o tengan muchas inquietudes literarias, casi que prefieren que les hables de Shakira, del grupo chileno que hace versiones de One Direction o de las series de televisión con las que pueden aprender español. Lo entiendo perfectamente, porque como estudiante de lenguas también me interesa conocer qué es lo popular, con qué se emocionan los nativos de la lengua que estoy aprendiendo. Mi yo adolescente (que me duró bastante tiempo), se hubiera negado a trabajar en el aula escuchando música de One Direction traducida al español, pero afortunadamente con el tiempo comprendí que la comodidad y gustos de mis estudiantes están por encima de mis prejuicios musicales. Y sí, de esta manera se pueden trabajar los tópicos entre las comunidades con Ocho apellidos vascos (y las secuelas, que preveo serán muchas…); las relaciones entre vecinos con La que se avecina Aquí no hay quien viva; Pelotas para intentar explicar la intensa relación con el fútbol de muchos españoles, o las relaciones familiares, y el trato a los extranjeros; intentar resolver misterios con Los misterios de Laura; momentos concretos de la vida en España en los 60, 70 y principios de 80 con Cuéntame; o la posguerra con Amar en tiempos revueltos, etc. En mi caso lo único que me echa para atrás son las series o películas en las que se abusan de los chistes sexistas, homófobos, racistas, de la misma manera que tendría muchas reservas para trabajar con contenidos tipo toro/toreros o los piropos, por ejemplo. Imagino que esas son mis líneas rojas. ¿Cuáles son las vuestras?

Cómo prepararte para las clases individuales de español

En el último año, por unas cosas o por otras, he trabajado bastante con estudiantes individuales. La verdad es que al principio, por un prejuicio un poco arraigado en mí sobre las clases individuales, me costaba disfrutar lo que estaba haciendo. Poco a poco, sin embargo, empecé a ver que es posible hacer cosas interesantes y que las clases sean motivadoras para los estudiantes y para mí misma, que en definitiva es de lo que se trata.

Creo que lo fundamental es crear de manera rápida un vínculo con los estudiantes. En los grupos funciona de la misma manera, pero cuando pensamos en una clase de estas características siempre tenemos en cuenta todo lo relacionado con la gestión de la clase (los tiempos, los agrupamientos, tu participación…) y en el caso de las individuales bastante menos. En mi caso siempre me doy un margen de alrededor de dos o tres días para intentar comprender un poco más cuáles son las necesidades o intereses de mi estudiante respecto al aprendizaje del español, y establecer cuál será el marco de la relación. Es decir, a partir de ese primer momento entiendo que es necesario construir una relación que permita que el alumno te vea como una persona confiable, en la que tener seguridad, en el sentido en que ese espacio y ese momento es seguro y propicio para el aprendizaje y, por tanto, para arriesgarse y poder ir más allá.

Generalmente, suelo planear las clases teniendo en cuenta estos tres momentos diferentes:

  1. el inicio de la sesión, con una actividad de calentamiento, pensada bien para repasar algo que hayamos visto en sesiones anteriores o prepararles para la clase;
  2. la secuencia de actividades y tareas que voy a llevar a cabo durante varias sesiones;
  3. el final de la sesión, con una actividad que permita que se relajen, recapitular lo que hemos trabajado y continuar aprendiendo fuera del aula, etc.

Entiendo que suele depender mucho de los estudiantes, porque algunos es verdad que esperan hacer ejercicio tras ejercicio, o no salirte demasiado de la senda que en principio habéis trazado, pero en general creo que es posible preparar sesiones de este tipo con estudiantes individuales. Me han ayudado mucho materiales como Seeds of Confidende Imagine That!dentro de la serie The Resourceful Teacher de Helbling Languages. Son materiales pensados fundamentalmente para trabajar en grupos, pero muchas de sus actividades permiten ser utilizadas en clases con alumnos individuales. Por otra parte, otros materiales que en principio no están pensados para las clases de lengua, pero que cada vez se usan más y pueden ser interesantes para trabajar aspectos concretos con alumnos individuales:

  1. La serie de cartas Black Stories para trabajar la destreza e interacción oral, la formulación de preguntas, la resolución de problemas fuera del patrón habitual del pensamiento, por ejemplo.
  2. Juegos de cartas para trabajar el vocabulario y la agilidad mental.
  3. Los famosos dados de Rory

También suelo usar las mismas, o casi las mismas, aplicaciones que empleo en mis clases con grupos, aunque evidentemente con un objetivo diferente. Las más habituales, Google Drive para compartir documentos, corregir textos, proponer trabajos que harán durante la semana fuera de nuestro horario de clases y Edpuzzle o Educanon (uso más la primera) para trabajar contenidos concretos también fuera de nuestro horario de clase. En este caso lo que me interesa es poder hacer un seguimiento de lo que hacen durante la semana, y que se puedan sentir un poco más acompañados. Obviamente, esto no siempre es posible. Hay alumnos que no tienen ni tiempo ni ganas para hacer deberes, o trabajar fuera del tiempo de clases. En este sentido he aprendido a controlarme. He tenido alumnos que han escrito semanalmente en un blog, grabado podcast y hecho entrevistas a sus familiares para la clase individual de español, pero con el tiempo me he dado cuenta de que NO es lo más habitual (por las razones que sean), y tampoco pasa nada.

En cualquier caso, me llama la atención el hecho de que en España muchos de nosotros, y sobre todo en determinadas épocas del año, trabajamos más con alumnos individuales o con grupos reducidísimos, pero apenas se dedican comentarios o reflexiones sobre lo que hacemos con ellos. Me gusta bastante De tú a tú, por la manera tan ágil y clara en el que está organizado, pero al estar enfocado a los niveles A2 y B1 me parece un poco limitado si se trata de alumnos con los que vas a trabajar durante periodos prolongados. Así que en general encuentro que hay que adaptar materiales pensados para grupos, o crear algo específico para mis alumnos, sobre todo con alumnos de niveles más elevados.

No sé cuál es vuestra experiencia en este sentido…

Escritura, democracia, compromiso

Este año me está tocando leer y releer y escribir bastante (hola-entrega-de-tesis-casi-inminente-por-fin). Y entre unas y otras cosas he vuelto a uno de los autores de referencia, imagino, para muchos profes de lenguas, Cassany. En concreto, uno de los apartados del primer capítulo de La cocina de la escritura: El estilo llano. En él se explica cómo durante los años 60 y 70 se inició en EE.UU. un movimiento (Plain Language Movement), auspiciado fundamentalmente por las asociaciones de consumidores, de renovación de la redacción en el ámbito de lo público y laboral. Cita como ejemplos paradigmáticos de este proceso de cambio primero un banco, el Citibank, que decidió reescribir los formularios de préstamos. Y algunos años después, el gobierno de Carter, que se propuso como meta hacer más comprensibles todas las regulaciones que se hicieran. Si bien en principio lo que se pretendía era, por una parte, facilitar el acceso a la justicia de los usuarios y, por otra, ayudar a los consumidores a tomar decisiones más informadas, en la actualidad parece que se centra más en los beneficios (rapidez, eficacia, satisfacción de los clientes) que pueden obtener no solo las administraciones públicas, sino las grandes empresas. En definitiva, para poder participar de manera más libre y comprometida en una sociedad, la ciudadanía debe poder comprender los documentos indispensables para su día a día. Como veis, nada que nos haga llevarnos las manos a la cabeza, más bien todo lo contrario.

¿Y qué tiene que ver esto con dar clase de español a extranjeros? La verdad es que últimamente, después de 10 años de trabajo en esto, me pregunto muchas veces qué sentido pueden tener algunas de mis decisiones, actuaciones, pensamientos como profe, y mi vida fuera de las aulas. El hecho de haberme pasado los últimos meses leyendo sobre lengua y habla, discurso(s), etc., desde una perspectiva sociolingüística, me ha hecho replantearme la importancia de nuestro papel. Con la lengua hacemos muchas cosas. Podemos propiciar reflexiones y cambios de la realidad en la que vivimos, hacernos visibles ante los otros y reconocer a los demás. Relacionado con estas ideas, me gusta mucho lo que J.P. Gee dice sobre cómo decidimos representar nuestra identidad, es decir, quiénes somos o queremos ser, y lo que hacemos, a través (aunque no solo) de la lengua. De esta manera, solo deberíamos enfocar el estudio de la lengua si lo hacemos en estrecha conexión con conceptos como justicia e igualdad. Suena bien, ¿verdad? Lecturas así me han ido animando en estos meses de trabajo en soledad y, en ocasiones, un poco sin saber por dónde iba. Me hacen sentir que los que nos dedicamos a esto (profes de lengua y lenguas, traductores…) tenemos una labor muy importante que a veces está muy mal reconocida, a pesar de que nuestro compromiso como profesionales y aportaciones a la sociedad sean enormes.

Enseñar lo que preconizamos… o no

Los dos últimos meses me he tocado leer o releer algunos de los libros más relevantes en relación a la metodología y enfoques de los últimos cien años. En concreto, Approaches and Methods in Language Teaching de Richards y Rogers, La enseñanza de idiomas en los últimos cien años de Aquilino Sánchez y From Method to Postmethod de Kumaravadivelu. La verdad es que me han hecho pensar bastante en el papel que  se reserva en cada uno de los métodos y enfoques descritos a los profesores. ¿Cuántas veces habéis escuchado lo de que nos tenemos que creer lo que preconizamos? Es decir, que si defendemos los preceptos de determinado método, lo mínimo es que nos lo creamos y sigamos los principios  en los que se basa. La realidad, sin embargo, es que la mayoría de métodos y enfoques de enseñanza de lenguas parten de una serie de supuestos sobre la teoría de la lengua y del aprendizaje, así como de escuelas y enfoques psicológicos, propuestos por teóricos e investigadores de la lengua, sin contar en la mayoría de los casos con la realidad del aula, con la aportación de los profesores. Así que en ocasiones nuestro papel se limita a consumir el conocimiento que otros producen.

En este sentido la lectura de la obra de Kumaravadivelu ha sido reveladora para mí (ya, un poco tarde, era una lectura que tenía pendiente desde hacía años). Por una parte, argumenta que hemos pasado de método en método, esperando con cada uno de ellos la resolución de todos los problemas o dificultades relacionados con el proceso de enseñanza de lenguas. De manera que en lugar de proponer mejoras o quedarnos con lo que sí funciona, siempre parece que estemos buscando el nuevo grial. Por otra, argumenta que hay una serie de mitos en el ámbito de la enseñanza de lenguas que en ocasiones se han seguido de manera en ocasiones poco crítica por parte de investigadores y docentes. Lo que más me ha llamado la atención es el que diga que se ha pretendido universalizar un modelo sin tener en cuenta las diferencias locales, o los conocimientos sobre enseñanza de lenguas de comunidades educativas periféricas. ¿Os suena a los que trabajáis en contextos alejados del estándar occidental?

Lo que considero más interesante de Kumaravadivelu y Sánchez es que, a pesar de señalar  las carencias o limitaciones de los métodos, ofrezcan modelos alternativos lo suficientemente abiertos como para que los profesores, que somos en definitiva los que nos enfrentamos y lidiamos a diario con las necesidades de nuestros alumnos, sintamos la libertad para poder intervenir.

En fin, creo que estoy en un momento en el que empiezo a replantearme cómo he afrontado yo misma a lo largo de los últimos años esta dicotomía entre lo que se supone que debería hacer y lo que en realidad hago en el aula, entre lo que se supone que debo pensar y cómo me siento realmente. Así que probablemente la próxima vez que escuche lo de si enseño lo que preconizo, tendré en cuenta que no es una tarea sencilla, y que tal vez resulte imposible seguir a pies juntillas lo que determinado método o enfoque predica.

¿Quién controlará nuestro futuro?

Llevo las dos últimas semanas leyendo ¿Quién controla nuestro futuro? de Jaron Lanier. No había leído el que creo es su libro más popular, Contra el rebaño digitaly este me ha sorprendido bastante. La tesis principal del libro gira en torno al desarrollo de los servidores sirena (los superordenadores de empresas como Google, Facebook, Amazon… capaces de acumular una gran cantidad de datos sobre los usuarios de Internet y, por tanto, obtener así el control de la información que se comparte), y cómo el crecimiento tecnológico desmesurado, a menos que le pongamos remedio, llevará aparejado la desaparición de prácticamente cualquier profesión u oficio. Pone como ejemplos el desplome de la industria musical, donde han desaparecido prácticamente todos los empleos relacionados con la clase media; o la desaparición de Kodak, que no supo prever el paso de la imagen en papel a digital, aunque el ejemplo de empresa triunfadora (Instagram) solo tenga una docena de trabajadores en su sede, porque el grueso de su contenido se ofrece voluntaria y gratuitamente por los que somos usuarios. Pero tal vez de todas los ejemplos que menciona, el que más me llama la atención es el desplome de la importancia de las universidades, en un momento además en que las tasas universitarias no dejan de subir en países como EE.UU. o Gran Bretaña, y en España se nos recuerda en ocasiones que determinados tramos educativos no tienen por qué ser gratuitos… Está bien ofrecer lecciones y cursos de manera gratuita, pero sin olvidarnos de cómo retribuir el trabajo, esfuerzo y formación de los profesores. Es decir, igual que ha pasado antes con las industrias creativas, todos podremos tener acceso a formación, pero tendremos muy difícil poder dedicarnos a enseñar de manera retribuida. En definitiva, que las personas tenemos que estar por encima de la tecnología.

No soy economista y estoy segura de que se pueden achacar a su teoría de pagar las aportaciones de los usuarios en Internet bastantes inconvenientes, pero también creo que habría que reflexionar un poco más en ocasiones sobre lo que supone realmente vivir en una sociedad líquida, transparente y en enjambre. Pienso en mí misma, y  en el entusiasmo con el que he me lanzado a adoptar la última novedad en mis clases, con mis alumnos, conmigo misma, sin detenerme a pensar detenidamente y dejándome arrastrar por el mantra de que compartir es vivir. Así que siento que en los últimos años he vivido en cierta manera expuesta ante los demás y sobreexpuesta a un flujo de información inabordable, vigilando y vigilada. En fin, me pongo como tarea personal aplicarme esta reflexión constante, sin llevarme por lo que nos repetimos constantemente (hay que cambiar, hay que ser transparente, etc.), y sin ser a veces realmente consciente de lo que significa asumirlo hasta las últimas consecuencias.

Ocho aplicaciones para crear y editar vídeos en línea

Escribo esta entrada como remate de este mes en el que he estado probando distintas aplicaciones y herramientas en gran parte por el curso que he estado haciendo con el Cervantes, y que ya termina: Diseño de material en línea para aprender españolLo que comparten todas estas herramientas son dos características básicas y diría que fundamentales: son gratuitas y disponibles para todos en la red. Hace un año o así hablaba con una futura compañera (estaba formándose para ser profe) y me comentaba que no veía la ventaja de usar cualquiera de estas aplicaciones respecto a Windows Movie Maker (que era la que ella solía usar), o iMovie, por ejemplo. Para mí lo fundamental es que como profes contemos con una batería de herramientas para usar en función de lo que queramos trabajar con los estudiantes, en línea, y que no les cueste dinero, y si encima lo pueden hacer desde su teléfono o tableta (que es lo que más usan), ¡perfecto! Claro, yo también me manejo muy bien con el iMovie, que me parece genial, pero entiendo que no todos los estudiantes lo tendrán instalado… No voy a incluir aquí aplicaciones para crear y editar vídeos con el teléfono o tableta, porque no es lo que más uso, aunque me lo apunto como asignatura pendiente para los próximos meses. Tengo amigos (profes y no profes) que trabajan habitualmente con aplicaciones como iMovie en el teléfono (sí, tienen un iPhone) o Flipagram, y los resultados son bastantes buenos.

1. Wevideo. ¿He hablado de ella antes? Pues sí, bastantes veces, porque me encanta. Es gratuita, pero como a veces pasa con estas cosas, para algunas funcionalidades necesitas hacerte una suscripción. Yo he sido suscriptora durante un par de meses (no recuerdo bien, unos 4€ al mes), fundamentalmente porque una vez creado y colgado el vídeo en su plataforma, solo podía compartirlo directamente desde ahí a Facebook o Twitter. Me di cuenta de que de esta manera el vídeo tardaba un poco en verse de manera completa, así que si quería descargarlo en mi ordenador y luego a Youtube era imprescindible. Insisto, no es necesario, pero ya sabéis, si lo queréis ver fuera de su plataforma, tendréis que pagar un poco. En cualquier caso, creo que estamos de suerte, porque ahora ofrecen que podamos probarla gratis y ver cómo funciona durante 30 días.

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Nunca la he usado nunca ni con compañeros ni con estudiantes, así que bueno, tal vez sea el momento de pensar en hacerlo aprovechando que la opción de pago en prueba nos permite incluir a otros usuarios para trabajar de manera colaborativa.

Captura de pantalla 2014-11-17 a la(s) 18.57.11Vale, ya hemos visto que la desventaja es tener que ver tus creaciones a través de su plataforma. Las ventajas, sin embargo, creo son bastantes: las plantillas son muy atractivas, y ponerte a tocar y crear tus propios vídeos es un proceso relativamente sencillo.

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Por el momento, esta es la que más me gusta y con diferencia.

2) Animoto. De las fáciles. Necesitas cuenta y, de nuevo, si quieres un vídeo de más de 30 segundos, tienes que pagar una suscripción. Solo necesitas subir fotos de tu ordenador o de algunas de tus redes, Dropbox, etc., y empezar a crear. En fin, no tiene más misterio, sobre todo si elegimos la opción gratuita, pero bien podemos usarla para crear la entradilla a una lección, sesión, una presentación visual breve sobre nosotros, etc.

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3) Magisto. Facilísima también y muy similar a la anterior. Podemos subir vídeos e imágenes, elegir entre las opciones de plantillas y, por último, la música.

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A partir de aquí, esperamos unos a que nos envíen el enlace de nuestro vídeo y, como casi siempre con estas aplicaciones, si queremos descargarlo necesitaremos una opción premium. 

4) Loopster. Esta la descubrí entre la lista de distintas aplicaciones y herramientas que probamos en el curso del Instituto Cervantes que comentaba antes. Al principio pensaba que era un poco sosa, pero lo cierto es que da lo que promete, y aunque no disponga de plantillas vistosas, permite hacer vídeos más que decentes: podemos añadir textos, audios y transiciones.

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La ventaja respecto a otras aplicaciones es que podemos publicarlo bien en Facebook o Youtube directamente, o descargarlo en nuestro ordenador, sin tener que visionarlo desde su propia plataforma. Eso sí, si queremos que su marca de agua desaparezca, hay que pagar dinero.

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5) PowToon. El formato es un híbrido entre el vídeo y una presentación un poco más tradicional. Es bastante simpática y sí, la he usado para hacer la típica presentación del curso que quieres que quede un poco diferente de las habituales. Cuenta con bastantes plantillas, de manera que la creación, edición, etc., nos resulte mucho menos pesado.

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La opción gratuita es completísima pero, eso sí, si queremos modificar el título o quitar la marca de agua no podremos hacerlo si no tenemos una suscripción. Podemos compartirla directamente en Youtube, Wistia, como una presentación o en mp4 con suscripción.

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6) Stupeflix. Bastante similar a Animoto o Magisto, aunque con algunas pocas más opciones de edición, como por ejemplo añadir transiciones entre diapositivas o textos en cada una de ellas.

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7) Wideo. Está más enfocada al mundo de los negocios, así que puede ser una buena idea usarla con nuestros estudiantes para trabajar precisamente ese tema: presentaciones comerciales, un vídeo currículum, una presentación sobre cómo funciona un producto, etc.

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Como suele ser habitual con estas aplicaciones, podemos compartirla directamente a Youtube, Facebook y Twitter, mandar el enlace o hacer embed en nuestro blog. Ahora, si queremos eliminar la línea de agua o descargarlo en mp4 necesitamos una suscripción.

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8) Moovly. Como otras de las que he hablado, podemos trabajar a partir de sus plantillas o crear nuestro vídeo de cero.

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Me recuerda a PowToon, por la cantidad de recursos con los que cuenta. Podemos subir vídeos o imágenes con los que editar y crear un nuevo recurso audiovisual, añadir música o nuestra voz, añadir transiciones, añadir y modificar textos, etc.

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A la hora de compartirlo, de nuevo, podemos hacerlo directamente en Youtube, Facebook o su propia plataforma. Y ¡hurra!, nos lo podemos descargar, como vídeo o como flash de manera gratuita.

Y lo dejo aquí por el momento. ¿Usáis alguna que pensáis debería estar en la lista y que os funciona muy bien?

Udemy vs. Schoology #cfp373-14

Puesto de esta manera, parece un estudio de la OCU, pero me gusta cuando analizo dos herramientas al mismo tiempo. Me ayuda a ver de manera más clara qué puedo hacer exactamente con cada una de ellas comparando lo que tienen unas y otras, o lo que les falta, o lo que más se adapta a lo que yo necesito. Me hubiera gustado probar otra de las herramientas que nos han comentado en el curso, Coursesites, pero no he podido crear el curso, se queda continuamente colgado y no pasa de “guardando”.Captura de pantalla 2014-11-08 a la(s) 10.02.54He probado en Chrome y Safari, así que como sí me interesa poder probarla, consultaré con el servicio técnico, pero el momento me quedo con estas dos.

Sigamos entonces. Creo que la diferencia fundamental entre Udemy y Schoology es la posibilidad de promocionar y ganar dinero con nuestro curso que ofrece la primera. Entiendo que es por ese motivo por el que la organización del curso dentro de la plataforma es diferente: en Udemy lo primero que tenemos que hacer es señalar de manera precisa los objetivos, currículo, características, etc., del curso que estamos creando. De esta manera, no somos nosotros los que terminamos por publicar el curso, sino que desde Udemy lo revisan, dan el visto bueno y nos ayudan a promocionarlo.

BLOG UDEMY

Creo que puede ser una buena opción para los que estéis/estemos pensando en dar nuestros cursos en línea, fundamentalmente porque contamos con la ayuda de una plataforma con una base amplia de usuarios a los que podemos interesar. Según la información que aparece en la plataforma podemos quedarnos con el “100% de los ingresos (menos las tasas de pago) cuando traes nuevos estudiantes a Udemy. Por cada estudiante de Udemy que compre tu curso, te quedas con 50% de los ingresos. Udemy se encarga del servicio al cliente, procesar los pagos y los cargos de hosting. Te damos acceso a nuestras herramientas de creación de cursos y la posibilidad de automáticamente tener la versión móvil de todos tus cursos sin coste añadido”. Para mí lo interesante es poder despreocuparnos de los problemas técnicos relacionados con la gestión de la plataforma, por ejemplo, aunque claro, parte de nuestros beneficios se van precisamente en eso.

Schoology creo que se parece bastante más a las plataformas con las que estamos más habituados a trabajar. Un poquito de Edmodo, otro de Moodle, algo de Blackboard… La configuración de los elementos del curso es muy sencilla. Como todas, o casi todas, estas herramientas podemos: abrir carpetas para organizar el material que vamos subiendo; crear exámenes y evaluarlos y dar las notas dentro de la plataforma (esto me gusta); añadir material extra (vídeos, pdf, documentos de word, enlaces, etc.); generar discusiones, como los foros de Moodle; entre otras cosas.

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A diferencia de Udemy, pero esto es mi opinión, creo que sería perfecta para gestionar nuestro trabajo con grupos presenciales y semipresenciales, tal vez por la pestaña de “asistencia”, aunque tampoco veo el inconveniente en usarla solo para cursos en línea.

Captura de pantalla 2014-11-11 a la(s) 13.46.37Por último, me parece una postura inteligente contar con la posibilidad de integración con otras aplicaciones externas muy populares y bastante utilizadas por los estudiantes, como Dropbox, Khan Academy, Google Drive o Evernote.

Captura de pantalla 2014-11-11 a la(s) 16.24.09

En fin, me gusta bastante más que Edmodo, y el hecho de tener a nuestra disposición una herramienta tan versátil y gratuita es fantástico.

Ya contaréis cuál es la que os ha gustado más.

ELE para sinohablantes en #EncuentrosTodoEle

El pasado viernes participé en la mesa redonda organizada por TodoEle, en esta ocasión para charlar con otros compañeros (Ana Martínez Lara, moderadora; Arancha Pastor, Soledad Couto, Liria Chen y José Miguel Blanco) sobre cómo es eso de dar clases a estudiantes chinos, en China continental, Taiwán, Macao y Hong Kong, pero también en contextos de inmersión. Nunca había participado antes y me pareció una experiencia y un formato interesante. En fin, había pasado toda la semana “encerrada” en un hotel trabajando en un curso de inmersión con ingenieros y economistas de Ferrovial, y me pude conectar casi 15 minutos antes de empezar, y me quedé con la sensación de que podía haber dicho muchas más cosas. Y aquí voy a ser como Umbral con su libro, pero voy a enlazar uno de mis primeros blogs, al que tengo mucho cariño precisamente por eso, pero también porque estaba dedicado a hablar de lo que llevaba a cabo con los estudiantes de Hong Kong (en Hong Kong U, y también en Chinese University). Lo hago porque algunas de las ideas que van a aparecer en esta entrada están en él…

Entiendo que lo primero es hacer referencia a que China es un país enorme, con más de 1000 millones de personas, decenas de dialectos, diferentes realidades económicas y sociales, etc. Y que Taiwán, Macao y Hong Kong tienen además particularidades propias. Lo que conozco más es la realidad de Hong Kong, porque nunca he dado clases en el continente, y lo único que sé es por compañeros con los que he coincidido en cursos, congresos, etc.

Empezamos. Nunca me han parecido estudiantes diferentes de los que he tenido y con los que trabajo ahora en Madrid. Ahora, es verdad que en España es más difícil encontrarse con estudiantes que no conozcan absolutamente nada de España o del español, y allí es más normal. Su contexto cultural es diferente, y sus referentes también: Japón, Korea y, en general, los países de su entorno. Normal, ¿verdad? Por otra parte, sí creo que necesitas un poco más de tiempo, sobre todo al principio, con los niveles iniciales. La ventaja de HK es que son muy buenos aprendientes de lenguas, porque hablan como mínimo tres (cantonés, su lengua materna; mandarín e inglés. Las tres son lenguas oficiales), y a veces más. El inglés se utiliza muchas veces como lengua vehicular, y son los mismos estudiantes los que te lo van a pedir. Este verano volví para dar un curso intensivo de español en Chinese University y me volví a sorprender de nuevo. Grupo de iniciales nivel A cero, menos una chica que probablemente había estudiado algo antes (les hacen firmar un documento en el que tienen que decir si lo han hecho antes o no; algunos se meten en estos cursos de niveles más bajitos para conseguir notas muy altas y no está permitido…). En seis semanas muy intensas fueron capaces de enfrentarse a exámenes y tareas semanalmente, y a un examen oral que para mí no lo hubiera querido después de solo seis semanas de clase. En general, les costaba comunicarse de manera oral, pero de nuevo, era un triunfo pensar que pudieran hacer lo que hicieron en un tiempo récord. Eso sí, como buenos estudiantes de lenguas que son, todos venían con las respuestas más que estudiadas y preparadas, no dejaron nada a la improvisación, e intentaban meter lo que habían estudiado con calzador en todas las preguntas que se les hacían. ¿Repiten? Pues claro que sí, y en los niveles iniciales mucho. Una compañera que vino por primera vez este verano comentaba que en la presentación del curso repetían todo lo que ella decía. Es mi experiencia también en las clases de chino. ¿No he contado antes que en mis primeros seis meses, a pesar de haber estudiado chino en Madrid, mi profesora lo único que hizo fue ponerme a repetir tonos y tonos sin parar? Pues sí, se repite, y mucho, a veces hay menos espontaneidad, porque no dejan nada a la improvisación, porque quieren (y necesitan además) hacerlo bien. Ahora, jamás he conocido estudiantes tan trabajadores y comprometidos con su aprendizaje como ellos. Que haya repetición no quiere decir que no sean creativos y originales. Lo son y mucho. Con la ventaja de que son además perfeccionistas y quieren las mejores notas. Y aquí entro de lleno en algo que me preocupaba mucho cuando daba clases de manera regular allí: el sistema de evaluación. Si os pasáis por el blog que escribía en Hong Kong os daréis cuenta de que la mitad de las entradas trataban sobre eso, pero cómo no hacerlo cuando ves la influencia que tiene sobre tus estudiantes. Las notas IMPORTAN, y mucho. Estudiar allí (diría que en todo el sudeste asiático) es una competición continua que jamás termina, porque el objetivo es conseguir el mejor trabajo, el mejor sueldo. Es habitual que los estudiantes comenten cómo fue su entrevista para entrar en el equivalente a educación infantil. Sí, entrevistas a niños de tres y cuatro años. Al principio no podía entender cómo podían estar descontentos por haber sacado el equivalente a un 8 (entre B y B+, depende de los criterios de la universidad y departamentos), pero los entiendes perfectamente cuando te ves limitada por un sistema que te dice cuántas personas pueden tener una A+, una A, una B + o B (con esto no suele haber problema) o C (nadie las suele tener). Y sorprendentemente de esto no se habla cuando se aborda el aprendizaje en el sudeste de Asia.

En cuanto a la adaptación de materiales, a mí no me han parecido nada del otro mundo los que he podido ver (Anaya, Edinumen…), y  siempre que he trabajado allí lo he hecho con materiales que usaba en Europa. Este verano con Nos Vemos, de Difusión, que bueno, es verdad que al principio va un poco más lento (las tres primeras lecciones) y que además hace mucho hincapié en la pronunciación. Desconfío de las adaptaciones que consisten simplemente en la traducción de las instrucciones de las actividades. Me pregunto también si son conscientes de que en la China continental utilizan los caracteres simplificados, pero no en Hong Kong y Macao. Y que los estudiantes de Hong Kong casi que agradecerían que en el caso de estar traducidos, lo estuvieran al inglés… No sé, ¿en realidad se necesitan esas adaptaciones? ¿No se trata de exigencias o deseos editoriales (más de mil millones de potenciales compradores)? ¿O estoy muy cerril con esto?

Lo mismo pienso sobre la formación específica para los profesores que trabajan allí. ¿Son tan tan diferentes que los profesores que trabajan allí necesitan cursos y másteres antes de hacerlo? No discuto que conocer más sobre la tradición y cultura educativa es fundamental, pero también lo sería en el caso de los estudiantes de Singapur, Japón, Tailandia, etc., que con sus diferencias, tienen más cosas en común con ellos que los italianos, por ejemplo. ¿Por qué solo de chinos?

¿Qué pensáis vosotros de esto?