Presentando mi PLE #cfp344

Bueno, esta entrada se corresponde con una de las tareas que tenemos que hacer como parte del curso Competencia Digital Docente del que he hablado con anterioridad. Confieso con un poco de vergüenza que nunca hasta este momento había pensado o reflexionado acerca de mi entorno personal de aprendizaje, o PLE (personal learning environment en inglés). El caso es que mientras leía la información y bibliografía que nos proporcionaron la semana pasada, descubrí con sorpresa que todos tenemos uno, incluida yo misma. Pensé que podía ser una buena idea hacer la presentación a través de un vídeo, porque es una de esas cosas que no me gusta nada hacer (grabarme a mí misma), y bueno, está bien enfrentarte a lo que no te gusta. Como no tenía mucho tiempo libre durante la semana, tuve que esperar al domingo para poder hacer la grabación. Primero probé con Quicktime, pero luego me di cuenta de que si lo hacía a través de iMovie tenía además de la posibilidad de editarlo mínimamente (digo mínimamente, porque me falla la destreza y no he tenido tiempo para dedicarle más tiempo), y así me pasé la noche. No soy normalmente muy buena, o no me encuentro muy cómoda, editando vídeos o audios, pero la verdad es que con iMovie me ha parecido, por lo poco que he visto, facilísimo. Por otro lado, para no mandar el vídeo sin más, hice una mini presentación con Glogster. Hacía tiempo que no utilizaba esta herramienta y me ha parecido muy fácil de usar y manejar y bastante atractiva visualmente. Pero sí, como no me conformaba con las plantillas habituales, al final terminé abriéndome una cuenta de pago durante un año (12 euros, tampoco es tanto).

Mi PLE. Probando, probando.

No quería extenderme mucho (¡y hablé durante 6 minutos!), así que me centré básicamente en la estructura de mi PLE:

1. Herramientas. Los elementos, tecnología, que me ayudan a buscar, clasificar, elaborar y compartir la información y el conocimiento.

2. Recursos. Mis fuentes.

3. Red personal de aprendizaje. Las personas, cuentas (bueno, ya, no dejan de ser personas también), con las que tengo contacto y de las que consigo y a las que también aporto información.

Creo que esa es la parte más fácil, porque se trata en definitiva de listar las herramientas, recursos que utilizas y con quién lo haces. Lo difícil es tomar la perspectiva suficiente que te permita valorar el uso que haces de todas esas herramientas. Reconozco que con mi perfil de FB a veces tengo dudas, algo que en general apenas me ha sucedido con mi cuenta de Twitter, pero claro, también son dos redes muy distintas que utilizo con fines diferentes también: Facebook para socializar, y Twitter para compartir contenido. En el vídeo no he hablado sobre el nombre que utilizo en cada una de ellas. Al principio esto no me parecía tan importante, pero desde hace un año más o menos estoy pensando en unificar el nombre que uso en cada una de ellas. En general, si me dedico a hablar de “mis cosas” prefiero mi nombre “real” (en mi perfil de Facebook, en un blog de Tumblr que abrí hace poco…). Y para mi labor como profe de español, mi alias: Caperucita y sus variaciones (Twitter, blog, página de FB). El único lugar en el que entiendo que necesito que aparezca mi nombre real asociado a mi labor profesional es en About.me, pero nunca he usado mi imagen, sino otras fotografías que me gustan. Por una parte es pudor y, por otra, que a pesar de las listas de reglas (con las que estoy de acuerdo), también me apetece experimentar en redes, blogs, etc., con la seguridad de que lo hago para mí misma, aprendiendo con cada error que cometo. Si después del mini análisis me planteo llegar a alguna conclusión, diría que necesito ser más constante en mi blog, replantearme la existencia de mi página de FB (me daría pena borrarla, pero no la uso ya nunca. O la revitalizo o la abandono completamente), tomármelo con más calma en mi perfil de FB (no tengo que compartir todo, la gente ya lee y se informa por su cuenta), y asumir que no todo lo que haga tiene que estar relacionado con mi profesión…

Ah, dejo aquí el enlace e imagen del Glogster que he creado, donde está por cierto el vídeo que grabé.

Captura de pantalla 2013-10-21 a la(s) 09.59.56

Sobre el conectivismo

(Recojo para esta entrada una parte pequeñita de lo que fue mi trabajo final de máster sobre Facebook. Madre mía, no sabía que me iba a dar tanto de sí esta semana… Para el debate del curso sobre Competencia Digital.)

Entiendo el conectivismo como una teoría del aprendizaje, más que como un enfoque. Surge como respuesta a las limitaciones de los enfoques cognitivos, constructivistas y conductistas en relación a la manera en que las tecnologías han modificado y redefinido el concepto de aprendizaje. Desde la perspectiva conectivista, se entiende el aprendizaje como el proceso de creación de nodos, entidades externas (personas, organizaciones, libros, bases de datos…) que forman redes. En este sentido, se entiende que “El aprendizaje que tiene lugar en nuestras cabezas es una red interna (neuronal). Las redes de aprendizaje se perciben de esta manera como estructuras que creamos para adquirir, experimentar, crear y conectar el nuevo conocimiento (externa)” (Siemens, 2006). Estas conexiones son de hecho imprescindibles para permitir el aprendizaje, ya que al tener continuamente acceso a nuevos conocimientos lo fundamental será el ser capaces de distinguir entre el conocimiento relevante y significativo del conocimiento superfluo. La relevancia se define en función de las necesidades y motivación del individuo. Es decir, los individuos aprenden lo que quieren y necesitan, entendiendo que no necesariamente porque hayan sido expuestos a determinado contenido se producirá el aprendizaje (es decir, que no, no vale eso de “si yo lo he dado en clase…”). El aprendizaje y el conocimiento dentro de este marco teórico no son procesos estáticos, sino dinámicas en continuo movimiento. Podemos encontrar bastantes puntos en común con enfoques centrados en el aprendizaje informal, ya que en ambos casos se entiende que el aprendizaje forma parte de nuestra existencia y no solo se produce en contextos formales de instrucción. El aprendizaje informal tiene lugar en cualquier lugar. No hay clases ni listas de asistencia; no hay evaluaciones a través de notas, ni papel que certifique lo que has aprendido. El aprendizaje se produce a través de la observación, de la experiencia, de la conversación con compañeros de trabajo o amigos. Es decir, tiene en gran consideración el elemento social: se aprende actuando, interactuando con los que nos rodean y con nuestro entorno. Esta perspectiva no implica la desvalorización de la importancia del docente, sino un cambio profundo  en sus tareas y funciones. Creo que es reveladora la parte del vídeo que dejo abajo a partir del minuto 4.19, en la que aparecen las nuevas funciones del docente del siglo XXI, que no son más que guiar a los alumnos a mantener su red de aprendizaje.

Redes abiertas vs. Plataformas cerradas

Desde hace tres semanas estoy haciendo un curso de formación de profesores con el Cervantes, Competencia digital docente II. Dirección de cursos en red y gestión de contenidos digitales, y una de las tareas es precisamente debatir precisamente sobre el uso de plataformas de aprendizaje cerradas (Moodle, Blackboard, etc.) frente a redes o espacios abiertos (Facebook, Google +, etc.). Para mí no hay color. He usado plataformas como profesora (Blackboard sobre todo) y muchas veces como estudiante. Creo que empecé a ver las ventajas de usar otros espacios, Facebook fundamentalmente, porque eran mis propios estudiantes quienes me mandaban demasiadas invitaciones de “amistad”, quienes escribían frenéticamente y quienes me animaron con su uso a emplearlo tímidamente en nuestras clases. Con el tiempo he desarrollado una actitud un poco más crítica y menos “evangelizadora”. Me preocupa mucho todo lo relacionado con la privacidad y, sobre todo, el poder que todas estas empresas (Google, Facebook, Twitter…) tienen respecto a nuestra información. Pero la realidad es que, pese a estos temores, me siento mucho más cómoda estudiando y trabajando en redes que no han sido creadas teniendo en mente que se conviertan en plataformas de aprendizaje. De hecho, en general y con contadas excepciones, no me gustan las que se han  creado única y exclusivamente para “aprender”. Mi proyecto de fin de máster de hace un par de años trataba fundamentalmente de la posibilidad de utilizar Facebook como plataforma de aprendizaje. Fue la elegida después de pasarme meses probando e invitando a amigos a colaborar en otras como Edmodo, SocialGo, Ning, etc. No me resultó complicado decidirme. ¿Para qué vas a participar en una red en la que solo vas a encontrarte con las cinco, diez, quinces personas que han decidido darse de alta para hacer un favor? Las dificultades de usar un red “real” (todas son reales, pero unas más relevantes que otras, eso está claro) son evidentes. La principal para mí es que te expones a cambios constantes (sobre todo con Facebook) sobre los que poco puedes hacer. Si un día deciden que no les resulta rentable, o no les interesa mantener los foros de las páginas de Facebook, los quitan sin más. Porque las páginas fueron creadas pensando en las empresas, no en tus alumnos, y parece que a algunas no les gustaba que hablaran mal de ellas desde sus propias páginas. Es un riesgo, pequeño en comparación con todo lo que puedes conseguir cuando usas una herramienta real, presente en la vida de la mayoría de nosotros, en la que participamos y compartimos lo que nos gusta o disgusta a menudo. Una compañera del curso hablaba de cómo el carácter podía incidir en el sentido de preferir unas sobre otras. Las redes abiertas nos asustan, porque son más imprevisibles; los entornos cerrados son más fáciles de controlar. Pero me pregunto si como profesores no tenemos en cierta manera la “obligación” de tensar siempre un poco la cuerda, intentando no quedarnos en nuestra zona de confort.