Sobre la evaluación…

Una vez con el curso ya sí completamente terminado (todo corregido con su correspondiente feedback enviado, notas subidas de manera provisional a la plataforma de la universidad, estudiantes avisados de los plazos de revisión) he estado pensando, de nuevo, en la importancia de la evaluación. Por lo que he visto en el departamento en el que he estado trabajando, los exámenes siguen siendo algo común. La verdad es que no estoy en contra de los exámenes, y prácticamente desde que empecé a trabajar como profesora de español he trabajado en centros en los que eran obligatorios. Sí que creo que los exámenes tienen que reflejar nuestra manera de enseñar, y si nuestras clases son comunicativas, las pruebas dirigidas a nuestros estudiantes deben serlo también. Tampoco pienso que sean la única o la mejor manera de evaluar a los estudiantes y, de hecho, en Madrid, trabajando con Erasmus, lo que he solido hacer hasta el momento ha sido evaluarles de manera continua a lo largo del trimestre a través de tareas diferentes (trabajar en un vídeo en grupos, grabar poemas, escribir ensayos…) y dejar el examen para el final, con un porcentaje similar al resto de tareas. Por una parte, es una manera de trabajar de manera continua a lo largo de estos cursos tan cortos y tan concentrados; por otra, los estudiantes tienen la posibilidad de trabajar de maneras diferentes, sin tener la presión de que al final del curso (de tres meses, recuerdo, que no es nada) tienen un examen con el que se la juegan todo. Vaya, no insisto mucho en esto, porque estoy segura de que los que trabajáis en este tipo de cursos donde los alumnos reciben una certificación lo hacéis de la misma forma.

Este semestre, sin embargo, trabajando con estudiantes nativos, tenía muchas dudas sobre cómo tenía que organizar las posibles tareas, exámenes y demás. Decidí que intentaría en ese sentido seguir más o menos lo que hacen la mayoría de profesores, así que sí, al final de curso había un examen final, que suponía el 60% de la nota final. Como los estudiantes son muy listos, en cada una de las clases, plantearon SUS dudas sobre la conveniencia de un examen teniendo en cuenta cómo se había desarrollado el curso (empezamos las clases un mes más tarde). Y sí, en ninguna de las dos hicimos un examen convencional: en la asignatura más difícil para mí, subí el porcentaje de la unidad didáctica, y el resto lo repartí entre lecturas y asistencia y participación; y en la que he podido estar más tranquila (Didáctica de la lengua no materna), el porcentaje del examen se mantuvo como al principio (50%), pero en lugar de ser yo la que diseñara el examen, fueron ellos los encargados de diseñar el examen con el que ellos querrían evaluar a sus compañeros. Nada nuevo bajo el sol, tengo a compañeras que lo hacen de manera habitual en ELE.

Como estuvimos trabajando la evaluación y su importancia como motor del aprendizaje, me parecía también buena idea que tuvieran la oportunidad de ponerse a pensar cómo querían ser evaluados, o cuál es su idea de un buen examen. También quería que reflexionaran sobre la importancia de la evaluación: el impacto que tiene sobre los estudiantes; la importancia que los profesores tenemos que dar a este aspecto. Cuelgo a continuación la descripción que tenían que hacer de su prueba, y los criterios con los que pensaba corregirlo.

Me han sorprendido varias cosas:

  1. La buena disposición de los estudiantes, que pensaban que podían aprender mucho más de esta manera que memorizando contenido. Insisto en cualquier caso, que sé que los exámenes no solo tienen que servir para que el alumno memorice contenidos, o que hay profes de todos los niveles que hacen exámenes diferentes, donde los estudiantes pueden movilizar todos sus conocimientos y creatividad. Pero me da que no es lo habitual en la universidad española.
  2. Cómo una parte de estudiantes a pesar de lo que dicen (los exámenes no deberían servir para memorizar) han planteado exámenes que sirven precisamente para eso. Creo que es normal. Si no tienes mucha experiencia tiras de lo que ya conoces, y si tu experiencia general es que te evalúen a través de exámenes en los que lo que se espera es que el estudiante fundamentalmente memorice, esa es tu idea de lo cómo será evaluar a tus estudiantes. Por otra parte, me resultaba curioso que pese a diseñar exámenes así, justificaban que uno de los criterios de evaluación para las preguntas de respuesta abierta era la originalidad, la creatividad, y algunos hasta que no copiaran palabra por palabra las palabras de la profesora (los apuntes, vaya, aunque no hayan tomado ni un solo apunte, que está todo en los Power Points). Claro, es un poco difícil atenerte a la teoría y ser creativo al mismo tiempo cuando te preguntan por el constructivismo, o sobre la diferencia entre Piaget y Vigotksy. Pero bueno, pensaba, por ahí se empieza, por esta reflexión sobre los criterios de evaluación, y la intención de querer valorar la capacidad de argumentación y justificación de sus potenciales estudiantes.
  3. Otra parte de los estudiantes, sin embargo, han querido ser mucho más creativos, a veces de manera un poco ambiciosa (actividades muy difíciles, poco contextualizadas, pidiendo a los compañeros en los que pensaban cosas que difícilmente podrían resolver…), y han salido actividades que con un poquito más de trabajo tienen mucho potencial.
  4. Me ha llamado mucho la atención también cómo algunos de ellos defendían que preferían hacer una prueba fácil, para asegurarse no solo de que todos pudieran aprobar, sino para no estresarles. Aquí sí que me he asustado un poco. Creo que la mayoría de nosotros, profes de ELE, hacemos malabares para conseguir que nuestros estudiantes disfruten en nuestras clases, que no se estresen, que participen a pesar de sus miedos a cometer errores… y para ello hacemos uso de actividades, técnicas, estrategias de enseñanza encaminadas a ello. En Madrid, aunque  los estudiantes Erasmus con los que suelo trabajar reciben créditos y una certificación de la universidad, no dejo de ser rigurosa con la evaluación, pero siento que tengo mucha más manga ancha de la que tenía en Hong Kong, por ejemplo, donde el sistema de evaluación de la curva establece de manera muy precisa el número de A+, A, B+, B, etc. Pero, en cualquier caso, creo que los estudiantes tienen que trabajar para aprender una lengua. Y los futuros maestros tienen que estudiar mucho, muchísimo, para poder enseñar a los niños lengua, matemáticas, español… No hay otra manera: aprendemos cuando trabajamos en algo, nos enfrentamos a las cosas. Y en su caso su tarea será de tal responsabilidad que pensar que no es necesario estudiar tanto me parece muy ingenuo. Claro, tendremos que pensar qué es lo que les pedimos hacer, qué tenemos en cuenta a la hora de evaluarles, cómo podemos conseguir que demuestren todo lo que saben y lo que han aprendido, pero trabajar es su responsabilidad también. En fin, en el futuro incidiré un poco más en este punto. Podemos plantearnos clases participativas, en las que los estudiantes cooperan con sus compañeros… haciéndoles conscientes de que para conseguir determinados objetivos el trabajo es importante, y ahí estamos nosotros para acompañarlos.

En fin, creo que el resultado ha sido bueno. Han trabajado más de lo que esperaba, y he podido observar que han ido incorporando muchos de los elementos que hemos visto en estos dos meses escasos. Además, he tenido la oportunidad de leer cómo justificaban sus opiniones y puntos de vista sobre el aprendizaje de una lengua, la evaluación, el papel de los exámenes, etc., algo que de otra manera me hubiera llevado más tiempo.