Mi transición: de clases presenciales a clases online

Imagino que la mayor parte de nosotros estamos en estos días igual: debido a la emergencia sanitaria causada por la propagación del coronavirus, desde el 11 de marzo se cancelaron las clases presenciales en la Comunidad de Madrid en todas las etapas educativas. Y a partir de ahí, he perdido la cuenta en estas dos semanas de todo lo que ha pasado en tan poco tiempo. Como tengo amigas en China y Hong Kong, que llevaban dando clases en línea desde finales del Año Nuevo Lunar, imaginaba que lo más probable es que al menos en Madrid esas medidas preliminares respecto a los centros educativos (cancelación durante 15 días) se iban a alargar más tiempo.

La primera semana fue un poco caótica: muchos comunicados, muchos correos… y desde el primer momento recomendando que se intentara seguir con la actividad académica de manera no presencial. Afortunadamente, hacía poco tiempo se integró en Moodle (la LSM que utilizamos) Blackboard Collaborate, y aunque en principio no tiene las mismas prestaciones que en Blackboard, funciona bastante bien. Bueno, la suerte es que en las universidades se cuenta con más recursos de este tipo y ha sido más sencillo contar con espacios para plantear la docencia online. No me quiero imaginar cómo ha podido ser para los profes de otra etapas, que tienen un porcentaje alto de alumnos sin ordenador (solo tienen teléfono) y sin wifi en casa.

En cualquier caso, creo que lo más abrumador ha sido intentar gestionar o incorporar toda la información acerca de cómo mover las clases a un entorno tan diferente. La semana pasada iba apuntando en una nota en el ordenador o el teléfono enlaces interesantes de todo lo que iban compartiendo los compañeros. Para organizar las tareas. Para investigar herramientas alternativas. Para mantener la atención de los estudiantes. Para enseñar online. Con sugerencias y recursos. En fin, os hacéis una idea porque seguro que habéis hecho lo mismo. Hasta que dije basta y me relajé. Coincido con otras compañeras en que menos es más, en general para todo, pero con esta situación, dudo que beneficie mucho a los estudiantes que les saturemos con tareas y herramientas. Tal vez en la primeros días se nos ha ido de la mano un poco todo a todos, y conviene recordar que lo prioritario en una situación así es el apoyo y los cuidados, y eso nos incluye a nosotros, los profesores. (Qué difícil, por otra parte, cuando tenemos asumido eso: que nuestra vida como profes es pasarnos festivos, fines de semana, etc., trabajando y corrigiendo).

Así que me he centrado en intentar sacar todo el partido a lo que ya tenemos disponible y en intentar hacer las sesiones a través de videoconferencia lo más interactivas posible, que no sea yo la única que se pasa 60 minutos hablando. El mismo objetivo que me planteo en las sesiones presenciales, la verdad. Después de las primeras dos clases, les mandé un cuestionario online (claro) para saber un poco más sobre ellos y organizar mejor las siguientes sesiones. Puse, teniendo en cuenta también sus observaciones, algunas reglas para seguir de manera más adecuada las siguientes sesiones: 1. quitar el micro al conectarnos, porque se acopla y produce mucha distorsión; 2. posibilidad de participar a través del chat, usando cámara y audio o solo audio (en ese caso, decir el nombre, porque con más de 50 cuesta adivinar quién está hablando); 3. indicar a través del chat las preguntas que se puedan tener y, sobre todo, cuando les mando a salas privadas para hacer alguna tarea, señalar si necesitan o no más tiempo a través de ese medio también (yo les voy poniendo mientras tanto: volvemos a la sala principal en 5m para que se vayan orientando).

Por el momento creo que han funcionado bien, porque cuento con estudiantes que PUEDEN y se quieren conectar y PARTICIPAN. Están muy preocupados por el desarrollo del curso y algo angustiados por la evaluación (¿habrá examen? ¿volveremos a clase? ¿cómo vamos a terminar el curso? y cosas así). Con la clase de Adquisición del Lenguaje hemos continuado con los cuentos en el aula de Infantil (después de trabajar una posible clasificación, y analizar cómo es la mejor manera de llevar a cabo una narración oral para niños/as de esa etapa). Pudimos, uno de los días, organizarnos en grupos a través de Collaborate y llevar a cabo un “taller de cuentos” (bueno, lo que se pudo hacer; en el Genially podéis leer un poco más): improvisando un microcuento a partir de la primera palabra que encontraron en un libro o revista; improvisando un argumento a partir de dos palabras sin relación aparente (el concepto de binomio fantástico de Rodari); improvisando un final alternativo para un cuento clásico (Cenicienta, Caperucita, Hansel y Gretel, etc.); buscando canciones para esos mismos cuentos (infantiles o no; me encantó la asociación que uno de los grupos hizo entre el cuento de Los tres cerditos y la canción “Blow” de Kesha), etc.

Con la clase de Didáctica de la Lengua en Primaria vimos una clasificación del tipo de actividades y ejercicios para trabajar la expresión e interacción oral en el aula (a partir de la que aparece en Enseñar Lengua, de Cassany, Luna y Sanz). Y como nos centramos en los juegos lingüísticos, pudimos dedicar algo de tiempo a ver cómo funcionan las Black Stories (muchas no son apropiadas para niños/as de Primaria, pero hay juegos de enigmas similares para esas edades y en todo caso siempre los pueden crear ellos) y tratar entre todos de resolver la historia.

Y los Story Cubes, que muchos no conocían: les mandé las imágenes de mis dados por la plataforma (tengo cuatro juegos de dados), les organicé en diferentes grupos y unos tenían que escribir una historia; otros tenían que dibujarla a partir de lo que habían entendido de las imágenes de sus dados; y otros explicar su historia en menos de dos minutos. Y hacer la puesta en común entre todos pasado un tiempo. Bueno, no muy diferente a lo que solemos hacer en clase, solo que comunicándonos a través de videoconferencia. Con esta misma clase, la semana antes de Semana Santa no tendré sesiones online, así que he planteado pequeñas actividades a través de Flipgrid (están configurados como privados, solo tienen acceso ellos a través de una contraseña) y un foro en el campus virtual que les permitan estos días sin clase ir trabajando por su cuenta y con otros compañeros 1. la planificación de la expresión oral, 2. la manera de evaluar y dar feedback y de corregir errores, 3. así como el análisis de manuales para poder valorar el tipo de actividades de expresión oral que se suele promover en ellos.

Lo cierto es que preferiría, por muchas razones, que volviéramos a la facultad y reanudar la actividad normal, pero me temo que el final de curso lo viviremos de esta manera. Así que mis tareas son por una parte no estresarme ni estresarles por la cantidad de trabajo, aunque es obvio que se genera mucha actividad. Es decir, no matarme a mí ni a ellos a tareas que no nos llevan a ningún sitio, más que a producir y producir sin sentido alguno. Y por otra, intentar promover más interacción y participación.

Portfolios digitales

En los dos últimos cuatrimestres he estado trabajando en la universidad, con los estudiantes de Didáctica de la Lengua en Primaria y de Adquisición y Desarrollo del Lenguaje, con portfolios digitales. Es la primera vez, curiosamente, que hago este tipo de trabajo con estudiantes nativos, porque hasta el momento solo lo había llevado a cabo con estudiantes de origen extranjero en mis clases de ELE.

En el pasado, con los estudiantes, solía usar Blogger, pero este año los estudiantes propusieron hacerlo a través de Google Sites (estaban probando la herramienta con otra asignatura) y Wix. El primer cuatrimestre la verdad es que me he limitado a ofrecerles 1. las instrucciones, 2. la rúbrica y checklist con la que ir comprobando que iban incorporando lo que se les pedía y 3. feedback por mi parte antes de la evaluación final.

En este cuatrimestre pretendo hacerlo de manera más pautada. Primero lo han creado; luego les puse como tarea presentarse (me ha llamado la atención que en este curso la mayoría ha decidido hacerlo sin imagen personal); y después les he pedido escribir los objetivos personales que persiguen con este trabajo (además de aprobar y sacar buena nota en la asignatura). Lo siguiente que haré será proporcionarles feedback usando la lista de verificación, y antes de que lo entreguen les pediré que lo hagan ellos mismos, y que esa información la incluyan en una entrada. Proporcionar feedback es lo que más trabajo me lleva, y me gustaría que pudieran ir auto-evaluándose ellos mismos a medida que estén más cómodos con la herramienta y el formato.

No he pasado ningún cuestionario (este cuatrimestre sí lo haré) para averiguar su nivel de satisfacción con el trabajo, aunque por lo que observo por sus conclusiones (tenían que completar una entrada incluyéndolas) es que en general han dedicado a esta tarea bastante tiempo y esfuerzo. Os pongo por aquí las que han escrito cinco alumnas, elegidas de los 65 estudiantes de manera aleatoria, para que os podáis hacer una idea de sus impresiones.

Reflexiones de final de curso

Creo que ya lo he contado antes, pero bueno, para contextualizar la entrada. Este año escolar he empezado a trabajar como profe en la Facultad de Educación de la UCM (como siempre, compatabilizándolo con otras actividades docentes). Durante el primer cuatrimestre impartí Didáctica de la Lengua en el Grado de Pedagogía, y este Adquisición y Desarrollo del Lenguaje, que al impartirse en el segundo cuatrimestre se plantea de manera práctica (cómo se trabaja la lengua en la Educación Infantil). La verdad es que me gustaría poder impartir de nuevo esta asignatura de Adquisición para poder profundizar un poco más en algunas de las cosas que he propuesto.

  1. Uso de algunas herramientas. Cada año suelo plantearme trabajar con alguna determinada de manera más o menos extensiva. Este año han sido tres. Por un lado, Genially, que parece que se empezó a poner de moda hace algún tiempo, ya había usado para una charla, y quería explotarla en estos meses para ver toda su potencialidad (pongo como ejemplo un repaso que hice el primer día de la asignatura, planteada como un Busca a alguien en la clase que pueda contar algo de cada uno de los elementos que aparece en la diapositiva). Por otro Padlet, en este caso para poder crear un archivo digital de manifestaciones de la literatura popular (seguíamos la clasificación de Ana Pelegrín: cuentos de fórmula, cuentos de animales y cuentos maravillosos). Es una de las actividades más productivas en los cursos de formación de futuros profes, pero… teniendo en cuenta lo corto de este cuatrimestre (empezamos tarde porque antes tenían prácticas) y la cantidad tan enorme de estudiantes en este curso, no la planteé como obligatoria sino como parte de los deberes que haríamos a lo largo del curso. Seguramente ahora, viendo cómo trabajan, el tipo de cosas que les gusta hacer y la dedicación que sí tienen a todo aquello que tenga un peso importante en su nota, el año que viene sí la replantearía. El uso de vídeos creados por ellos contando un cuento. Obviamente, como herramienta no ha supuesto ninguna novedad, pero me ha sucedido lo mismo que en el caso anterior. Les pedí, como actividad no obligatoria preparar y realizar la narración oral de una historia a partir de las siguientes instrucciones (adaptadas de una de las actividades de este manual): memorizar la historia; secuenciarla para poder recordarla mejor; trabajar los personajes(voz, expresión, etc.); memorizar las fórmulas de inicio y final, las frases mágicas; sonorizar la historia (onomatopeyas, voces, ritmo…); escenografía; grabar la actuación; compartirla con los demás y detectar los aspectos a mejorar. Y esta la hicieron tan bien que creo, de nuevo, que podría plantearla como actividad obligatoria relacionada con el desarrollo de las habilidades orales en los niños, y el uso de la literatura popular. Esta parte (las habilidades orales y la literatura popular) realmente la he disfrutado muchísimo.
  2. Las lecturas. ¿He dicho que hemos tenido apenas tres meses para trabajar la expresión y la interacción oral, y la lectura y escritura en Infantil? Había planteado dos lecturas obligatorias (sin calificación), pero por falta de tiempo y una planificación deficiente en ese sentido (se me ha echado el tiempo encima de manera literal), solo pude llevar una a cabo, planteada a modo de pecera. Posteriormente, de las preguntas con las que trabajamos, hice una selección de seis, con una como ejemplo, para que entre todos completaran las respuestas a través Google Drive (una de las mismas formará parte del examen que tenemos a finales de este mes). Estoy de acuerdo con lo que me han comentado algunas de mis compañeras este año: como futuros profes están en la obligación de leer, de estar al tanto de nuevos estudios e investigaciones. También es verdad que los cuatrimestres son tan cortos, y dan tan poco de sí, que le he dado muchas vueltas a la cantidad de trabajo que podrían asumir. En fin, deberes para el año que viene: independientemente de la cantidad de horas que tengamos, el año que viene fijaré de antemano fecha de varias lecturas obligatorias, cuyo contenido se evaluará de formas diferentes.
  3. La recogida de datos de los estudiantes. El cuatrimestre pasado preparé un cuestionario inicial; a mitad del semestre, sobre todo para que pudiera contrastar mis impresiones del curso con las suyas propias (pocos lo contestaron, la verdad); y, por último, otro como parte de la tarea asociada a una de las lecturas obligatorias (y que sí calificaba). Este cuatrimestre pensé, bueno, con el primero es suficiente, pero con 70 estudiantes en el aula, con una asistencia variable y con un grupo tan heterogéneo, me hubiera venido bien saber un poquito más de ellos.

Además de esto, he tenido que encargarme de supervisar TFG, un TFM, Prácticums de distintos años y visitas a alumnas a distintos centros. A veces ha sido un poco abrumador, son muchos estudiantes, que escriben con dudas (normal, eso lo entiendo) a menudo, y es complicado llevarlo todo al día. Por otra parte, no sé si en todas las facultades, en todas las universidades es igual, pero en esta en concreto los trabajos de TFG y prácticum están muy pautados, de manera que los estudiantes tienen la ventaja de contar con una guía en la que se enumeran paso a paso todos los elementos que tienen que incluir. La desventaja, desde mi punto de vista, es que puede limitar su autonomía o la capacidad de tomar decisiones sobre qué quieren ellos incluir. Por ejemplo, en uno de los Prácticum se les pide elaborar su propio portafolio, que yo siempre he entendido como un documento eminentemente personal; en este caso, como digo, muchas de las preguntas que recibía por parte de los estudiantes estaban relacionadas con el tipo de información que podían incluir y dónde colocarla. En cualquier caso, este año también he descubierto que en general esperan muchas instrucciones y que se pueden sentir perdidos si no las tienen…

Y ahora realmente quiero terminar, poder corregir todo a tiempo para la firma de actas, y descansar un poco de la dinámica de clases. Afortunadamente, este es el primer verano desde hace unos cuantos que tengo vacaciones de profe, mes y medio más o menos. Con la obligación de hacer otras cosas, pero al menos sin clases.

Free Caperucita

A pesar de mi nombre virtual, el cuento con el que me más de identificaba de pequeña y leía de manera compulsiva era Hansel y Gretel. ¡Esos niños eran invencibles! Más tarde, en la universidad, asistí como oyente a una asignatura sobre literatura popular y se me quedaron grabadas algunas de las palabras del profe que la impartía: si no les leemos cuentos a los niños, ¿cómo van a aprender quiénes son los malos? La verdad es que esto lo tenía casi olvidado hasta que tuve que elegir tema para uno de los primeros trabajos académicos más o menas importantes que hice (un TFM). Recordé además cómo durante toda mi etapa de preescolar, mi madre me llevaba al cole con una trenka (imagino que no la llevaba solo ese día, claro) con capucha y una cesta de caramelos días antes de mi cumpleaños para ir repartiendo a las niñas de mi clase y otras clases. En fin, estas y otras cosas me llevaron a elegir mi nombre en este y otros espacios.

No he entendido muy bien los motivos que han llevado a una escuela de Barcelona a retirar de sus bibliotecas esta y otras 200 historias por alimentar el sexismo. En el caso de Caperucita las enseñanzas y simbología de los elementos que aparecen en la historia son evidentes: el bosque como escenario que presagia todos los peligros, en contraposición al poblado seguro; y la necesidad de no confiar en los extraños. En todo caso, más que para alimentar el sexismo, la historia serviría como admonición contra la masculinidad tóxica y la violencia sexual. Cualquier obra literaria codifica de una manera u otra las obsesiones, valores, creencias, etc., de una época y sociedad determinada. Cuando leí por primera vez La fuerza de la sangre, una de las novelas ejemplares de Cervantes, no podía dar crédito: se narraba como si tal cosa la violación de una mujer de 16 años, que termina casándose años después con el violador gracias a la intervención de la madre de tal elemento. La verdad es que la historia es rocambolesca y absolutamente ajena a los valores que cualquiera de nosotros defiende: el consentimiento sexual en las relaciones y la libertad de elección de las mujeres. En cualquier caso, jamás pediría la retirada de ninguna de las obras de Cervantes… No sé, me pregunto si esta retirada de libros servirá, como dice pretender, para que niños y niñas tengan una imagen menos sesgada del papel que muchos de los cuentos tradicionales otorgan a las mujeres (cuidadoras, madres, esposas, etc.). O si simplemente esto podría conseguirse a través del desarrollo de la competencia crítica de los niños y niñas destinatarios de los cuentos, tradicionales o no.

#AprendeMooc_primeras actividades

Viva el multitasking

Estas semanas voy a participar en el Mooc Aprender a aprender, organizado por Intef. Como parte de las primeras tareas tenemos que crear un avatar, y he decidido utilizar la imagen que una de mis amigas, también profe, Celia Carracedo hizo de mí hace un tiempo. Creo que todos los profes tenemos la necesidad constante de hacer cosas (cursos, talleres, etc.) y de aprender. La razón para hacer este curso en concreto es que me encuentro en un momento de cambio profesional (imparto asignaturas nuevas, un poco diferente a lo que he hecho hasta el momento, y con alumnos diferentes también), a veces con muchas dudas sobre lo que hago. Me gustaría poder parar un poco, como he hecho en otras ocasiones, y reflexionar sobre mis necesidades formativas y la manera en la que puedo abordar esta nueva etapa profesional.

¿cómo quiero aprender?

Comparte en esta primera entrada relacionada con el curso una infografía muy simple creada con Canva en la que dejo constancia de algunas de las preguntas iniciales sobre las que nos han pedido que reflexionemos esta semana. En concreto:

  • ¿cómo quiero aprender?
  • ¿con quién quiero aprender?
  • ¿cuándo quiero aprender?
  • ¿cuánto tiempo voy a dedicar a aprender?

Por cierto, he decidido utilizar el blog que hace años abrí para reflexionar sobre mi práctica docente porque este tipo de actividades son las que suelo hacer en él desde que lo abrí. Y también porque me siento más cómoda escribiendo aquí, que haciéndolo en un nuevo espacio que seguramente no volveré a utilizar más.

Nueva etapa como profe

El año 2018 fue una época de cambio. Para empezar, dejé mi trabajo de ELE de los últimos años y empecé a trabajar como profe asociada en la Facultad de Educación de la UCM, impartiendo las asignaturas de Didáctica de la Lengua (para estudiantes de Pedagogía) y en este cuatrimestre Adquisición y Desarrollo del Lenguaje (para estudiantes del Grado de Infantil). Como profesora siempre tengo muchas dudas sobre lo que hago. Dedico mucho tiempo a pensar las clases, las tareas, lo que vamos a hacer… Creo que son actividades necesarias, pero extenuantes, especialmente cuando te encuentras estudiantes tan distintos a los que estás acostumbrada, con necesidades y exigencias diferentes. En cualquier caso, creo que la experiencia ha sido razonablemente positiva.

Hay dos libros que conservo como biblias y que me han ayudado bastante a la hora de tener ideas. El primero es Técnicas de aprendizaje colaborativoen el que se dan ejemplos y sugerencias sobre la formación de grupos, maneras de evaluar y calificar la participación y el trabajo de los estudiantes, etc. El segundo The Strategic Teacher. Selecting the Right Research-Based Strategy for Every LessonEste es un poco más diferente, porque está organizado en torno a cuatro modelos o maneras de organización del aprendizaje: mastery (desarrollo de la memoria); understanding (desarrollo de la capacidad de razonar y explicar); self-expressive style (estimulación de la imaginación y creatividad); Interpersonal style (desarrollo del sentido del espíritu de equipo y de unidad).

Me preocupaba mucho, además del contenido (que por supuesto es lo más importante), pensar en clases magistrales en las que pudiera 1) conectar lo que ya sabían con lo que aprendíamos; 2) diseñar actividades que captaran el interés y la motivación de los estudiantes respecto al contenido; 3) ayudar a los estudiantes a procesar e integrar todo el caudal de nueva información; 4) reflexionar sobre su aprendizaje. El segundo punto diría que ha sido el más complicado, sobre todo si tengo en cuenta que los estudiantes a los iba dirigida la asignatura (Didáctica de la Lengua para alumnos de Pedagogía), tenían más o menos claro que jamás iban a pisar un aula para dar clases de lengua…

Este cuatrimestre que empieza tendré un curso con algo más de 70 alumnos, la primera vez en mi vida que tengo un grupo tan numeroso, por lo que con lo que menciono en el párrafo anterior, tendré que darle muchas vueltas a la cabeza acerca de cómo organizarles en el aula. Afortunadamente, uno de los días puedo dividirles, e impartir la misma clase pero en horas diferentes (lo llaman desdoble). Y en esas estoy por el momento, preparando nuevas clases, y supervisando varios TFG, y un TFM, y prácticums… esas cosillas que haces además de preparar las clases.

Sobre la evaluación…

Una vez con el curso ya sí completamente terminado (todo corregido con su correspondiente feedback enviado, notas subidas de manera provisional a la plataforma de la universidad, estudiantes avisados de los plazos de revisión) he estado pensando, de nuevo, en la importancia de la evaluación. Por lo que he visto en el departamento en el que he estado trabajando, los exámenes siguen siendo algo común. La verdad es que no estoy en contra de los exámenes, y prácticamente desde que empecé a trabajar como profesora de español he trabajado en centros en los que eran obligatorios. Sí que creo que los exámenes tienen que reflejar nuestra manera de enseñar, y si nuestras clases son comunicativas, las pruebas dirigidas a nuestros estudiantes deben serlo también. Tampoco pienso que sean la única o la mejor manera de evaluar a los estudiantes y, de hecho, en Madrid, trabajando con Erasmus, lo que he solido hacer hasta el momento ha sido evaluarles de manera continua a lo largo del trimestre a través de tareas diferentes (trabajar en un vídeo en grupos, grabar poemas, escribir ensayos…) y dejar el examen para el final, con un porcentaje similar al resto de tareas. Por una parte, es una manera de trabajar de manera continua a lo largo de estos cursos tan cortos y tan concentrados; por otra, los estudiantes tienen la posibilidad de trabajar de maneras diferentes, sin tener la presión de que al final del curso (de tres meses, recuerdo, que no es nada) tienen un examen con el que se la juegan todo. Vaya, no insisto mucho en esto, porque estoy segura de que los que trabajáis en este tipo de cursos donde los alumnos reciben una certificación lo hacéis de la misma forma.

Este semestre, sin embargo, trabajando con estudiantes nativos, tenía muchas dudas sobre cómo tenía que organizar las posibles tareas, exámenes y demás. Decidí que intentaría en ese sentido seguir más o menos lo que hacen la mayoría de profesores, así que sí, al final de curso había un examen final, que suponía el 60% de la nota final. Como los estudiantes son muy listos, en cada una de las clases, plantearon SUS dudas sobre la conveniencia de un examen teniendo en cuenta cómo se había desarrollado el curso (empezamos las clases un mes más tarde). Y sí, en ninguna de las dos hicimos un examen convencional: en la asignatura más difícil para mí, subí el porcentaje de la unidad didáctica, y el resto lo repartí entre lecturas y asistencia y participación; y en la que he podido estar más tranquila (Didáctica de la lengua no materna), el porcentaje del examen se mantuvo como al principio (50%), pero en lugar de ser yo la que diseñara el examen, fueron ellos los encargados de diseñar el examen con el que ellos querrían evaluar a sus compañeros. Nada nuevo bajo el sol, tengo a compañeras que lo hacen de manera habitual en ELE.

Como estuvimos trabajando la evaluación y su importancia como motor del aprendizaje, me parecía también buena idea que tuvieran la oportunidad de ponerse a pensar cómo querían ser evaluados, o cuál es su idea de un buen examen. También quería que reflexionaran sobre la importancia de la evaluación: el impacto que tiene sobre los estudiantes; la importancia que los profesores tenemos que dar a este aspecto. Cuelgo a continuación la descripción que tenían que hacer de su prueba, y los criterios con los que pensaba corregirlo.

Me han sorprendido varias cosas:

  1. La buena disposición de los estudiantes, que pensaban que podían aprender mucho más de esta manera que memorizando contenido. Insisto en cualquier caso, que sé que los exámenes no solo tienen que servir para que el alumno memorice contenidos, o que hay profes de todos los niveles que hacen exámenes diferentes, donde los estudiantes pueden movilizar todos sus conocimientos y creatividad. Pero me da que no es lo habitual en la universidad española.
  2. Cómo una parte de estudiantes a pesar de lo que dicen (los exámenes no deberían servir para memorizar) han planteado exámenes que sirven precisamente para eso. Creo que es normal. Si no tienes mucha experiencia tiras de lo que ya conoces, y si tu experiencia general es que te evalúen a través de exámenes en los que lo que se espera es que el estudiante fundamentalmente memorice, esa es tu idea de lo cómo será evaluar a tus estudiantes. Por otra parte, me resultaba curioso que pese a diseñar exámenes así, justificaban que uno de los criterios de evaluación para las preguntas de respuesta abierta era la originalidad, la creatividad, y algunos hasta que no copiaran palabra por palabra las palabras de la profesora (los apuntes, vaya, aunque no hayan tomado ni un solo apunte, que está todo en los Power Points). Claro, es un poco difícil atenerte a la teoría y ser creativo al mismo tiempo cuando te preguntan por el constructivismo, o sobre la diferencia entre Piaget y Vigotksy. Pero bueno, pensaba, por ahí se empieza, por esta reflexión sobre los criterios de evaluación, y la intención de querer valorar la capacidad de argumentación y justificación de sus potenciales estudiantes.
  3. Otra parte de los estudiantes, sin embargo, han querido ser mucho más creativos, a veces de manera un poco ambiciosa (actividades muy difíciles, poco contextualizadas, pidiendo a los compañeros en los que pensaban cosas que difícilmente podrían resolver…), y han salido actividades que con un poquito más de trabajo tienen mucho potencial.
  4. Me ha llamado mucho la atención también cómo algunos de ellos defendían que preferían hacer una prueba fácil, para asegurarse no solo de que todos pudieran aprobar, sino para no estresarles. Aquí sí que me he asustado un poco. Creo que la mayoría de nosotros, profes de ELE, hacemos malabares para conseguir que nuestros estudiantes disfruten en nuestras clases, que no se estresen, que participen a pesar de sus miedos a cometer errores… y para ello hacemos uso de actividades, técnicas, estrategias de enseñanza encaminadas a ello. En Madrid, aunque  los estudiantes Erasmus con los que suelo trabajar reciben créditos y una certificación de la universidad, no dejo de ser rigurosa con la evaluación, pero siento que tengo mucha más manga ancha de la que tenía en Hong Kong, por ejemplo, donde el sistema de evaluación de la curva establece de manera muy precisa el número de A+, A, B+, B, etc. Pero, en cualquier caso, creo que los estudiantes tienen que trabajar para aprender una lengua. Y los futuros maestros tienen que estudiar mucho, muchísimo, para poder enseñar a los niños lengua, matemáticas, español… No hay otra manera: aprendemos cuando trabajamos en algo, nos enfrentamos a las cosas. Y en su caso su tarea será de tal responsabilidad que pensar que no es necesario estudiar tanto me parece muy ingenuo. Claro, tendremos que pensar qué es lo que les pedimos hacer, qué tenemos en cuenta a la hora de evaluarles, cómo podemos conseguir que demuestren todo lo que saben y lo que han aprendido, pero trabajar es su responsabilidad también. En fin, en el futuro incidiré un poco más en este punto. Podemos plantearnos clases participativas, en las que los estudiantes cooperan con sus compañeros… haciéndoles conscientes de que para conseguir determinados objetivos el trabajo es importante, y ahí estamos nosotros para acompañarlos.

En fin, creo que el resultado ha sido bueno. Han trabajado más de lo que esperaba, y he podido observar que han ido incorporando muchos de los elementos que hemos visto en estos dos meses escasos. Además, he tenido la oportunidad de leer cómo justificaban sus opiniones y puntos de vista sobre el aprendizaje de una lengua, la evaluación, el papel de los exámenes, etc., algo que de otra manera me hubiera llevado más tiempo.