Sobre la evaluación…

Una vez con el curso ya sí completamente terminado (todo corregido con su correspondiente feedback enviado, notas subidas de manera provisional a la plataforma de la universidad, estudiantes avisados de los plazos de revisión) he estado pensando, de nuevo, en la importancia de la evaluación. Por lo que he visto en el departamento en el que he estado trabajando, los exámenes siguen siendo algo común. La verdad es que no estoy en contra de los exámenes, y prácticamente desde que empecé a trabajar como profesora de español he trabajado en centros en los que eran obligatorios. Sí que creo que los exámenes tienen que reflejar nuestra manera de enseñar, y si nuestras clases son comunicativas, las pruebas dirigidas a nuestros estudiantes deben serlo también. Tampoco pienso que sean la única o la mejor manera de evaluar a los estudiantes y, de hecho, en Madrid, trabajando con Erasmus, lo que he solido hacer hasta el momento ha sido evaluarles de manera continua a lo largo del trimestre a través de tareas diferentes (trabajar en un vídeo en grupos, grabar poemas, escribir ensayos…) y dejar el examen para el final, con un porcentaje similar al resto de tareas. Por una parte, es una manera de trabajar de manera continua a lo largo de estos cursos tan cortos y tan concentrados; por otra, los estudiantes tienen la posibilidad de trabajar de maneras diferentes, sin tener la presión de que al final del curso (de tres meses, recuerdo, que no es nada) tienen un examen con el que se la juegan todo. Vaya, no insisto mucho en esto, porque estoy segura de que los que trabajáis en este tipo de cursos donde los alumnos reciben una certificación lo hacéis de la misma forma.

Este semestre, sin embargo, trabajando con estudiantes nativos, tenía muchas dudas sobre cómo tenía que organizar las posibles tareas, exámenes y demás. Decidí que intentaría en ese sentido seguir más o menos lo que hacen la mayoría de profesores, así que sí, al final de curso había un examen final, que suponía el 60% de la nota final. Como los estudiantes son muy listos, en cada una de las clases, plantearon SUS dudas sobre la conveniencia de un examen teniendo en cuenta cómo se había desarrollado el curso (empezamos las clases un mes más tarde). Y sí, en ninguna de las dos hicimos un examen convencional: en la asignatura más difícil para mí, subí el porcentaje de la unidad didáctica, y el resto lo repartí entre lecturas y asistencia y participación; y en la que he podido estar más tranquila (Didáctica de la lengua no materna), el porcentaje del examen se mantuvo como al principio (50%), pero en lugar de ser yo la que diseñara el examen, fueron ellos los encargados de diseñar el examen con el que ellos querrían evaluar a sus compañeros. Nada nuevo bajo el sol, tengo a compañeras que lo hacen de manera habitual en ELE.

Como estuvimos trabajando la evaluación y su importancia como motor del aprendizaje, me parecía también buena idea que tuvieran la oportunidad de ponerse a pensar cómo querían ser evaluados, o cuál es su idea de un buen examen. También quería que reflexionaran sobre la importancia de la evaluación: el impacto que tiene sobre los estudiantes; la importancia que los profesores tenemos que dar a este aspecto. Cuelgo a continuación la descripción que tenían que hacer de su prueba, y los criterios con los que pensaba corregirlo.

Me han sorprendido varias cosas:

  1. La buena disposición de los estudiantes, que pensaban que podían aprender mucho más de esta manera que memorizando contenido. Insisto en cualquier caso, que sé que los exámenes no solo tienen que servir para que el alumno memorice contenidos, o que hay profes de todos los niveles que hacen exámenes diferentes, donde los estudiantes pueden movilizar todos sus conocimientos y creatividad. Pero me da que no es lo habitual en la universidad española.
  2. Cómo una parte de estudiantes a pesar de lo que dicen (los exámenes no deberían servir para memorizar) han planteado exámenes que sirven precisamente para eso. Creo que es normal. Si no tienes mucha experiencia tiras de lo que ya conoces, y si tu experiencia general es que te evalúen a través de exámenes en los que lo que se espera es que el estudiante fundamentalmente memorice, esa es tu idea de lo cómo será evaluar a tus estudiantes. Por otra parte, me resultaba curioso que pese a diseñar exámenes así, justificaban que uno de los criterios de evaluación para las preguntas de respuesta abierta era la originalidad, la creatividad, y algunos hasta que no copiaran palabra por palabra las palabras de la profesora (los apuntes, vaya, aunque no hayan tomado ni un solo apunte, que está todo en los Power Points). Claro, es un poco difícil atenerte a la teoría y ser creativo al mismo tiempo cuando te preguntan por el constructivismo, o sobre la diferencia entre Piaget y Vigotksy. Pero bueno, pensaba, por ahí se empieza, por esta reflexión sobre los criterios de evaluación, y la intención de querer valorar la capacidad de argumentación y justificación de sus potenciales estudiantes.
  3. Otra parte de los estudiantes, sin embargo, han querido ser mucho más creativos, a veces de manera un poco ambiciosa (actividades muy difíciles, poco contextualizadas, pidiendo a los compañeros en los que pensaban cosas que difícilmente podrían resolver…), y han salido actividades que con un poquito más de trabajo tienen mucho potencial.
  4. Me ha llamado mucho la atención también cómo algunos de ellos defendían que preferían hacer una prueba fácil, para asegurarse no solo de que todos pudieran aprobar, sino para no estresarles. Aquí sí que me he asustado un poco. Creo que la mayoría de nosotros, profes de ELE, hacemos malabares para conseguir que nuestros estudiantes disfruten en nuestras clases, que no se estresen, que participen a pesar de sus miedos a cometer errores… y para ello hacemos uso de actividades, técnicas, estrategias de enseñanza encaminadas a ello. En Madrid, aunque  los estudiantes Erasmus con los que suelo trabajar reciben créditos y una certificación de la universidad, no dejo de ser rigurosa con la evaluación, pero siento que tengo mucha más manga ancha de la que tenía en Hong Kong, por ejemplo, donde el sistema de evaluación de la curva establece de manera muy precisa el número de A+, A, B+, B, etc. Pero, en cualquier caso, creo que los estudiantes tienen que trabajar para aprender una lengua. Y los futuros maestros tienen que estudiar mucho, muchísimo, para poder enseñar a los niños lengua, matemáticas, español… No hay otra manera: aprendemos cuando trabajamos en algo, nos enfrentamos a las cosas. Y en su caso su tarea será de tal responsabilidad que pensar que no es necesario estudiar tanto me parece muy ingenuo. Claro, tendremos que pensar qué es lo que les pedimos hacer, qué tenemos en cuenta a la hora de evaluarles, cómo podemos conseguir que demuestren todo lo que saben y lo que han aprendido, pero trabajar es su responsabilidad también. En fin, en el futuro incidiré un poco más en este punto. Podemos plantearnos clases participativas, en las que los estudiantes cooperan con sus compañeros… haciéndoles conscientes de que para conseguir determinados objetivos el trabajo es importante, y ahí estamos nosotros para acompañarlos.

En fin, creo que el resultado ha sido bueno. Han trabajado más de lo que esperaba, y he podido observar que han ido incorporando muchos de los elementos que hemos visto en estos dos meses escasos. Además, he tenido la oportunidad de leer cómo justificaban sus opiniones y puntos de vista sobre el aprendizaje de una lengua, la evaluación, el papel de los exámenes, etc., algo que de otra manera me hubiera llevado más tiempo.

Enseñar a enseñar: mi experiencia como formadora

¡Terminé el semestre y mi sustitución (aunque me queda corregir)! Después de una contractura en el cuello, dos constipados fuertes y bastantes noches de insomnio en el espacio de dos meses, he conseguido terminar razonablemente bien, o de forma digna. Con una de las asignaturas (Didáctica de la Lengua) ha sido un trabajo tan intenso, que siento que la mayor parte del tiempo he estado sobrepasada por lo que sentía como una responsabilidad ante la que… A ver, ¿es posible preparar un curso de esas características, con lo que implica para los futuros/as maestros/as en dos semanas, e ir a matacaballo intentando terminar como sea el programa previsto? Ha servido en cualquier caso para hacerme pensar, mucho, en nuestro sistema de enseñanza, en la organización de la universidad, en los retos a los que se enfrentan los estudiantes de Magisterio, e intentar sacar el curso adelante como fuera, siendo consciente de que no, no se pueden hacer las cosas así. (Soy una débil, lo sé, pero sufro mucho trabajando así.)

Con la otra asignatura, sin embargo, aunque me he visto en la misma situación (dos semanas para preparar las clases, poco tiempo para reflexionar sobre lo que quería o podía hacer) el viaje ha sido completamente diferente. ¡Mi especialidad! Español como lengua extranjera. Creo que el programa está muy bien pensado (es obra de los profes del departamento), me recuerda bastante a las diferentes asignaturas que tuve en su momento, años ha, en el máster de la Nebrija. Hay un primer bloque en el que se analiza el marco institucional (las escuelas desde el punto de vista lingüístico, las aulas multiculturales y plurilingües) y conceptos básicos como L1, L2, LE, etc. Yo me incorporé en la última parte del bloque, en el que trabajamos con los documentos básicos relacionados con ELE (Marco, PCIC) y las instituciones (IC). A partir de ahí, un repaso rápido (una sesión) al concepto de competencia lingüística; las distintas teorías de aprendizaje y su relación con los enfoques y métodos de enseñanza; la unidad didáctica y la evaluación; y el tiempo que nos ha quedado entre fiesta y fiesta (en mayo ha habido unas cuantas), las actividades de la lengua. Pensé que lo mejor sería intentar que nuestras sesiones se parecieran, en algunos de sus puntos, a como solemos preparar nuestras clases con alumnos extranjeros. Así que había sesiones un poco más densas (con el tema de la competencia comunicativa, por ejemplo), pero siempre teniendo en cuenta que el objetivo final era conseguir una clase en la que hubiera más interacción en un grupo de estudiantes que no se conocían de nada, más participación, y que en la medida de lo posible pudiéramos llevar a cabo distintas actividades en el aula, en las que pudieran analizar material, reflexionar sobre algo que habíamos leído, interaccionar no solo entre ellos sino con el contenido que estábamos trabajando, etc.

Creo que ha sido una buena idea. Por una parte, porque no quiero diseñar clases que sean solo magistrales, no me hacen sentir a gusto, aunque a veces sean necesarias y no abomino de ellas. Pero además es que me parece un contrasentido hablar de conceptos con los que los profes de lenguas estamos más que familiarizados (trabajo cooperativo, clases interactivas y participativas, clases pensadas para cubrir los intereses y necesidades de nuestros estudiantes, por poner algunos ejemplos) y que la realidad del aula no lo refleje. Así que en general siempre empezaba con un precalentamiento con alguna actividad un poco competitiva, o un pequeño repaso que les ayudara a situarse en el contexto de la clase que íbamos a comenzar, y que pudieran ver el sentido de lo que estábamos haciendo. Las clases son tan largas, que hacia la mitad intentaba que hubiera algo un poco más liviano, que exigiera también más participación por su parte, o incluso algo de movimiento, y menos protagonismo por la mía. Y en la parte del final una actividad que cerrara lo que habíamos hecho durante la sesión. Es decir, como las clases que suelo hacer de español, aunque el contenido no tiene mucho que ver, claro.

Por otra parte, pienso que ha sido muy útil el plantear analogías con sus propias experiencias de aprendizaje de lenguas (y de otras materias), con su experiencia, escasa en la mayoría de los casos, como profes. En mi caso, siempre he pensado que hacer este tipo de reflexiones me ha ayudado a crecer como profesora. Cuando empecé a dar clases era una profesora normalita, y no ayudaba mucho el que los estudiantes me vieran mucho más joven que ellos. Pero me lo tomé muy en serio e hice un trabajo de introspección importante sobre la planificación de mis clases, lo que salía bien, lo que salía mal, lo que debía tener en cuenta para las próximas sesiones, lo que quería cambiar. Bueno, lo que sueles escribir en los diarios docentes. Al principio era muy crítica y me fustigaba demasiado, pero poco a poco aprendí a ser más objetiva, y me di cuenta de que escribir sobre mis clases me aclaraba mucho las ideas. También me ayudaba mucho analizar cómo abordaba nuevas situaciones de aprendizaje, el tipo de estudiante que era, qué hábitos o actitudes tenía. En ese momento conseguí definir cuál es el proceso que sigo cuando empiezo como estudiante cursos exigentes, o sobre los que no tengo muchos conocimientos. 1) Empiezo muy contenta porque me encanta hacer cursos, de lo que sea. 2) Me comparo con los demás. 3) Me bloqueo si veo/pienso que los demás saben mucho más que yo. 4) Etapa autocompasiva en la que pido consejo/opinión a personas en las que confío porque pienso que soy lo peor. 5) Supero el bloqueo y consigo sacar algo productivo o decente. 6) Sigo trabajando por mi cuenta, si me interesa, en ello. Y descubrí que en mis clases no todos los estudiantes se enfrentaban a aprender una nueva lengua de la misma manera: están los que se lanzan siempre, los que confían plenamente en ti y hacen todo lo que les pides, pero también los que tienen muchas dudas y miedos, los que se bloquean y son reacios a llevar a cabo según qué cosas en el aula,  etc. Así que de esta manera pude, por fin, conectar todo lo que había estudiado con mi práctica en el aula como profesora con mi visión sobre el aprendizaje y, lo que creo que es más importante, con los sentimientos de mis propios estudiantes.

¿Cosas que me hubiera gustado que salieran mejor? El uso de Moodle. Es la primera vez que lo usaba como profesora y me hubiera gustado emplear muchas de sus herramientas, y no solo como repositorio de los Power Points y lecturas del curso, por ejemplo. Más tareas pequeñitas que les pudieran ayudar a ver de manera más clara el sentido de la asignatura. Más tiempo para pensar, claro. Para pensar yo y para ellos. Pero bueno, estoy contenta con cómo ha salido el curso y con lo que hemos sacado adelante en solo dos meses. Y ahora, tesis de nuevo…

Apps y producción y comprensión oral

Ya he comentado en mi entrada anterior como estos dos últimos meses me he hinchado a preparar Power Points (con lo poco que me gustan…). En fin, este es el que preparé para una sesión que organicé como un pequeño taller en la que vimos algunas herramientas útiles para trabajar la comprensión y producción oral en el aula, en concreto, en el aula de Primaria, pero como veis son fácilmente exportables a nuestras clases con alumnos extranjeros. Algunas de las ideas que aparecen están tomadas de este manual, Mind the App!

¡Viva la Escuela moderna!

La escuela moderna a la que me refiero es la inaugurada por Francisco Ferrer i Guàrdia en el año 1901. Hace un par de años vi el documental que incluyo a continuación y decidí comprarme el libro, escrito por él mismo en prisión, sobre los postulados de la escuela moderna y su propuesta pedagógica, científica y racional, laicista, igualitaria y libertaria. Siempre me ha llamado la atención lo mucho que nos empeñamos en envidiar a otros países en el mundo (Finlandia, sí), y lo poco que se suele de hablar de maestros y maestras en nuestro país empeñados en cambiar las cosas. Vale, sí, hay un hombre que, como en esa canción de Astrud, lo hace todo y bien: César Bona.  Sin embargo, no hay más que ponerse a leer los comentarios de los periódicos sobre cualquier artículo relacionado con la educación en nuestro país para conocer de primera mano la idea que tienen muchos sobre la capacidad de los docentes, su formación, la carga lectiva, etc. Imagino que en este sentido las cosas han cambiado poquito: ahora se critica y desvaloriza el papel de los maestros; antes, como le sucedió al mismo Francisco Ferrer, se les condenaba a morir acusados de anticlericales y agitadores.

Cómo prepararte para las clases individuales de español

En el último año, por unas cosas o por otras, he trabajado bastante con estudiantes individuales. La verdad es que al principio, por un prejuicio un poco arraigado en mí sobre las clases individuales, me costaba disfrutar lo que estaba haciendo. Poco a poco, sin embargo, empecé a ver que es posible hacer cosas interesantes y que las clases sean motivadoras para los estudiantes y para mí misma, que en definitiva es de lo que se trata.

Creo que lo fundamental es crear de manera rápida un vínculo con los estudiantes. En los grupos funciona de la misma manera, pero cuando pensamos en una clase de estas características siempre tenemos en cuenta todo lo relacionado con la gestión de la clase (los tiempos, los agrupamientos, tu participación…) y en el caso de las individuales bastante menos. En mi caso siempre me doy un margen de alrededor de dos o tres días para intentar comprender un poco más cuáles son las necesidades o intereses de mi estudiante respecto al aprendizaje del español, y establecer cuál será el marco de la relación. Es decir, a partir de ese primer momento entiendo que es necesario construir una relación que permita que el alumno te vea como una persona confiable, en la que tener seguridad, en el sentido en que ese espacio y ese momento es seguro y propicio para el aprendizaje y, por tanto, para arriesgarse y poder ir más allá.

Generalmente, suelo planear las clases teniendo en cuenta estos tres momentos diferentes:

  1. el inicio de la sesión, con una actividad de calentamiento, pensada bien para repasar algo que hayamos visto en sesiones anteriores o prepararles para la clase;
  2. la secuencia de actividades y tareas que voy a llevar a cabo durante varias sesiones;
  3. el final de la sesión, con una actividad que permita que se relajen, recapitular lo que hemos trabajado y continuar aprendiendo fuera del aula, etc.

Entiendo que suele depender mucho de los estudiantes, porque algunos es verdad que esperan hacer ejercicio tras ejercicio, o no salirte demasiado de la senda que en principio habéis trazado, pero en general creo que es posible preparar sesiones de este tipo con estudiantes individuales. Me han ayudado mucho materiales como Seeds of Confidende Imagine That!dentro de la serie The Resourceful Teacher de Helbling Languages. Son materiales pensados fundamentalmente para trabajar en grupos, pero muchas de sus actividades permiten ser utilizadas en clases con alumnos individuales. Por otra parte, otros materiales que en principio no están pensados para las clases de lengua, pero que cada vez se usan más y pueden ser interesantes para trabajar aspectos concretos con alumnos individuales:

  1. La serie de cartas Black Stories para trabajar la destreza e interacción oral, la formulación de preguntas, la resolución de problemas fuera del patrón habitual del pensamiento, por ejemplo.
  2. Juegos de cartas para trabajar el vocabulario y la agilidad mental.
  3. Los famosos dados de Rory

También suelo usar las mismas, o casi las mismas, aplicaciones que empleo en mis clases con grupos, aunque evidentemente con un objetivo diferente. Las más habituales, Google Drive para compartir documentos, corregir textos, proponer trabajos que harán durante la semana fuera de nuestro horario de clases y Edpuzzle o Educanon (uso más la primera) para trabajar contenidos concretos también fuera de nuestro horario de clase. En este caso lo que me interesa es poder hacer un seguimiento de lo que hacen durante la semana, y que se puedan sentir un poco más acompañados. Obviamente, esto no siempre es posible. Hay alumnos que no tienen ni tiempo ni ganas para hacer deberes, o trabajar fuera del tiempo de clases. En este sentido he aprendido a controlarme. He tenido alumnos que han escrito semanalmente en un blog, grabado podcast y hecho entrevistas a sus familiares para la clase individual de español, pero con el tiempo me he dado cuenta de que NO es lo más habitual (por las razones que sean), y tampoco pasa nada.

En cualquier caso, me llama la atención el hecho de que en España muchos de nosotros, y sobre todo en determinadas épocas del año, trabajamos más con alumnos individuales o con grupos reducidísimos, pero apenas se dedican comentarios o reflexiones sobre lo que hacemos con ellos. Me gusta bastante De tú a tú, por la manera tan ágil y clara en el que está organizado, pero al estar enfocado a los niveles A2 y B1 me parece un poco limitado si se trata de alumnos con los que vas a trabajar durante periodos prolongados. Así que en general encuentro que hay que adaptar materiales pensados para grupos, o crear algo específico para mis alumnos, sobre todo con alumnos de niveles más elevados.

No sé cuál es vuestra experiencia en este sentido…

¿Quién controlará nuestro futuro?

Llevo las dos últimas semanas leyendo ¿Quién controla nuestro futuro? de Jaron Lanier. No había leído el que creo es su libro más popular, Contra el rebaño digitaly este me ha sorprendido bastante. La tesis principal del libro gira en torno al desarrollo de los servidores sirena (los superordenadores de empresas como Google, Facebook, Amazon… capaces de acumular una gran cantidad de datos sobre los usuarios de Internet y, por tanto, obtener así el control de la información que se comparte), y cómo el crecimiento tecnológico desmesurado, a menos que le pongamos remedio, llevará aparejado la desaparición de prácticamente cualquier profesión u oficio. Pone como ejemplos el desplome de la industria musical, donde han desaparecido prácticamente todos los empleos relacionados con la clase media; o la desaparición de Kodak, que no supo prever el paso de la imagen en papel a digital, aunque el ejemplo de empresa triunfadora (Instagram) solo tenga una docena de trabajadores en su sede, porque el grueso de su contenido se ofrece voluntaria y gratuitamente por los que somos usuarios. Pero tal vez de todas los ejemplos que menciona, el que más me llama la atención es el desplome de la importancia de las universidades, en un momento además en que las tasas universitarias no dejan de subir en países como EE.UU. o Gran Bretaña, y en España se nos recuerda en ocasiones que determinados tramos educativos no tienen por qué ser gratuitos… Está bien ofrecer lecciones y cursos de manera gratuita, pero sin olvidarnos de cómo retribuir el trabajo, esfuerzo y formación de los profesores. Es decir, igual que ha pasado antes con las industrias creativas, todos podremos tener acceso a formación, pero tendremos muy difícil poder dedicarnos a enseñar de manera retribuida. En definitiva, que las personas tenemos que estar por encima de la tecnología.

No soy economista y estoy segura de que se pueden achacar a su teoría de pagar las aportaciones de los usuarios en Internet bastantes inconvenientes, pero también creo que habría que reflexionar un poco más en ocasiones sobre lo que supone realmente vivir en una sociedad líquida, transparente y en enjambre. Pienso en mí misma, y  en el entusiasmo con el que he me lanzado a adoptar la última novedad en mis clases, con mis alumnos, conmigo misma, sin detenerme a pensar detenidamente y dejándome arrastrar por el mantra de que compartir es vivir. Así que siento que en los últimos años he vivido en cierta manera expuesta ante los demás y sobreexpuesta a un flujo de información inabordable, vigilando y vigilada. En fin, me pongo como tarea personal aplicarme esta reflexión constante, sin llevarme por lo que nos repetimos constantemente (hay que cambiar, hay que ser transparente, etc.), y sin ser a veces realmente consciente de lo que significa asumirlo hasta las últimas consecuencias.

Darle la vuelta al aula (#FlippedClassroom), ¿es siempre posible?

Bueno, el curso está punto de terminar (quedan algo más de tres semanas, pero con la Semana Santa de por medio), y con él mis experimentos con una de las herramientas sobre las que leí más recomendaciones relacionadas con el concepto de “flipped classroom” o darle la vuelta al aula, al menos por el momento, hasta que vuelva a reiniciar las clases. Lo que más me ha gustado, como comenté en una entrada anterior, es la posibilidad de que sean los estudiantes los que creen el contenido con el que se trabajará en el aula. En este sentido, estoy bastante satisfecha con el resultado de su tarea, que no era más que elaborar un vídeo en el que describieran a una persona, y que sirviera como manera de evaluar la comprensión de otros estudiantes. Sus trabajos han sido un poco diferentes: unos han hecho un vídeo más explicativo sobre la vida y obras de Picasso, mientras que los otros han ficcionalizado un poco la vida de una de las compañeras de clase. Decidí relajarme con el desarrollo del trabajo y opté por lo que dicen muchos adalides del aprendizaje colaborativo. Es decir, que una vez explicada la tarea, objetivos, procedimientos, reglas, tiempo y evaluación, decidí ponerme en un segundo plano y aceptar que si son autónomos, lo son para todo. Y que mi labor correspondía no en la supervisión del trabajo en grupo, sino en convertirme yo misma “en miembro de una comunidad que busca el saber” (Bruffee). Cuesta a veces, por cierto. Me hubiera gustado que la segunda parte del trabajo consistiera en que pudieran ellos mismos evaluar las respuestas y comentar las respuestas de sus compañeros, pero decidí no hacerlo fundamentalmente porque no me resultaba sencillo hacerlo en EDpuzzle. Me planteo, eso sí, hacerlo el próximo semestre con algún grupo de un nivel un poco más alto (el actual es un A1)…

Intentando darle la vuelta al aula

En fin, decía en el título que si es siempre posible darle la vuelta al aula. Hace unos semanas leía una entrada algo antigua en el blog the Free Technology for Teachers en la que planteaba algunas consideraciones antes de embarcarnos en una aventura para la que quizá ni nosotros ni nuestros estudiantes estén preparados. En concreto, si nuestros alumnos suelen entregar los deberes a tiempo y por tanto ver antes de venir a clase el vídeo con el contenido de las próximas sesiones; si tenemos el tiempo suficiente para crear los vídeos; y diría que lo más importante, si tienen acceso a tecnología (ordenadores, acceso a internet). Yo me pregunto si es posible trabajar de esta manera en muchos de los centros donde impartimos clases. O si tanta revolución en el aprendizaje, metodólogica, pedagógica, no debería empezar a contemplar otros aspectos que no pasen necesariamente por el uso de tecnología.

aulas del siglo XXI

Os muestro algunas imágenes del aula donde se han llevado a cabo las clases en este curso (una universidad pública). Una auténtica clase del siglo XXI: tarima; ordenador con Internet Explorer sin actualizar desde hace más de tres años (un problema para trabajar con prácticamente cualquier aplicación o herramienta en el aula en el ordenador conectado al proyector); mesas y sillas fijas, que limitan la movilidad de los estudiantes y que son bastante incómodas, en un aula pensada y utilizada para clases magistrales; y una realidad que afecta menos a los estudiantes extranjeros, pero que se percibe en el ambiente: recortes y expulsión de las aulas de estudiantes que no pueden hacer frente al pago de las tasas. Mi impresión a veces es que la reflexión se centra más en la novedad de las herramientas, que en la realidad de nuestros centros educativos, o las oportunidades que se nos ofrecen a los profes de investigar, experimentar o profundizar en lo que hacemos.

Mi primera incursión en Coursera: Internet History, Technology and Security

Vale, no es  la primera vez, porque me apunté a dos cursos hace unos seis meses, y no fui capaz de pasar de la tercera semana. Los dos anteriores,  Fundamentals of Online Education: Planning and EducationE-learning and Digital Cultures se me hicieron bastante cuesta arriba. ¿Por qué? Una de las razones principales es que recibía miles de mensajes de correo (y no estoy exagerando) en mi carpeta de entrada.  Me veía incapaz de llegar a leer ni la décima parte de los mensajes que el resto de los participantes escribía. Incluso seguí a alguno de ellos por Twitter. La realidad es que esto era muy poco realista, porque en el primero de los cursos estábamos matriculados más de 7000 personas. También era necesario que cambiara un poco el chip. Tengo mucha experiencia con la enseñanza en línea digamos más tradicional, en la que el número de los estudiantes está más controlado y donde el tutor o tutores hacen un seguimiento de su participación. En este sentido me veía muy perdida. Si en un curso “normal” tardaba en adaptarme una semana, iba conociendo a los compañeros, me ponía al día con lo que se nos pedía, etc., en estos dos cursos todo eso me parecía inabarcable. Me recordaba a mí misma a la gente que me dice que tengo mucha fuerza de voluntad por ir a nadar a la piscina por libre, sin estar matriculada en ningún curso. Al principio me uní a uno o dos grupos de trabajo, pero apenas aporté más que una o dos ideas un poco manidas y abandoné sin más. Vaya, que me faltaba o echaba de menos el acompañante docente, que se dice, aparte de que me pudo la inseguridad. Así que sí, en mi opinión para seguir uno de estos cursos se necesita bastante disciplina y ser capaz de ceñirte a los objetivos que te hayas marcado. Y dedicarle tiempo. El tutor??? (¿cómo hemos de llamarles, tutores, facilitadores, instructores?), Charles Severance o Dr. Chuck (en el vídeo de presentación nos decía que unas 3 o 4 horas a la semana, aunque ya sabéis que si realmente te lo tomas en serio son unas cuantas horas más. En mi caso, mis objetivos no son demasiado ambiciosos: leer los documentos que se vayan subiendo, ver los vídeos con las lecciones, leer los foros e intentar participar en alguno de ellos, terminar los quizzes y exámenes, y ya. Como os digo, tengo mucha experiencia en cursos en línea y siempre he dedicado muchas más horas de las que se nos decía (creo que esto nos pasa a todos) para llevar adelante el curso. Me siento culpable. No es que no me interese, es que encuentro demasiado fácil abandonarlo por otras tareas para mí más urgentes o más gratificantes. Y no hay nadie que me “obligue” o lleve por el camino de la buena estudiante en línea. Pero lo voy a intentar y aprovecharme de la experiencia tanto como pueda.

Por otra parte, hay una cosa de este curso en concreto que me llama la atención muy positivamente: la implicación y compromiso de Charles Severance con lo que está haciendo. Todos los materiales (Power Points, PDF, vídeos…) están a nuestra entera disposición, de modo que los podemos incluso utilizar en nuestra clase, hacer cambios en ellos, aunque claro, no re-publicarlos. Ahora que algunos o muchos se preguntan si Coursera y plataformas similares  proponen no solo un modelo de negocio solvente, sino incluso si es posible que pueda mantenerse proporcionando una enseñanza de calidad, merece la pena dedicar un poco de tiempo a reflexionar sobre ello. Curiosamente, a través de una amiga de Facebook, llegué a una serie de artículos publicados en la sección de Educación en El País y la verdad es que creo que es hora de abrir el debate de verdad (sí, hay gente que ya lo está haciendo). Entiendo que los MOOCS han revolucionado un poco, un poco bastante más bien, el panorama de la enseñanza en línea. Entiendo también que surjan dudas, sobre todo en lo referente a cómo es posible realmente ofrecer una enseñanza de calidad con un número tan alto de participantes, con una evaluación tan poco personalizada, o sin la presencia de un tutor que te acompañe a lo largo del aprendizaje, pero bueno, tampoco creo que sea mala idea el hecho de enfrentarte a los comentarios y evaluación de tus propios compañeros de curso. La realidad es que tengo, como siempre, muchas dudas, aunque veo más los posibles beneficios para nosotros los usuarios que otra cosa, y no todos los peligros que se empiezan a vaticinar. ¿Cuándo si no hubiera podido hacer yo un curso de la Universidad de Michigan con el Dr. Chuck?

Coursera: conocimiento gratuito en la red

Llevo ya unos meses leyendo sobre Coursera, y tenía tanta curiosidad que sí, me he apuntado a dos cursos que empiezan en enero, en concreto Fundamentals of Online Education: Planning and Education y E-learning and Digital Cultures. La verdad es que mi principal temor es que nunca he hecho un curso en línea completamente en inglés, pero he estado leyendo por ahí lo que dice la gente que ya ha participado en alguno y me he quedado más tranquila.

El caso es que en el congreso al que asistí a comienzos de septiembre salió el nombre de esta plataforma un par de veces, y en ocasiones eran comentarios que veían con dudas o precaución este tipo de “negocios”. Si las universidades ofrecen sus cursos, contenidos y profesores en Internet, de manera libre y gratuita para que todo el que tenga ganas de aprender pueda hacerlo, ¿qué sacan ellas de todo esto? También hacían referencia a las declaraciones hechas por Sebastian Thrun, uno de los fundador de Udacity, en las que afirmaba que dentro de 50 años solo quedarían ¡10 universidades en el mundo! Adivinad cuáles. No sé muy bien en qué terminará todo esto, aunque creo que son iniciativas que nos pueden beneficiar a todos: a todos aquellos con curiosidad y ganas de aprender, de seguir haciendo cosas, de continuar con su formación, etc., independientemente de títulos o certificados; y a las universidades, que ven de esa manera cómo sus cursos, profesores, recursos, llegan a personas que de otra manera lo tendrían mucho más difícil.

Aprender usando el cuerpo (y la mente)

Recuerdo que hace ya unos años, cuando empezaba a dar clases de español más en serio, en Holanda, di con un ejercicio de relajación en el manual de Virgilio Borobio Nuevo Ele que me encantó. Nunca lo había probado en una clase de español y, aunque me sentía un poco insegura al principio pidiendo a mis estudiantes cerrar los ojos, dejarse llevar, visualizar colores… lo repetí durante meses, con distintos grupos, con resultados variables. El caso es que me olvidé de esta actividad hasta que hace algo más de un año empecé a coleccionar y leer textos relacionados con lo que en inglés se llama mental imagery (entiendo que en español se puede traducir como “visualizaciones”, pero no sé si esta es la traducción más común u ortodoxa). Os paso los nombres de los libros que ofrecen algunas de estas actividades y explicaciones sobre por qué se utilizan y las posibilidades que ofrecen para facilitar el aprendizaje (unas minas todos ellos, vaya):

1) Seeds of Confidence, de Verónica de Andrés y Jane Arnold.

2) Imagine That!, de Jane Arnold, Herbert Putcha y Mario Rinvolucri.

3) Drama Techniques, de Alan Maley y Alan Duff.

En español, aparte de las traducciones no he encontrado demasiado, aunque sé que se emplea de manera habitual en los entrenamientos y, sí, en las clases de yoga. Me llama particularmente la atención, porque siempre he pensado que aprendemos con todas las partes del cuerpo, y que precisamente por eso no debería ser tan grande la desconexión entre mente y cuerpo. Estas semanas he podido tener durante dos semanas seguidas, todos los días, a un grupo de estudiantes italianos súper dispuestos y colaboradores, además de entusiastas. Como no siempre es así, porque toca adaptarse a grupos muy diversos, con pocas ganas de probar cosas nuevas, organicé las clases de manera que las comenzábamos y terminábamos con uno de estos ejercicios, en los que se trabajaba la relajación directa, la respiración, el estiramiento de los músculos, etc. Afortunadamente, como os digo, han sido un grupo tan colaborador que he podido probar todas las cosas que durante el año me pienso muy mucho de utilizar. Algunas de las chicas, sin embargo, me comentaron que se encontraban raras haciendo cosas así, porque nunca lo habían hecho en el colegio, instituo, o universidad. De nuevo, como si el cuerpo nos sobrara, porque solo sirve para sostener nuestra cabeza. Me recuerda mucho a ese vídeo que hace unos años se hizo viral en Internet, sobre todo en los interesados o relacionados con el mundo educativo, de Ken Robinson, en el que mencionaba cómo hay gente con una mente híperdesarrollada, pero con poquísimas habilidades corporales.