Mi primera incursión en Coursera: Internet History, Technology and Security

Vale, no es  la primera vez, porque me apunté a dos cursos hace unos seis meses, y no fui capaz de pasar de la tercera semana. Los dos anteriores,  Fundamentals of Online Education: Planning and EducationE-learning and Digital Cultures se me hicieron bastante cuesta arriba. ¿Por qué? Una de las razones principales es que recibía miles de mensajes de correo (y no estoy exagerando) en mi carpeta de entrada.  Me veía incapaz de llegar a leer ni la décima parte de los mensajes que el resto de los participantes escribía. Incluso seguí a alguno de ellos por Twitter. La realidad es que esto era muy poco realista, porque en el primero de los cursos estábamos matriculados más de 7000 personas. También era necesario que cambiara un poco el chip. Tengo mucha experiencia con la enseñanza en línea digamos más tradicional, en la que el número de los estudiantes está más controlado y donde el tutor o tutores hacen un seguimiento de su participación. En este sentido me veía muy perdida. Si en un curso “normal” tardaba en adaptarme una semana, iba conociendo a los compañeros, me ponía al día con lo que se nos pedía, etc., en estos dos cursos todo eso me parecía inabarcable. Me recordaba a mí misma a la gente que me dice que tengo mucha fuerza de voluntad por ir a nadar a la piscina por libre, sin estar matriculada en ningún curso. Al principio me uní a uno o dos grupos de trabajo, pero apenas aporté más que una o dos ideas un poco manidas y abandoné sin más. Vaya, que me faltaba o echaba de menos el acompañante docente, que se dice, aparte de que me pudo la inseguridad. Así que sí, en mi opinión para seguir uno de estos cursos se necesita bastante disciplina y ser capaz de ceñirte a los objetivos que te hayas marcado. Y dedicarle tiempo. El tutor??? (¿cómo hemos de llamarles, tutores, facilitadores, instructores?), Charles Severance o Dr. Chuck (en el vídeo de presentación nos decía que unas 3 o 4 horas a la semana, aunque ya sabéis que si realmente te lo tomas en serio son unas cuantas horas más. En mi caso, mis objetivos no son demasiado ambiciosos: leer los documentos que se vayan subiendo, ver los vídeos con las lecciones, leer los foros e intentar participar en alguno de ellos, terminar los quizzes y exámenes, y ya. Como os digo, tengo mucha experiencia en cursos en línea y siempre he dedicado muchas más horas de las que se nos decía (creo que esto nos pasa a todos) para llevar adelante el curso. Me siento culpable. No es que no me interese, es que encuentro demasiado fácil abandonarlo por otras tareas para mí más urgentes o más gratificantes. Y no hay nadie que me “obligue” o lleve por el camino de la buena estudiante en línea. Pero lo voy a intentar y aprovecharme de la experiencia tanto como pueda.

Por otra parte, hay una cosa de este curso en concreto que me llama la atención muy positivamente: la implicación y compromiso de Charles Severance con lo que está haciendo. Todos los materiales (Power Points, PDF, vídeos…) están a nuestra entera disposición, de modo que los podemos incluso utilizar en nuestra clase, hacer cambios en ellos, aunque claro, no re-publicarlos. Ahora que algunos o muchos se preguntan si Coursera y plataformas similares  proponen no solo un modelo de negocio solvente, sino incluso si es posible que pueda mantenerse proporcionando una enseñanza de calidad, merece la pena dedicar un poco de tiempo a reflexionar sobre ello. Curiosamente, a través de una amiga de Facebook, llegué a una serie de artículos publicados en la sección de Educación en El País y la verdad es que creo que es hora de abrir el debate de verdad (sí, hay gente que ya lo está haciendo). Entiendo que los MOOCS han revolucionado un poco, un poco bastante más bien, el panorama de la enseñanza en línea. Entiendo también que surjan dudas, sobre todo en lo referente a cómo es posible realmente ofrecer una enseñanza de calidad con un número tan alto de participantes, con una evaluación tan poco personalizada, o sin la presencia de un tutor que te acompañe a lo largo del aprendizaje, pero bueno, tampoco creo que sea mala idea el hecho de enfrentarte a los comentarios y evaluación de tus propios compañeros de curso. La realidad es que tengo, como siempre, muchas dudas, aunque veo más los posibles beneficios para nosotros los usuarios que otra cosa, y no todos los peligros que se empiezan a vaticinar. ¿Cuándo si no hubiera podido hacer yo un curso de la Universidad de Michigan con el Dr. Chuck?

Predominio audiovisual vs. escritura

Hace unos días empecé la lectura de La comunicación jibarizada, de Pascual Serrano y… todavía sigo en ello, pero he de decir que después de las primeras páginas no podía salir de mi asombro. Me ha gustado mucho siempre lo que he leído de él sobre los medios de comunicación, y quiénes están detrás, pero estos primeros capítulos me han dejado un poco turulata. Sí, yo también a veces pienso como Nicholas Carr que no soy capaz de concentrarme como antes, que recuerdo muchas menos cosas y que, en general, me cuesta terminar artículos de revistas y libros. Porque TECLADO ESCRIBIRno tengo tiempo, y porque sí, si no es una llamada, son los mensajes de Whatsapp, o que compruebo mi correo cada cinco minutos, o que me entretengo si veo que me mencionan en Twitter o Facebook. Por eso cuando quiero estudiar de verdad prefiero ir a una biblioteca donde no tengo acceso a Internet, porque sé que de otra manera me disperso y pierdo el hilo fácilmente. Pero creo también que pensar que el dominio de lo audiovisual nos llevará a una pérdida irremediable de la capacidad de reflexión, de análisis, de crítica, es un pelín exagerado. No lo digo yo, lo dicen muchos estudiosos de esto que ahora se llama literacidad, o más bien, multiliteracidad: estamos asistiendo a un cambio de paradigma, una época en la que lo audiovisual ejerce un dominio absoluto sobre cualquier manifestación escrita. Cambio de paradigma, o una vuelta (casi, si nos olvidamos de lo multimedial, si nos atenemos solo a la imagen) a lo que se vivía antes de la irrupción de la imprenta, o en muchas otras culturas. Y en principio, esto no debería ser considerado como negativo. Digámoslo así: con cada nuevo invento (papiro, manuscrito, papel, libro impreso), hemos tenido que enfrentarnos a cambios que han modificado no solo nuestra manera de enfrentarnos a la lectura y escritura, sino también nuestra manera de pensar. E Internet, los nuevos dispositivos, las nuevas herramientas de comunicación, parecen mandarnos un mensaje claro: la palabra escrita ha dejado de ser el único emblema o paradigma del conocimiento. En cualquier caso, y como he empezado la entrada hablando del libro de P. Serrano, he de decir que sí comparto su visión crítica sobre la tecnología que se nos viene encima, que aceptamos y reverenciamos sin rechistar y con la fe de los creyentes. Pero en fin, esa es otra historia…