Aprender usando el cuerpo (y la mente)

Recuerdo que hace ya unos años, cuando empezaba a dar clases de español más en serio, en Holanda, di con un ejercicio de relajación en el manual de Virgilio Borobio Nuevo Ele que me encantó. Nunca lo había probado en una clase de español y, aunque me sentía un poco insegura al principio pidiendo a mis estudiantes cerrar los ojos, dejarse llevar, visualizar colores… lo repetí durante meses, con distintos grupos, con resultados variables. El caso es que me olvidé de esta actividad hasta que hace algo más de un año empecé a coleccionar y leer textos relacionados con lo que en inglés se llama mental imagery (entiendo que en español se puede traducir como “visualizaciones”, pero no sé si esta es la traducción más común u ortodoxa). Os paso los nombres de los libros que ofrecen algunas de estas actividades y explicaciones sobre por qué se utilizan y las posibilidades que ofrecen para facilitar el aprendizaje (unas minas todos ellos, vaya):

1) Seeds of Confidence, de Verónica de Andrés y Jane Arnold.

2) Imagine That!, de Jane Arnold, Herbert Putcha y Mario Rinvolucri.

3) Drama Techniques, de Alan Maley y Alan Duff.

En español, aparte de las traducciones no he encontrado demasiado, aunque sé que se emplea de manera habitual en los entrenamientos y, sí, en las clases de yoga. Me llama particularmente la atención, porque siempre he pensado que aprendemos con todas las partes del cuerpo, y que precisamente por eso no debería ser tan grande la desconexión entre mente y cuerpo. Estas semanas he podido tener durante dos semanas seguidas, todos los días, a un grupo de estudiantes italianos súper dispuestos y colaboradores, además de entusiastas. Como no siempre es así, porque toca adaptarse a grupos muy diversos, con pocas ganas de probar cosas nuevas, organicé las clases de manera que las comenzábamos y terminábamos con uno de estos ejercicios, en los que se trabajaba la relajación directa, la respiración, el estiramiento de los músculos, etc. Afortunadamente, como os digo, han sido un grupo tan colaborador que he podido probar todas las cosas que durante el año me pienso muy mucho de utilizar. Algunas de las chicas, sin embargo, me comentaron que se encontraban raras haciendo cosas así, porque nunca lo habían hecho en el colegio, instituo, o universidad. De nuevo, como si el cuerpo nos sobrara, porque solo sirve para sostener nuestra cabeza. Me recuerda mucho a ese vídeo que hace unos años se hizo viral en Internet, sobre todo en los interesados o relacionados con el mundo educativo, de Ken Robinson, en el que mencionaba cómo hay gente con una mente híperdesarrollada, pero con poquísimas habilidades corporales.

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Grupos de discusión ¿en la clase de español?

A principios de julio asistí a un curso en el Cervantes de Alcalá sobre técnicas cualitativas de investigación, en concreto la entrevista y chan chan, el grupo de discusión. Como empecé el doctorado en noviembre del año pasado y ha sido un año muy intenso en todos los sentidos, lo cierto es que siento que voy muy retrasada, y no he podido iniciar ni plantearme iniciar la investigación con estudiantes. Pensaba que podía ser una manera 1) de familiarizarme más con la investigación cualitativa (el año pasado en el máster que hice TODO era cuantitativo, parecía que era la ciencia con mayúsculas…) y 2) darme ideas y fuerzas para seguir con mi tesis. Algunos compañeros comentaban que habría sido interesante que se nos ofrecieran ejemplos de cómo aplicar esas técnicas en nuestras clases, algo que no me parecía tan importante. Creo que a veces los profesores de ELE solo tenemos interés en lo que se desarrolla en nuestro mundo de la enseñanza de lenguas, y que los cursos tienen que dirigirse siempre en esa dirección. Por el contrario, creo que todo lo que hagamos, relacionado o no con la enseñanza, de alguna manera enriquecerá nuestras clases, haciendo que podamos abrir nuestro campo de acción… En fin, durante las dos sesiones, entre otras cosas, llevamos a cabo dos ejercicios prácticos con entrevistas y, claro, grupos de discusión. ¿Qué saqué en claro? Sobre todo lo difícil que resulta ser capaz de mantener los silencios, aguantar hasta que arrancan, se decidan a hablar, no se atasquen con algo, y no te lances tú cuando no te toca a contar lo que tienen que contar otros. Pensé que estaría bien poder usarlo, con un objetivo diferente (es decir, no orientado a la investigación), con uno de los grupos de nivel C1, e italianos, que tengo durante estas semanas. Mi primera impresión: difícil que los estudiantes lo vieran como una discusión abierta y participativa, ya que en muchas ocasiones parecían hablar más para que yo escuchara o aprobara, en lugar de debatir y charlar con el resto de los compañeros sin esperar con la mirada mi aprobación e intervención. Por lo visto la duración de estas discusiones va de la hora y cuarto hasta la hora y cuarenta y cinco minutos, pero estaba casi segura de que más de treinta minutos iba a ser demasiado para ellos. Así que tras la presentación del tema, “Aprender español”, y la explicación de mi papel y su tarea (ocho personas en el círculo, tres anotando todo lo que iba saliendo en la charla), nos pusimos a la tarea. El tema, teniendo en cuenta que se trata de estudiantes de lenguas, hizo que salieran muchas cosas que estoy segura trabajan en sus clases de la Universidad de Catania: estrategias de aprendizaje, la facilidad para los italianos de aprender español, la necesidad de abordar también los elementos socioculturales, por ejemplo. La idea era utilizar esa información para reflexionar sobre lo que piensan sobre aprender español, y emplearla en la elaboración de recetas que nos puedan ayudar a conseguirlo, aunque esta última parte no dio tiempo a hacerla. Voy a darle una vuelta más a cómo se podría usar mejor en el aula.