Cambiemos ELE

Ayer fui al encuentro propuesto por @ProfesionELE  para reflexionar sobre la situación y condiciones laborales de los profesionales de nuestro sector que, asumámoslo, en general no son buenas. Gracias a esta iniciativa descubrí algunos artículos (¡¿cómo es posible que no los hubiera leído antes?!) en los que se aborda la mercantilización de la enseñanza del español, y los discursos oficiales sobre el español en el mundo como industria y recurso económico. Muy esclarecedores ambos, porque de repente consigues entender que el hecho de que la creciente precarización y los mensajes grandilocuentes anden de la mano no es nada casual. Por una parte, lo que se ofrece a los estudiantes/clientes es el pack completo: una experiencia global, en la que el aprendizaje del español es la guinda, aunque lo importante siempre es que disfruten, que lo pasen bien, de manera completamente acrítica. Y por otra, especialmente a partir de la crisis, una forma de escapar ante la falta de empleo y oportunidades para miles de jóvenes españoles. De ahí el auge en los últimos años de los programas de formación, muchas veces dirigidos a este perfil de futuros profes de español que diría desconocen en la mayor parte de ocasiones la realidad del mundo ELE, y que no suelen permanecer demasiado en esto. Pero bueno, esa es otra historia…

La intervención de Alberto Bruzos creo que consiguió 1) poner palabras a algo que la mayoría de profes intuimos, pero difícilmente podíamos articular de manera tan clara, y 2) poner nombres y apellidos a algunos de los responsables de la situación actual. Algunos de los datos e informaciones, de hecho, levantaron murmullos en la sala. Como cuando se hizo referencia a las declaraciones de Mari Carmen Timor, presidenta de FEDELE, en el canal de Youtube de TV ProfeDeELE (2015), en las que definía bien a las claras en qué consiste en su opinión nuestra labor profesional. Y aquí copio/pego directamente del artículo de Bruzos y Méndez Marassa del que os he hablado antes, y cuya lectura os recomiendo desde ya.

“El profesor de nuestras escuelas no es un profesor de universidad o de instituto, que viene, que da una clase magistral, y punto. Es otro tipo de trabajo. Deberíamos darle incluso otro nombre, ¿no?, describirlo con más amplitud. Son profesores de español, son profesores de idioma, de cultura, teoría y pragmática, de la lengua en acción, son el nexo del estudiante con la cultura española. (…) Realmente es algo más bien turístico. Es decir, el alumno sale de la clase y quiere seguir encontrándose con el profesor en sus pequeñas experiencias en la calle. Están deseando a ver si el profesor les acompaña a visitar este museo o hacer la cena de rigor, o de tapas. Yo creo que nuestro sector de enseñanza es tan unido al turismo que deberíamos de (sic) calificarlo de otra manera. En ello estamos.”

¿Os ofende esto tanto como a mí? Pero tiene sentido, ¿verdad?. Algunas compañeras compartían experiencias muy reveladoras y comunes, por otra parte: visitas a la Alhambra como parte de las clases, salidas con los estudiantes a tomar tapas (pero ellas se pagaban sus propias tapas) o bailar flamenco, etc. Convendréis conmigo en que si se pretende que este sea nuestro único desempeño, hay una clara disonancia con la formación que se nos pide. No conozco a nadie en otros sectores que se forme tanto como nosotras, en ocasiones por encima de nuestras posibilidades y de las expectativas que se tienen sobre lo que hacemos. Y por ahí no paso, NO quiero pasar. Todos y cada uno de los cursos, másteres, etc., que he llevado a cabo me han costado muchísimo esfuerzo económico y personal. Con la sensación en los últimos años, además, de que es un viaje a ninguna parte, especialmente si lo que se espera de mí es que sea el nexo del estudiante con la cultura española. Y aquí prefiero no seguir, porque la lectura de estas palabras y el recordatorio durante la presentación de Alberto realmente me hicieron hervir la sangre, y creo que lo mismo sintieron las ochenta personas presentes el día de ayer.

También mencionó la posición hegemónica del Instituto Cervantes: deciden qué se enseña (currículo), tienen el monopolio de la certificación (examen de nacionalidad, DELE, SIELE), y ahora además ofrecen la preparación del SIELE. Y esto, compis profes, da que pensar. ¿Llegará un momento en el que competiremos con el Cervantes? Imaginad que combate más desigual, no lo quiero ni pensar.

Bueno, se presentaron también algunas alternativas. La que a mí me parece más interesante es la presentación de la Asociación Ele-UK, una asociación de profes de español en universidades y centros de formación en Reino Unido, con el objetivo de constituirse como una plataforma en la que se compartan experiencias profesionales y de investigación. Ah, la investigación, esa gran olvidada en ELE. Si tienes, como algunas compañeras comentaban ayer, jornadas que oscilan entre las 30 y las 60 horas (en serio, ¿alguien piensa que dando 35, 40, 50 o 60 horas a la semana de clases puede salir algo bueno?), ¿tienes tiempo de investigar, plantearte nuevos retos que enriquezcan las investigaciones que ya existen, y que te permitan avanzar? Pues yo diría que no…

No sé, creo que este tipo de encuentros propician siempre cosas positivas. Como poco, ha generado una discusión en Twitter, en algunos medios, y en persona ayer, sirviendo (al menos en mi caso) para sentirte menos sola. Algo hay que hacer, esto no puede quedarse aquí. No nos podemos resignar al futuro de trabajadores turísticos que pretenden imponernos. Ni a jornadas maratonianas, trabajando festivos y fines de semana. Ni a sueldos no acordes con nuestra cualificación y desempeño. Así que os dejo por aquí el documento colaborativo en el que se ha estado trabajando, para que lo podáis leer y aportéis ideas.

En fin, muchas gracias a las organizadoras por todo (la web, la organización de la jornada, la difusión…) el trabajo llevado a cabo. Es una excelente oportunidad para que trabajemos pensando en un futuro mejor, y creo que no podemos desaprovecharla.

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