El siglo XXI según Marc Prensky…

En estos momentos estoy liada con un libro que llegó hace pocos días a mi casa (Amazon, sí): From Digital Natives to Digital Wisdom, de Marc Prensky. Se trata de una colección de ensayos que recogen las ideas y pensamientos del autor sobre la educación del siglo XXI. A mí me ha llamado mucho la atención el que precisamente sirve como epílogo (los voy leyendo a saltos), en el que habla de nativos digitales y sabiduría digital. En un mundo como el nuestro, profundamente imbuido por el uso de la tecnología, no tiene sentido ya distinguir entre nativos digitales e inmigrantes digitales. Cabe hablar, entonces, de sabiduría digital, un concepto relacionado, por una parte, con el aumento de nuestra capacidad cognitiva gracias al uso de la tecnología; y por otra, con el hecho de poder aprender más del uso de la misma para mejorar nuestras capacidades. Pero, ¿cómo puede la tecnología hacernos más sabios? Nos permiten, fundamentalmente el acceso rápido e ilimitado a una cantidad inmensa de datos, de tal manera que favorecen:

1)  la  toma de decisiones más certeras o ajustadas al contexto de cada situación;

2) un análisis más profundo de los datos;

3) planear y priorizar nuestra toma de decisiones;

4) acceder a los pensamientos de los otros (sí, sí, leer la mente, establecer comunicación directa de cerebro a cerebro);

5) explorar perspectivas alternativas a las habituales.

Claro, como siempre hay objeciones a este uso de la tecnología, con argumentaciones tan populares como la de Nicholas Carr, que se preguntaba si Google nos estaba haciendo más y más estúpidos, ay. En fin, me toca asimilar tanta información y continuar, claro, con la lectura de todos los ensayos.

Mesa redonda en Eoi sobre lengua digital e industria

 

Ayer fui a una mesa redonda en EOI donde se hablaba precisamente de eso, de la lengua digital y, en principio, las inmensas posibilidades de negocio, de conocimiento, que un momento como este propicia. No es por nada, no suelen abundar las conferencias en las que, aunque sea de manera tímida, se nos diga a filólogos y lingüsitas que sí, que claro que se puede y debe hacer negocio con nuestros conocimientos, que los informáticos son muy buenos comunicándose con las máquinas pero que somos nosotros los que tenemos que encargarnos de estudiar, describir… la lengua. En fin, me reafirma en mi pensamiento de que tal como están las cosas si no tenemos el trabajo que queremos (porque no existe, porque no parece interesar, etc.), tendremos que crearlo nosotros.

Bueno, durante la primera parte de la charla, se abordó el paso del papel al mundo digital, ese que da tanto miedo a algunos. El ponente, José Manuel Lucía Megías, recordaba el gran salto de la oralidad a la escritura, el miedo del momento a la pérdida de interacción que se producía con el texto escrito, y cómo gracias al texto digital encontramos de nuevo elementos perdidos durante muchos siglos. En concreto, la posibilidad de rescatar la oralidad e interacción con aquellos que nos leen. Por otro lado, también se habló de las voces críticas contra la tecnología que a partir del siglo XV permitió el crecimiento y desarrollo de la industria del libro, una industria que en lo fundamental no presenta muchas diferencias con la actual. Es decir, para ambas su centro de atención es la producción de objetos, los libros, y parece que ese es el motivo por el que en general lo que se enfrenta es el mundo de los libros en papel y los dispositivos, en lugar de centrar el debate en el cambio que se está produciendo en los medios de difusión, que son muchos y muy variados. El segundo ponente, Luis González Martín, se centró más en el papel de los lectores como sujetos que realizan un ejercicio de curiosidad. Está claro que este papel no cambia, independientemente del medio que utilicemos, pero la lectura digital implica un carácter más socializador. La lectura no es tan solitaria, se comparte. El libro ya no es un objeto cerrado y casi sagrado. Los lectores no solo leen textos, sino que también deben interpretar imágenes. También hubo espacio para los profes de español. Daniel Escandell nos habló de redes sociales dedicadas a la enseñanza de lenguas (bueno, ya sabéis, Babbel, Livemocha, Babelyou…), de la integración de las nuevas tecnologías en el aula, la asencia de material en ELE que tenga en cuenta de manera consecuente los cambios que se están produciendo… Me pareció un poco difusa la intervención, pero reconozco que si te dedicas a dar clases de español, te interesan las nuevas tecnologías e investigas sobre eso, pues claro, cualquier cosa te sabrá a poco. La parte del final, sobre computación, muy interesante, aunque eran tantas las ideas que dejé de apuntar y me quedé con algo que me llamó mucho la atención y en lo que nunca había pensado: ¡la rigidez de la Wikipedia!, en el sentido de que son entradas en principio dirigidas a un mismo tipo de usuario, y en las que no se tiene en cuenta el nivel de dificultad o conocimientos del que las lee. ¿Imagináis una Wikipedia para niños?

No lo he dicho antes, pero me gustaría mencionarlo. Las personas organizadores del evento son del Molino de ideas, gente a la que creo merece seguir la pista, porque están haciendo cosas interesantes.

Diez posibles actividades de escritura en Twitter… con estudiantes de español

Antes de nada, creo que merece la pena dedicar un tiempo a pensar cómo podemos organizar a los estudiantes y sus respectivos grupos. La opción que mencioné en la entrada anterior de GroupTweet es la más conveniente. Me pasé parte de la noche intentando ver cómo funcionaba, de manera que creé una cuenta y me añadí a mí misma y varios amigos en Twitter como miembros. Para que ellos puedan publicar y salga directamente en esa cuenta, primero tienen que seguirla y después, lo único que tienen que hacer es escribir via @nombredelacuenta + su nombre (para que sepáis quién lo envía) + su mensaje. No he probado todavía a crear grupos privados, pero también da la posibilidad de hacerlo. Lo bueno, en cualquier caso, es que abiertos o privados, podamos tener accesibles en una sola cuenta los mensajes de los estudiantes. Una vez que ya sabemos qué herramienta utilizaremos y las prestaciones que ofrece, podemos pensar en adaptar actividades de escritura para llevarlas a cabo a través de Twitter. Empecemos, pues…

1) Escribir frases a partir de una imagen. Lluvia de ideas en la que pedimos a los estudiantes que den entre 10 y quince palabras que les sugiere. Escriben frases utilizando siete de las palabras que han surgido durante la lluvia de ideas. Otra idea puede ser, tal vez para un nivel más alto, que en lugar de escribir frases con las palabras de la lluvia de ideas, lo hagan con sus sinónimos, o incluso con sus antónimos. (Adaptada de Christine Frank y Mario Rinvolucri).

2) Lluvia de ideas para repasar el vocabulario que hemos visto en la última clase, o antes de terminar, relacionadas con uno o varios campos semánticos. Se les pide que escriban una definición para alguna de las palabras que han ido saliendo. El resto tiene que adivinar de qué se trata.

3) Repaso de los tiempos verbales. Escribimos vivo, viví, vivía, he vivido, había vivido, viviré, viviría, me gustaría vivir, habría vivido… Bueno, dependerá del nivel de los estudiantes. Se les pide que continúen las frases. Esta parte está tomada tal cual de Christine Frank y Rinvolucri. Ellos después proponen intercambiar sus frases con los compañeros, que señalarán aquellas que han despertado más su interés. Claro, hay que pensar algo diferente, porque ¿cómo se las pueden intercambiar aquí? Tal vez pueda funcionar la parte del principio como actividad de precalentamiento en un grupo nuevo, que no se conoce mucho. Se les puede organizar por parejas después para que se hagan preguntas en función de la información proporcionada por las frases. Incluso pueden usar esa información para presentarlos después.

4) Cinco frases y una falsa. Esta es la típica actividad que a menudo hago para que los estudiantes conozcan un poquito más de mí. Escribo cinco frases, una de las cuáles no es verdadera. Las leen y tienen que adivinar cuál de ellas es mentira. Se les pide hacer lo mismo: escriben cinco frases en la que incluyen una con información falsa y el resto tiene que adivinar de cuál se trata.

5) Construir historias colaborativas. Esta está tomada, de nuevo, de Christine Frank y Mario Rinvolucri. Ellos la llaman “Sandwich Story Technique”. Escribimos la primera parte de la historia:

Los tres vivían juntos en el pueblo: la madre, el padre y el hijo de tres años. No eran los más pobres del pueblo. La madre no era una mujer feliz.

Se les pide que escriban tres frases negativas sobre la familia y el pueblo. Cuando han terminado, escribimos una nueva parte de la historia:

Y entonces un día, se declaró la guerra y el padre tuvo que alistarse en el ejército. ¿Qué significaba la guerra? ¿Qué le pasaría al padre?

Se les pide que escriban tres preguntas más. Cuando han terminado, dictamos la siguiente parte de la historia:

El hijo preguntaba muchas veces a su madre: ¿Dónde se ha ido papá? Pero el niño preguntaba muchas más cosas.

Se les pide que escriban dos preguntas más del niño a la madre. Continuar con la historia una vez han terminado de escribir:

Era de noche y el niño preguntó de nuevo por su padre. La madre, que estaba cerca de su cama, encendió una vela y señalando a la sombra que esta hacía, dijo: “Mira, ahí viene tu padre”.

Se les pide que escriban cinco frases en las expliquen cómo es la vida de la madre y del niño sin el padre en el pueblo. Continuar con la última parte de la historia:

El padre-soldado fue herido en la guerra. Volvió a casa, llegó hasta la ventana y vio a su hijo jugando dentro. Entró y le cogió en brazos. El niño le preguntó quién era. “Soy papá”. “Tú no eres mi papá. El siempre viene por las noches.”

Se les pide que escriban un pare de frases más, para conseguir terminar la historia. Podemos pedirles que elijan cuál creen que es el mejor final, con una encuesta por ejemplo, a través de Twtpoll. La primera parte puede desarrollarse de manera síncrona, mientras que la parte en la que deciden y votan por el mejor final, podemos dejarlo para tarea asíncrona.

6) Los lectores, los fans, los estudiantes, los seguidores… preguntan. Una de las actividades que proponía Jane Bozarth era precisamente la de organizar charlas con expertos. Esa podría ser una opción. Se me ocurre que también se podría plantear como un role-play, en el que repartimos los papeles entre los estudiantes, y se les da instrucciones para que tanto sus preguntas como sus respuestas se ajusten al personaje que se les haya asignado.

7) Aforismos, chistes, moralejas, refranes, cuentos breves-breves…

8) Speed writing. Como actividad de precalentamiento, antes de una clase, antes de un examen escrito, por ejemplo. Planteamos un tema, y decimos a los estudiantes que tienen 90 segundos para escribir lo que quieran, aunque se les pide que escriban frases completas, y no listas de palabras. Terminados los 90 segundos paramos y les pedimos que cuenten el número total de palabras que han escrito. De nuevo, planteamos un tema para que los estudiantes escriban, en este caso durante 120 segundos.

9) El libro en un tuit. Joanne Collie y Stephen Slater plantean una actividad en la que los estudiantes deben expresar su opinión sobre una obra literaria en solo 50 palabras. ¿Y por qué no en un tuit?

10) Expandiendo textos. Escribimos un verbo e invitamos a los estudiantes a escribir una, dos o tres palabras como máximo por turno. No pueden borrar nada de lo que hayan escrito los compañeros, aunque sí modificar la puntiación. Variación: se les puede permirtir que cambien el orden de las palabras escritas por los compañeros. (Adaptada de Penny Ur y Andrew Wright).


Bueno, tengo que darle una vuelta a todo esto y, claro, probarlo con mis propios estudiantes para ver si funciona y sobre todo cómo hacerlo y en qué momento plantear estas he escrito como ejemplo u otras similares.

Y cosas que se pueden hacer en Twitter con los estudiantes

Aquí sigo con mi investigación particular sobre Twitter. Ya lo he dicho, ¿verdad? Que uso mucho más Facebook y que me manejo mejor en ella, fundamentalmente porque me he pasado mucho tiempo frente al ordenador probando aplicaciones, viendo lo que funciona o no, abriendo páginas y grupos… En fin, hace un par de meses compré Social Media for Trainers: Techniques for Enhancing and Extending Learning (Essential Tools Resource). Entre unas cosas y otras, abandoné la lectura justo cuando llegué a la parte en la que explicaba algunos de los creativos usos que podemos hacer de Twitter. La verdad es que a mí me ha servido mucho para tener más claro, gracias a los ejemplos y muestras concretas, lo que yo podría hacer con mis estudiantes en las clases de español y en las sesiones de formación.

Antes de nada, yo abriría una cuenta para el grupo o curso. He estado mirando cómo funciona GroupTweet (aparece citado en el libro) y parece bastante útil, por lo que he estado probando. Permite que los miembros del grupo que organices escriban desde la misma cuenta, ver fácilmente todas las aportaciones de los compañeros y que las conversaciones estén más centralizadas (nuestro, al menos mío sí, principal temor en Twitter), facilitar la moderación, entre otras cosas. Seguro que hay más como este, claro… Una vez creada la cuenta y grupo, cito algunos ejemplos vistos en Jane Bozarth que, como os digo, han sido esclarecedores para mí:

1) Organizar sesiones de chat que tengan lugar a una hora fija, y bajo el mismo hashtag o etiqueta.

2) En lugar de hacerles presentarse en un foro, por ejemplo, pedirles que lo hagan a través de Twitter. Cuando lo he visto, he pensado inmediatamente en el tipo de actividades rompehielos que Gilly Salmon describe en E-actividades, y pienso que la mayoría de ellas podrían adaptarse para Twitter. Por ejemplo: mandar un enlace con una imagen, un vídeo, una web… que les represente y explicar brevemente por qué; ofrecer consejos sobre cómo sobrevivir a un curso en línea, de español, etc.; pedirles que se mensajeen a a través de Twitter con uno de sus compañeros, para que luego en los foros, en la clase, en una sesión grupal de chat, informen al resto sobre lo que han averiguado; ayudar a crear gracias a las contribuciones de todos los miembros las normas del grupo…

3) Organizar charlas con expertos.

4) Organizar debates. Esta me ha encantado, y creo que a mí sola no se me hubiera ocurrido. Se me ocurre que se les podría asignar papeles (unos moderan, otros toman acta de lo más importante y relevante, para ponerlo posteriormente en común) y posturas (los moderados, los que están a favor, los que están en contra).

5) Role plays.

6) Y de lo ejemplos que ella ofrece (hay más, pero he elegido los que más me gustan), termino con la famosa lluvia de ideas. Ella propone hacer un pequeña encuesta para sondear las opiniones de los estudiantes sobre algún tipo.

¿Se os ocurren más usos? Ahora mismo estoy rodeada de libros sobre escritura, dinámicas de clase, actividades para el aula… pensando cómo podría adaptarlas pensando en Twitter, así que ya tengo trabajo para los próximos días.