Cuando no sabes nada de los alumnos…

Me hace gracias muchas veces cuando veo en grupos de Facebook de profes o en hilos en otras redes sociales preguntas sobre qué hacer cuando no sabes nada de los alumnos que vas a tener la semana o días siguientes: edad, nacionalidad, nivel, etc. Y digo que me hace gracia, porque esa es mi experiencia general. Tienes el nombre, la edad, pero jamás conoces el nivel con exactitud. Una vez me tocó un grupo de adolescentes irlandesas a las que la coordinadora dividió en dos grupos: suficiente (las que finalmente tuve yo), y notable. No sé por qué intuí que a pesar de que habían estudiado español durante dos años su nivel era un A1 y que debíamos empezar por gustos o acciones habituales, de manera que si el nivel era más alto, podría meter contenidos un poco más complejos, y si era más bajito, pues cruzar los dedos para que al menos pudiéramos trabajar con las acciones que hacían habitualmente o lo que les gustaba hacer. Y llevar mucho material diferente (tarjetas para memory, dados para los verbos, dados de Rory, etc.) para poder “improvisar”…

En otras ocasiones las respuestas son menos frustrantes (a ver, ¿para qué existe el Marco y los descriptores si hay profes que clasifican a sus alumnas de semejante manera?), pero insuficientes. Por ejemplo, les vas a tener tres, cuatro, cinco días a lo sumo, y te piden que hablen, que hablen mucho, y que han visto hasta el Pretérito Indefinido. Sin más indicación. Casi siempre, la realidad es otra.

Así que me he dado cuenta de que, como es bastante complicado conseguir ese tipo de información antes de que comience el mini curso, lo más inteligente es plantear una primera clase ni muy fácil ni muy difícil y preguntar, de maneras diferentes, a los alumnos que conocen muy bien, así así, o quieren o creen necesitar aprender. Ya hablé en otra entrada de la actividad de pre-evaluación del semáforo (adaptada de Encina Alonso) y hasta el momento me ha funcionado muy bien.

 

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Entregas al principio de la clase a cada uno de ellos varias tarjetitas de colores, como las que tienen los semáforos, y les explicas que tienen que levantar una tarjeta de un determinado color en función de cómo se sienten ellos en relación a determinado contenido. Otra opción es entregarles postit de colores diferentes (pueden ser esos mismos colores), y pedirles que escriban y cuelguen en diferentes partes de la clase (en tres paredes diferentes, por ejemplo) 1) tres cosas que piensan que saben hacer muy bien en español; 2) tres cosas que tienen que revisar o mejorar; 3) tres cosas que quieren hacer o repasar durante los días de clase que tengamos. De esta manera, se hace evidente para ti y el resto de la clase los puntos en los que coinciden.

¿Qué hacéis vosotros en situaciones de este tipo? ¿Os ponéis tan nerviosos como yo?

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¡Tesis TERMINADA!

Pues parecía que no, pero sí, hace una semana conseguí entregar mi tesis. Aunque como todavía me queda defenderla, no siento que haya terminado del todo con esto.

A lo largo de este proceso, largo, unos cuatro años y medio, lo más difícil ha sido precisamente que no veía nunca el final. Y el hecho de vivirlo como un trabajo que tenía que hacer cuando terminaba con mis otros trabajos, que en ocasiones han sido varios al mismo tiempo. Pero sobre todo, más que la falta de tiempo, o de energía, ha sido la soledad. Es un poco difícil de explicar, porque en realidad lo único que tienes que hacer es centrarte, leer mucho al principio, acotar la investigación y ponerte a escribir. Para una persona indecisa como yo pues no ha sido tan sencillo. En cualquier caso, la presión de saber que tenía que terminar ha sido fundamental: no tenía tiempo de pensar si lo que escribía o hacía estaba bien o mal; tocaba tomar una decisión y pasar al siguiente punto, capítulo, etc. Si te encuentras ahora en el mismo momento, sintiéndote un poco fraude o fuera de lugar mi consejo es ese: toma las riendas de tu investigación, acepta que vas a sentirte triste o débil o cansado o poco motivado o lo que sea y tira para delante. TODOS, tarde o temprano, consiguen terminar, sobre todo ahora cuando no existe la posibilidad de alargar esto hasta el infinito (afortunadamente).

Si empezara de nuevo, seguramente lo primero que cambiaría sería la (poca) seguridad con la que en ocasiones he defendido mi trabajo. Me ha costado entender que no se trata más que de un trabajo (importante, vale), con el que tienes que demostrar tu capacidad investigadora. Ni más ni menos. Y cualquiera puede hacerlo en condiciones, si dedicas un mínimo de tiempo y esfuerzo. En fin, como decía solo me queda defenderla y ¡lo más importante!, darla a conocer.

Escritura, democracia, compromiso

Este año me está tocando leer y releer y escribir bastante (hola-entrega-de-tesis-casi-inminente-por-fin). Y entre unas y otras cosas he vuelto a uno de los autores de referencia, imagino, para muchos profes de lenguas, Cassany. En concreto, uno de los apartados del primer capítulo de La cocina de la escritura: El estilo llano. En él se explica cómo durante los años 60 y 70 se inició en EE.UU. un movimiento (Plain Language Movement), auspiciado fundamentalmente por las asociaciones de consumidores, de renovación de la redacción en el ámbito de lo público y laboral. Cita como ejemplos paradigmáticos de este proceso de cambio primero un banco, el Citibank, que decidió reescribir los formularios de préstamos. Y algunos años después, el gobierno de Carter, que se propuso como meta hacer más comprensibles todas las regulaciones que se hicieran. Si bien en principio lo que se pretendía era, por una parte, facilitar el acceso a la justicia de los usuarios y, por otra, ayudar a los consumidores a tomar decisiones más informadas, en la actualidad parece que se centra más en los beneficios (rapidez, eficacia, satisfacción de los clientes) que pueden obtener no solo las administraciones públicas, sino las grandes empresas. En definitiva, para poder participar de manera más libre y comprometida en una sociedad, la ciudadanía debe poder comprender los documentos indispensables para su día a día. Como veis, nada que nos haga llevarnos las manos a la cabeza, más bien todo lo contrario.

¿Y qué tiene que ver esto con dar clase de español a extranjeros? La verdad es que últimamente, después de 10 años de trabajo en esto, me pregunto muchas veces qué sentido pueden tener algunas de mis decisiones, actuaciones, pensamientos como profe, y mi vida fuera de las aulas. El hecho de haberme pasado los últimos meses leyendo sobre lengua y habla, discurso(s), etc., desde una perspectiva sociolingüística, me ha hecho replantearme la importancia de nuestro papel. Con la lengua hacemos muchas cosas. Podemos propiciar reflexiones y cambios de la realidad en la que vivimos, hacernos visibles ante los otros y reconocer a los demás. Relacionado con estas ideas, me gusta mucho lo que J.P. Gee dice sobre cómo decidimos representar nuestra identidad, es decir, quiénes somos o queremos ser, y lo que hacemos, a través (aunque no solo) de la lengua. De esta manera, solo deberíamos enfocar el estudio de la lengua si lo hacemos en estrecha conexión con conceptos como justicia e igualdad. Suena bien, ¿verdad? Lecturas así me han ido animando en estos meses de trabajo en soledad y, en ocasiones, un poco sin saber por dónde iba. Me hacen sentir que los que nos dedicamos a esto (profes de lengua y lenguas, traductores…) tenemos una labor muy importante que a veces está muy mal reconocida, a pesar de que nuestro compromiso como profesionales y aportaciones a la sociedad sean enormes.

Fin de curso en CUHK

Pues efectivamente, el curso llega a su fin. Ha sido un bonito reencuentro: con algunas compañeras con las que no trabajaba desde hacía tiempo, y con los estudiantes de Hong Kong. Creo que fue una de las cosas que me apenó más cuando regresé a Madrid, porque realmente el entorno consigue que enseñar aquí sea una muy buena experiencia: recursos, interés por parte de las universidades y de los estudiantes, fundamentalmente. El caso es que antes de que terminara realmente el curso (solo nos queda una clase más, antes de un test y el examen oral) decidí poner en práctica una idea que vi en el curso de formación de formadores del Instituto Cervantes para recoger feedback de los estudiantes. Utilizando la comida como metáfora, colocas cartelones de tamaño A3 por las paredes del aula. En uno recoges los aspectos positivos del curso, por lo tanto es el que recibe el nombre de “delicioso”. En el siguiente les pides que escriban todas las cosas que tienen que digerir, lo que necesitan reposar y dedicar un poco más de tiempo. Por último, el “demasiado picante”, el que no les gustaría que se repitiera en el curso. Casi lloro de emoción cuando he leído lo que han escrito, pero a lo mejor es que estoy con el día sensiblero…

En fin, me da mucha pena marcharme de nuevo, porque como he dicho antes, ¡se trabaja tan a gust0! Especialmente en los cursos de verano, donde no tienes la presión que se suele sentir durante los semestres. Pero en cualquier caso, ha sido un experiencia muy enriquecedora, donde de nuevo he podido disfrutar mucho con los estudiantes y aprender con ellos.

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Traductores sí, traductores no…

No sé qué herramientas o instrumentos usáis la mayoría para estudiar lenguas… Yo por lo que siempre he empezado es por matricularme a un curso (en línea o de manera presencial, normalmente esta última opción) y luego intentar completar las clases a las que no voy por mi cuenta. ¿Cómo? Normalmente, en el caso del inglés, leyendo mucho: cosas relacionadas con el trabajo (lingüística y tecnología) y lecturas más ociosas, más ver toneladas de series en versión original en el ordenador. En el caso del chino, cosas mucho más mecánicas: escuchar audios una y otra vez y comprobar las respuestas. He descubierto que lo que mejor me ha venido ha sido estudiar pensando en un objetivo concreto, como la preparación de un examen, porque de lo contrario ni estudio, ni suelo recordar lo que he podido estudiar en el pasado.

En fin, pero hablamos de traductores, ¿no? No dejo de utilizar una aplicación que se llama CamDictionary. Traduce no solo del chino (tradicional y simplificado) al español, sino que también hace traducciones del  alemán, inglés, coreano y japonés (no lo he probado aún). Para Android es gratis, pero para iPhone, sí, hay que pagar 1,79 euros. He descubierto que sin ella no podría estudiar chino, o no de la misma manera. ¿Cómo funciona? Pasas la cámara por el caracter o caracteres que quieres traducir y, si está en su base de datos, localiza la definición en español y te indica la pronunciación. Me he dado cuenta de que no siempre acierta con la definición correcta, pero para eso me suelo ayudar de la pronunciación de la palabra, en el caso de que no esté muy segura de lo que me está diciendo. Cuando no sé muy bien cómo transcribir en pinyin (la romanización) las palabras que estoy buscando, intento encontrar la traducción de la palabra en el traductor de Google, que también tengo instalado en el teléfono. Lo que encuentro muy muy útil es el ejemplo de pronunciación que tanto CamDictionary como el traductor de Google ofrecen. Este verano, por ejemplo, para asegurarme de que el taxista que nos llevaba al aeropuerto de Pekín nos iba a entender, busqué lo que quería decir, lo escuché un par de veces en chino y lo repetí con éxito (llegamos bien, vaya). Además de estas, utilizo otras aplicaciones mucho más sencillas que son listas de las palabras que necesitas estudiar para los distintos exámenes de chino, y otros diccionarios, como Pleco, que traduce del inglés al chino.

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Creo que el hecho de ser yo misma usuaria de este tipo de aplicaciones me ha hecho ver de manera más benévola el uso que algunos de mis alumnos hacen también de ellas. Hace unos meses vi la actualización de estado de una página de traductores en Facebook donde más o menos se venía a decir que traductores electrónicos sí, pero que son solo las personas con formación las que les podían sacar mejor provecho. No me pareció una apreciación ni justa ni certera, porque de alguna manera invalida el uso que (casi) todos hacemos de ellas como aprendientes de lenguas. Imagino que la mayoría tenemos sobre esto historias para no dormir (¿alguna que querías compartir?), pero creo que las ventajas superan los inconvenientes, seamos o no profesionales de la traducción.

Predominio audiovisual vs. escritura

Hace unos días empecé la lectura de La comunicación jibarizada, de Pascual Serrano y… todavía sigo en ello, pero he de decir que después de las primeras páginas no podía salir de mi asombro. Me ha gustado mucho siempre lo que he leído de él sobre los medios de comunicación, y quiénes están detrás, pero estos primeros capítulos me han dejado un poco turulata. Sí, yo también a veces pienso como Nicholas Carr que no soy capaz de concentrarme como antes, que recuerdo muchas menos cosas y que, en general, me cuesta terminar artículos de revistas y libros. Porque TECLADO ESCRIBIRno tengo tiempo, y porque sí, si no es una llamada, son los mensajes de Whatsapp, o que compruebo mi correo cada cinco minutos, o que me entretengo si veo que me mencionan en Twitter o Facebook. Por eso cuando quiero estudiar de verdad prefiero ir a una biblioteca donde no tengo acceso a Internet, porque sé que de otra manera me disperso y pierdo el hilo fácilmente. Pero creo también que pensar que el dominio de lo audiovisual nos llevará a una pérdida irremediable de la capacidad de reflexión, de análisis, de crítica, es un pelín exagerado. No lo digo yo, lo dicen muchos estudiosos de esto que ahora se llama literacidad, o más bien, multiliteracidad: estamos asistiendo a un cambio de paradigma, una época en la que lo audiovisual ejerce un dominio absoluto sobre cualquier manifestación escrita. Cambio de paradigma, o una vuelta (casi, si nos olvidamos de lo multimedial, si nos atenemos solo a la imagen) a lo que se vivía antes de la irrupción de la imprenta, o en muchas otras culturas. Y en principio, esto no debería ser considerado como negativo. Digámoslo así: con cada nuevo invento (papiro, manuscrito, papel, libro impreso), hemos tenido que enfrentarnos a cambios que han modificado no solo nuestra manera de enfrentarnos a la lectura y escritura, sino también nuestra manera de pensar. E Internet, los nuevos dispositivos, las nuevas herramientas de comunicación, parecen mandarnos un mensaje claro: la palabra escrita ha dejado de ser el único emblema o paradigma del conocimiento. En cualquier caso, y como he empezado la entrada hablando del libro de P. Serrano, he de decir que sí comparto su visión crítica sobre la tecnología que se nos viene encima, que aceptamos y reverenciamos sin rechistar y con la fe de los creyentes. Pero en fin, esa es otra historia…

Tres cosas sobre Efquel 2012

Este año hice coincidir mis vacaciones, que suelo cogerme tarde, cuando ya nadie quiere, para poder asistir a un congreso-foro en Granada, en concreto Efquel (European Foundation for Quality in e-Learning) 2012. El caso es que era la primera vez que iba a un congreso de estas características, normalmente asisto a aquellos más relacionados con la enseñanza de lenguas, lingüística… y creo que mis expectativas no tenían mucho que ver con lo finalmente resultó ser (ay). En cualquier caso, como he dicho otras veces, es bueno salir de nuestro campo de confort y seguridad e intentar ver que se hace fuera del ámbito lenguas-ELE. Tres cosas que no conocía y que me han llamado tanto la atención como para seguir investigando sobre ellas:

1) Marco Cynefin (en inglés lo llaman The Cynefin Framework). ¿Lo habíais escuchado alguna vez?! El término, de origen galés, por lo visto fue acuñado por Dave Snowden y se utiliza para describir problemas, situaciones y sistemas. El nombre (hábitat, lugar) se supone que es un recordatorio de cómo todas nuestras interacciones y comportamientos van a estar inevitablemente influenciados por nuestras experiencias, entendidas estas como personales o colectivas.  Si bien se utiliza ampliamente en el contexto de las organizaciones, Stephen Atsou (uno de los conferenciantes, y el único que habló de este modelo) nos quiso hacer ver los cinco dominios incluidos en él no son más que  el conetxto en el que se desarrolla el proceso de enseñanza-aprendizaje en entornos virtuales. Por mi parte, creo que merece darle una vuelta y ver sus aplicaciones.

2) Living Labs. Esto me sonaba un poco más, pero tampoco tenía muy claro lo que era. Por lo que llevo leyendo, sería algo así como un enfoque empleado en la investigación, el desarrollo y la innovación. Lo más innovador de todo esto sería la inlcusión de los usuarios, involucrados de esta manera en todas las etapas del proceso de creación, y no solo como objeto de estudio. Una pena no haberme interesado antes acerca de esto, porque da la casualidad que a lo largo de este año, en distintos meses, se han celebrado encuentros, jornadas  y conferencias en Madrid sobre esto mismo…

3) Open Apps de la Uoc, que como ellos mismos dicen en su página de inicio supone la creación de un entorno abierto que recoja las principales aplicaciones, recursos y otras soluciones desarrolladas (…) y destinados a usos de docentes y de mejora de la gestión. La parte que más me llama más la atención de todo esto es la posibilidad de compartir con otros profes lo que hacen y cómo les funciona. Por el momento, hay una aplicación que me interesa, Tandem, una herramienta que conecta a dos estudiantes en línea y que sirve para el aprendizaje de lenguas. Tienes dos opciones, probar la aplicación desde el campus de la UOC con un usuario de demostración y, por otro lado, descargarte la aplicación. Vamos a ver cómo funciona.

Facebook sí, Facebook no. Privacidad frente a apertura.

Como usuaria, siempre me llamó la atención desde el principio el éxito y la penetración de Facebook como red social. En mi caso, mi llegada a fines de 2007 se produjo en un momento en el que estaba lejos de la mayoría de mis amigos, familia, etc., mientras intentaba hacerme un hueco en el lugar en el que vivía, donde parecía imprescindible formar parte de Facebook para tener algo de vida social. Entonces, aunque no lo sabía, formaba parte ya de una comunidad, en la que existía un vínculo y una conexión (en algunos casos más fuerte, en otras más débil) entre cada uno de sus miembros. Claro, empecé a percibir muchas más cosas. Interactuar en ella me permitía conversar, debatir, dialogar, relacionarme, compartir y, por supuesto, aprender de un flujo de información constante al que de repente tenía acceso.

Probablemente sea esta la característica más importante respecto a esta y otras redes sociales: el hecho de que funcionen como una plataforma en la que el contenido es creado, editado y distribuido por nosotros mismos, los usuarios, con la única retribución de mantenernos en contacto, de sentirnos conectados. En este sentido, ejemplifica mejor que ninguna otra red social, gracias a su popularidad, el concepto acuñado por Henry Jenkins de convergencia, o la relación que se establece entre convergencia de medios, cultura participatoria e inteligencia colectiva. La convergencia tiene que ver tanto con el flujo de contenidos, aplicaciones e información entre distintos medios o plataformas, como con la que se produce en las mentes de los usuarios a través de nuestras interacciones sociales con otros. ¿Qué quiere decir exactamente esto? Si antes era un pequeño grupo de profesionales quien creaba el contenido que el resto consumíamos, ahora somos todos, usuarios amateurs, no profesionales, quienes producimos y compartimos lo que nos interesa, expandiendo con ello no solo la información sino el conocimiento.

Este cambio de paradigma tiene implicaciones evidentes en la forma de abordar el aprendizaje. Recordemos las palabras de Marc Prensky cuando afirma que deberíamos centrarnos en enseñar en nuestras aulas lo real, frente a lo relevante. Y lo real significa entender y asumir entre otras cosas que la tecnología y las herramientas de comunicación como Facebook pueden ser por un lado un acicate para la creatividad y el aprendizaje y, por otro lado, permiten situar en una misma posición de importancia a estudiantes y profesores. En defintiva, conseguir que relacionen lo que enseñamos con su habilidad para emplear con éxito ese conocimiento en el mundo real, fuera de las aulas. Esto no significa desvalorizar el papel del docente en el proceso de enseñanza-aprendizaje, pero sí la asunción de un cambio profundo y dramático en nuestras tareas y funciones, relacionado sin duda con la irrupción del papel de los aprendizajes en contextos informales. El aprendizaje informal tiene lugar en cualquier sitio y momento. No está prescrito por ningún programa o currículo. No hay evaluaciones ni certificados que lo documenten. Se produce a través de la observación, de la experiencia, de la conversación con amigos, compañeros, etc. Tiene en gran consideración el elemento social: se aprende actuando, interactuando con los que nos rodean y con nuestro entorno. Es decir, lo que hacen a diario nuestros estudiantes, seres permanentemente conectados.

¿Todo es positivo? Probablemente el que haya sido siempre el talón de Aquiles de Facebook sea una peculiar relación con la privacidad, que emanaba directamente de la filosofía que ha parecido dominar en muchas ocasiones cada uno de sus pasos: una transparencia total y absoluta. Filosofía que daba a entender que debía existir una relación coherente entre lo que se hace en nuestra “vida real” y lo que se dice o cuelga en el muro de nuestro perfil de Facebook. Sí, navegar en Internet, las consultas a través de Google, las actualizaciones de estado en Facebook no son actividades anónimas. Como usuarios tenéis derechos, pero también responsabilidades, parecían decirnos. En este sentido, podemos decir que la tecnología ha transformado el concepto tradicional de esfera privada, al permitirnos gestionar nuestra presencia en la red, nuestras comunicaciones, nuestra manera de presentarnos ante el mundo. Sin embargo, esta posición se ha visto en cierta manera desacreditada con el nacimiento de redes sociales como Google +, más respetuosa, flexible y, de algún modo, adulta respecto al concepto de privacidad. De esta manera, a partir del verano de 2011 (aunque no era la primera vez que se hacían cambios en esta dirección, sí ha sido una de las más importantes) empezaron a permitirse cosas que hasta el momento no podíamos llevar a cabo en nuestros perfiles: 1) seleccionar con quién compartimos la información que vamos publicando en nuestro muro, en lugar de hacerlo con todo el mundo; 2) aceptar o rechazar el etiquetado (las famosas tags) que otros usuarios hagan de nosotros en una foto; 3) comprobar cómo ven nuestro perfil otros usuarios; 4) en caso de habernos equivocado al asignar una actualización de estado a un grupo o amigos concretos, modificar quién puede verlo después de haber sido publicado; 5) etiquetar a personas, grupos, páginas, aunque no formen parte de nuestros contactos de Facebook, ya que ellos a su vez tienen la posibilidad de aceptar o rechazar ese etiquetado.

Llama la atención, en cualquier caso, cómo algunos de los principales inconvenientes asociados a Facebook en relación a su uso con estudiantes sea precisamente la falta de privacidad. Si bien es cierto que gestionar nuestro perfil ha podido resultar en ocasiones complicado, y no alejado de polémicas, la configuración de la privacidad de los grupos ha sido siempre bastante más clara y sencilla, al permitir elegir quién puede ver el grupo y lo que los miembros del mismo van publicando en él. Son tres las opciones de visibilidad: 1) grupos abiertos, en los que cualquier usuario de Facebook puede ver el contenido y pedir unirse a él; 2) grupos cerrados, en los que los usuarios de Facebook pueden ver el nombre y quién pertenece a él, pero no sus publicaciones. Asimismo, solo podrán ser miembros de ese grupo al ser aprobada su solicitud; y 3) grupos secretos, grupos que ni aparecen en los resultados de las búsquedas, ni permiten a los no miembros ver el nombre del mismo o la lista de los que pertenecen a él.

Lo cierto es que yo no recomendaría organizar una clase, un curso, un grupo de alumnos, a través del perfil personal del profesor o profesora, para evitar difuminar las barreras entre vida profesional y personal, pero sí a través de un grupo o incluso de una página . Sí, las páginas son abiertas y por tanto el contenido de la misma disponible para todos y cada uno de los usuarios de Facebook. ¿Puede ser esto un problema? Generalmente, cuando hablamos de redes sociales hay determinadas acciones que nos vienen inmediatamente a la cabeza: relacionarse, conectar, intimar, comunicar, investigar, aprender, divertirse… y dos de las que considero más importantes, compartir y colaborar. Me pregunto si en estos momentos tiene sentido encerrar a nuestros estudiantes en entornos de aprendizaje cerrados, como puede ser el de plataformas de aprendizaje tipo Moodle, WebCt, etc., en lugar de abrirles a espacios conocidos, familiares, populares y de fácil acceso. Tal vez este sea el reto que podamos plantearnos para el futuro más cercano los docentes.

El futuro será… audiovisual

Como dije hace unos días, estoy intentando ponerme al día con algunos de los ensayos publicados por Prensky en From Digital Natives to Digital Wisdom. La verdad es que no es él el único en hablar de cambio de paradigma y la primacía de lo (audio)visual sobre otras formas de fijar y transmitir el conocimiento, pero me pregunto si esto es del todo cierto. Bueno, en su caso el cambio de paradigma implica la importancia y crecimiento de Youtube. Creo que todos o casi todos los profesores de lenguas estaremos de acuerdo en incluir esta herramienta como clave para el aprendizaje, y de hecho hay canales específicos para la enseñanza, como TeacherTube y Schooltube, pero creo que Prensky va un poco más lejos al afirmar que como educadores no deberíamos aferrarnos a la idea de conseguir hacer de nuestros estudiantes personas letradas, en el sentido tradicional de lectura y escritura, sino entender y asumir que esa guerra ya está perdida. No nos echemos todavía las manos a la cabeza, aunque a mí sí que se me erizan un poco los pelos de la nuca. Vale, si la mayoría de gente encuentra difícil comunicarse por escrito e incluso leer con competencia determinado tipo de textos, pero sin embargo pueden acceder fácilmente a vídeos cortos en los que se les dé explicaciones e instrucciones sobre diversidad de temas, se les cuente historias, etc., ¿no sería conveniente darles la importancia que realmente tienen? Aporta datos que desde mi punto de vista apoyan lo que dice: un porcentaje de aproximadamente un 40% de estadounidenses podrían ser considerados como “analfabetos funcionales”, pero consiguen comunicarse e incluso informarse a través de medios como Youtube. Es decir, que los intentos por instruir a una parte considerable de los que acceden a la educación primaria y secundaria no tienen los resultados deseables, y encima una vez que abandonan los estudios es casi imposible hacer de ellos lectores y escritores habituales. Tal vez esté contaminada. Yo soy profesora, y vivo rodeada de profesores y de gente que lee y escribe (en blogs, redes sociales, sms, chats, mails, etc.) mucho, muchísimo. Me cuesta describir el presente como audiovisual, al menos en contextos escolares y académicos, porque no es así. Los estudiantes escriben y leen textos escritos, mayoritariamente; en consecuencia, nosotros escribimos, leemos y corregimos textos escritos. Pero la realidad parece, sí, audiovisual. No hay que ver cómo interactúan con los medios los niños y adolescentes de los que nos rodeamos. ¿Cuántos quieren pasar horas y horas, como nosotros de pequeños, frente a la tele? ¿Cuántas horas, sin embargo, buscan, graban, suben, investigan… vídeos en Youtube? En cualquier caso, el lenguaje ha sido siempre multimodal, en el sentido de que además de con la palabra escrita, nos hemos comunicado con imágenes, sonidos, etc., por lo que la novedad en realidad tiene que ver más con un uso exhaustivo y dominante de los elementos audiovisuales.

Mesa redonda en Eoi sobre lengua digital e industria

 

Ayer fui a una mesa redonda en EOI donde se hablaba precisamente de eso, de la lengua digital y, en principio, las inmensas posibilidades de negocio, de conocimiento, que un momento como este propicia. No es por nada, no suelen abundar las conferencias en las que, aunque sea de manera tímida, se nos diga a filólogos y lingüsitas que sí, que claro que se puede y debe hacer negocio con nuestros conocimientos, que los informáticos son muy buenos comunicándose con las máquinas pero que somos nosotros los que tenemos que encargarnos de estudiar, describir… la lengua. En fin, me reafirma en mi pensamiento de que tal como están las cosas si no tenemos el trabajo que queremos (porque no existe, porque no parece interesar, etc.), tendremos que crearlo nosotros.

Bueno, durante la primera parte de la charla, se abordó el paso del papel al mundo digital, ese que da tanto miedo a algunos. El ponente, José Manuel Lucía Megías, recordaba el gran salto de la oralidad a la escritura, el miedo del momento a la pérdida de interacción que se producía con el texto escrito, y cómo gracias al texto digital encontramos de nuevo elementos perdidos durante muchos siglos. En concreto, la posibilidad de rescatar la oralidad e interacción con aquellos que nos leen. Por otro lado, también se habló de las voces críticas contra la tecnología que a partir del siglo XV permitió el crecimiento y desarrollo de la industria del libro, una industria que en lo fundamental no presenta muchas diferencias con la actual. Es decir, para ambas su centro de atención es la producción de objetos, los libros, y parece que ese es el motivo por el que en general lo que se enfrenta es el mundo de los libros en papel y los dispositivos, en lugar de centrar el debate en el cambio que se está produciendo en los medios de difusión, que son muchos y muy variados. El segundo ponente, Luis González Martín, se centró más en el papel de los lectores como sujetos que realizan un ejercicio de curiosidad. Está claro que este papel no cambia, independientemente del medio que utilicemos, pero la lectura digital implica un carácter más socializador. La lectura no es tan solitaria, se comparte. El libro ya no es un objeto cerrado y casi sagrado. Los lectores no solo leen textos, sino que también deben interpretar imágenes. También hubo espacio para los profes de español. Daniel Escandell nos habló de redes sociales dedicadas a la enseñanza de lenguas (bueno, ya sabéis, Babbel, Livemocha, Babelyou…), de la integración de las nuevas tecnologías en el aula, la asencia de material en ELE que tenga en cuenta de manera consecuente los cambios que se están produciendo… Me pareció un poco difusa la intervención, pero reconozco que si te dedicas a dar clases de español, te interesan las nuevas tecnologías e investigas sobre eso, pues claro, cualquier cosa te sabrá a poco. La parte del final, sobre computación, muy interesante, aunque eran tantas las ideas que dejé de apuntar y me quedé con algo que me llamó mucho la atención y en lo que nunca había pensado: ¡la rigidez de la Wikipedia!, en el sentido de que son entradas en principio dirigidas a un mismo tipo de usuario, y en las que no se tiene en cuenta el nivel de dificultad o conocimientos del que las lee. ¿Imagináis una Wikipedia para niños?

No lo he dicho antes, pero me gustaría mencionarlo. Las personas organizadores del evento son del Molino de ideas, gente a la que creo merece seguir la pista, porque están haciendo cosas interesantes.