¿Cómo saber lo que saben los estudiantes?

Si me habéis leído un poco sabréis que… estoy obsesionada con la evaluación. Vale, tanto como obsesionada no, pero sí me interesa mucho. Como el semestre pasado, en el curso de formación que di en la UCM puede trabajar varias sesiones sobre la importancia de la evaluación, las fases, ejercicios que podemos llevar a cabo, etc., he aprovechado algunas de las cosas que preparé con mis alumnos de español de los cursos de este verano.

Estas tres primeras las he sacado del libro de Encina Alonso, Soy profesor/a. Aprender a enseñar. Las dos primeras están  clasificadas como ejercicios de preevaluación, mientras que la segunda sería un ejercicio de intraevaluación, pero lo cierto es que creo que todas bien pueden ser utilizadas como preevaluación e intraevaluación.

  1. Semáforo. Lo que hago en este caso es mostrarlos en una diapositiva de PP lo que significa cada color, y repartirles tres tipos de pequeñas tarjetas de cartulina de color rojo, verde y amarillo. Y voy mostrando las preguntas, también en una diapositiva. Captura de pantalla 2016-08-26 a las 16.00.13.png

2. El hexágono, aunque en mi caso siempre lo he hecho como pentágono. Claro, con mis alumnos de español preparé en el PP una serie de preguntas relacionados con los contenidos que vimos durante la semana, de manera que pudiera tener una idea de las cosas que ellos consideraban hacían mejor o tenían que mejorar.

Captura de pantalla 2016-08-26 a las 16.05.54.png

3. ¡Pulgares arriba!

Captura de pantalla 2016-08-26 a las 16.09.30.png4. La carrera del español. Sé que la he adaptado de algún libro, pero soy incapaz de recordar ahora cuál. Suelo utilizar actividades con un poco de movimiento también para revisar el contenido y, de nuevo, tener un poco claro qué cosas son fáciles para ellos o en lo que necesito insistir más. Organizo la clase de manera que podamos tener espacio para dos sillas: en una de ellas cuelgo un cartel con la palabra verdadero” y en la otra “falso”. Les organizo en dos equipos y les digo que vamos a participar en una competición en la que tenemos que demostrar nuestros conocimientos. Les explico que voy a leer una serie de frases con explicaciones de reglas gramaticales, definiciones de palabras, vocabulario, etc., y que ellos tienen que pensar si son verdaderas o falsas. Preparo un número de frases acorde con el número de alumnos de la clase. Si son 20 por ejemplo, 10 frases para que puedan responder cada miembro del equipo. Si son menos, a lo mejor pueden responder más… Doy a cada persona de los diferentes equipos un número, de manera que salen los números uno a decidir si la frase que escuchan es, en su opinión, como digo, verdadera o falsa. La primera persona que consigue sentarse en la silla gana el punto, pero solo si sabe explicar por qué piensa que es correcta su opción. Normalmente, es el tipo de ejercicio que aprovecho para dar como premio a los vencedores algún dulce o caramelo.

5. Nos podemos sentar si… Es otro de estos ejercicios de movimiento que seguro que utilizáis también. Yo normalmente lo hago antes de comenzar una lección, para averiguar si han trabajado antes el contenido que veremos.

  • Nos podemos sentar si conocemos las formas del Pretérito Indefinido. 
  • Nos podemos sentar si conocemos cómo utilizar las formas del Pretérito Indefinido e Imperfecto en un relato.

6. Ovillo de lana. La primera vez que experimenté una actividad con un ovillo de lana fue en un encuentro de profes en un taller sobre la evaluación. Luego, con el tiempo, descubrí que es un ejercicio que se suele dar con frecuencia en el trabajo cooperativo, encaminado a promover la interacción en el aula y la expresión oral. Podemos lanzar una o varias preguntas relacionadas con el contenido que hemos visto recientemente. El alumno que empieza la conversación sostiene todo el tiempo el hilo de un ovillo de lana. Cuando cede la palabra a un compañero/a, le da también el ovillo, y así sucesivamente. La persona que habla debe aguantar siempre el ovillo, de esta manera, el hilo de lana sigue todas las intervenciones y, cuando acaba la conversación, podemos analizar cómo se ha desarrollado, quién ha intervenido más, y quién lo ha hecho menos veces, a quién se ha dirigido, etc. Me ha servido también con grupos especialmente parlanchines, poco propensos a ceder generosamente los turnos de palabras. El ovillo parecía que les dabas seguridad a los estudiantes más tímidos, y los que hablaban más si querían participar tenían que pedir la palabra y esperar a que terminara la intervención del compañero/a anterior.

7. Me gustan mucho también los de hacerles dibujar caritas ;(, sus emoticonos, elegir entre distintas pegatinas, para expresar cómo se sienten respecto a su aprendizaje y las cosas que conocen. Empecé a hacer cosas de estas cuando vi el material que sobre la evaluación proponían en Gente Joven (manuales dirigidos a adolescentes), y desde entonces los he incorporado a mi práctica.

8. Kahoot!/Quizlet. He de confesar que estoy cansada de Kahoot, y solo lo he utilizado cuatro veces. Me da la impresión de que pasado el efecto sorpresa, que pueden usar el teléfono para concursar con sus compañeros en la clase, no hay mucho más, no es una herramienta a la que se le pueda sacar mucho más provecho. Tal vez la haya cogido manía porque es de esas cosas que de repente las hace todo el mundo y parece que te va a salvar la clase. En fin, estaba pensando en eso esta semana cuando me llegó un mail de Quizlet Live, con enlaces de profes que lo usaban en la clase, y pensé que podría servir como alternativa a Kahoot. Aquí una profe de español en EE.UU. explica cómo lo usa y las posibilidades que tiene para observar el progreso de los estudiantes, aunque sí, las opciones más avanzadas son de pago.

9. Delicioso/Estoy digiriéndolo/Demasiado picante. En un curso de formación de formadores del Cervantes que hice ya hace algunos años el día final del curso nos propusieron un ejercicio de evaluación del curso que me gustó mucho. En este caso relacionaron la evaluación con la comida, y dibujaron distintas ollas en A3 colocados en distintos espacios del aula: la primera era la olla deliciosa, que teníamos que completar con las cosas que más nos habían gustado del curso; la segunda las cosas que estábamos digiriendo; y la última, la que en nuestra opinión estaba demasiado picante. Como metáfora de lo que es una clase de lenguas me encantó y la utilizo de vez en cuando en mis cursos. A veces unos días antes del final, como hicieron los tutores de mi curso, para tener una idea general de cómo se han sentido los estudiantes durante el mismo; otras, en distintos momentos, incidiendo en aquellos aspectos que les están costando más y que probablemente necesiten ser retomados en el futuro.

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